Amor, amistad y moteles

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En Colombia adoramos los festivos, independientemente de que su origen sea religioso o patriótico. A los colombianos nos gustan los lunes de fiesta, las ferias, la rumba y el jolgorio. Puede que por eso existan tantos festivos en nuestro calendario, 18 para este año, cifra que solo es igualada por India, país con el que nos ubicamos en el top de las naciones con más feriados en el mundo. Existen meses en los que tenemos dos y hasta tres festivos seguidos, pero también hay otros en los que no hay festividad, regularmente febrero y septiembre. No todo puede ser descanso.

Pese a que septiembre no tiene días de fiesta, incluye una celebración importante para muchos colombianos y es el día del amor y la amistad —una versión latina del día de San Valentín—, que a su vez coincide con la primera quincena del mes, por lo que la celebración es casi que garantizada. Así, se convierte en una fecha relevante para el comercio nacional, como bien lo demostró una encuesta realizada por Fenalco en 2013. Se disparan las ventas de todo tipo de productos, aunque los chocolates siguen siendo los favoritos de los colombianos, muy seguramente por ajustarse a los distintos presupuestos. Las cenas románticas y los viajes también aparecen en la encuesta, así como compra de ropa, flores o bisutería, sin embargo, hay un factor importante a nivel comercial que no se tuvo en cuenta en el estudio: los moteles.

Estos lugares pueden llegar a ser más populares que cualquier otro sitio en una noche de amor y amistad, ya que es donde suelen terminar las celebraciones de muchos, pero es más difícil medir la asistencia de público porque básicamente este país sigue siendo muy mojigato para aceptar que asiste con regularidad a dichos establecimientos. Así las cosas, las siguientes apreciaciones carecen de rigor científico y obedecen a observaciones hechas en tiempos de ocio de quien escribe junto a un grupo no despreciable de amigos, igual o peor de ociosos.

Hecha la salvedad, puntualicemos que nos concentraremos en la ciudad de Cali para realizar este análisis, siendo el objetivo de observación más por comodidad geográfica que por otra cosa. Cali es una ciudad rumbera por excelencia, y últimamente también motelera. Basta hacer un recorrido por la autopista sur-oriental o por la tradicional calle 5a (la misma de la canción) para certificarlo, pues se pueden encontrar moteles de todo tipo: desde los más elegantes y discretos, con parqueadero privado, jacuzzi, televisión HD y terraza; hasta esos que por su particularidad se han convertido en un ícono de la cultura caleña como Condoricosas y su particular fachada, o Kissme y su réplica de la Venus de Milo en tamaño colosal.

También los hay algo menos elegantes, de los que tienen una especie de cortina a la entrada, pero que realmente no alcanza a cubrir la placa del vehículo que se encuentra dentro. Esos que impulsan en algún semáforo con tarjetas que hacen las veces de bonos promocionales. La idea del motel se ha ido transformando con el paso de los años: dejó de ser el lugar usado por infieles para sucumbir a sus sórdidas pasiones, para convertirse en el sitio perfecto de celebración del amor, incluso del legal y socialmente aceptado.

Y es que el ambiente del motel otorga un aire de picardía al encuentro sexual de muchas parejas que no consiguen estos espacios por la monotonía, los hijos o las ocupaciones en sus propios hogares; adicional a esto, la gama de servicios adicionales que ofrecen estos lugares dada la fecha de amor y amistad abre todo un mundo de posibilidades con sillas, juguetes y hasta columpios del amor. Eso sí, le recomiendo que, si no está seguro del uso adecuado de los mismos, evítelos, no sea que una noche de amor termine en la sala de urgencias de algún hospital.

Ahora, si usted desea culminar una noche de amor y amistad con broche de oro, puede reservar la habitación y pedir que la decoren a su gusto, con champaña incluida, rosas y globos, incluso cubrir una fantasía mutua. Si no está seguro del motel ideal, puede entrar a los sitios web que estos manejan, donde seguro encuentra una galería de las diferentes suites disponibles, las decoraciones o temáticas que pueden ofrecerle y, por supuesto, los precios. Así quedan atrás esos días de sentir vergüenza por preguntar referencias de estos lugares, o enrojecer al solicitar al taxista que se dirija allí. Tal vez siga incomodando encontrarse a alguien en el ascensor o en el parqueadero, pero ya hemos avanzado en algo.

Por: Sara L. Grillo M.

Twitter: @sarilla1004

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