¿Cómo se volvieron virales las noticias falsas?

681


Más allá de las malas intenciones, una historia creíble es que estas se volvieron virales como resultado de la globalización de la información y del fin del oligopolio anglosajón de los medios de comunicación desde hace dos décadas, donde muchos intereses tanto geopolíticos como económicos ahora entran en conflicto. Si esto es cierto, entonces el futuro que se vislumbra es desafortunado: no estamos lejos de experimentar el fin de la era informacional.

Por: Jairo F. Gudiño R.*

Twitter: @ElMalEconomista @JFernandoGRE

Facebook: ElMalEconomista

Instagram: @ElMalEconomista

Una de las dimensiones de la creciente interconexión del mundo actual es la globalización de la información, y con ella, la difusión cada vez más rápida de noticias que pueden ser falsas o verdaderas. Es difícil distinguirlas con ojos incautos. Hay tanta información y competencia por informar que estamos expuestos al riesgo de creer en lo que leemos sin examinar cuidadosamente la veracidad de las fuentes, al riesgo de creer en todo lo que dicen los líderes políticos y al riesgo de creer solo en noticias u opiniones que refuerzan o están de acuerdo con nuestras percepciones. Las noticias falsas hacen que el exceso de información sea fuente de incertidumbre y amenaza existencial al orden social. Y si algo queremos hacer, tenemos que entender primero cómo se volvieron virales.

¿Cómo se volvieron virales las noticias falsas? Esto es lo que se intenta responder aquí siguiendo al economista Branko Milanović, quien afirma que lo que conocemos hoy en día como noticias falsas es el resultado de la globalización de la información creada por la Internet y del fin del monopolio de los grandes medios de comunicación ingleses y estadounidenses (Milanović, 2018). La historia que él cuenta se presenta dividida en cinco fases, aquí explicadas una por una.

La historia

Fase I: El oligopolio de la información en Occidente (1949-1989)

Durante la Guerra Fría los grandes medios como la BBC de Londres –y después CNN– eran predominantemente anglosajones y proveían gran parte de las noticias en Occidente, con la habilidad de tener alto impacto debido a la difusión del idioma inglés, al alto reconocimiento que tenían debido a la calidad de las noticias y a la cantidad de recursos para obtener información de múltiples países.

Estos aspectos fueron determinantes para hacer frente a la amenaza que suponía cualquier Gobierno no-aliado o comunista (países como la Unión Soviética, China o Albania), que utilizaban estaciones de radio de corto alcance y propaganda poco creíble. No existía, además, una competencia fuerte con medios locales en los países del “segundo mundo”, y tenían la capacidad de movilizar opiniones de un ciudadano de Argentina, Sudáfrica, Indonesia o Australia hacia distintos intereses políticos y económicos.

Fase II: La expansión del oligopolio (1990-2001)

Con los procesos de liberalización económica que resultaron de la caída del comunismo soviético el alcance de los grandes medios de comunicación occidentales se amplió aún más con la instalación de estaciones de radio y TV en todo el mundo. Las decisiones que se tomaban en Washington, París o Bruselas se escuchaban ahora en muchos más países que antes y en distintos idiomas.

Fase III: La aparición creciente de medios locales (2001-2011)

La luna de miel de los grandes medios de comunicación occidentales terminó en los inicios del presente siglo, debido a que:

  • Estados Unidos dejó de ser la única potencia militar y económica relevante, como se veía en los años noventa. China, India y Rusia empezaron a adquirir importancia global, y con ello la difusión de información desde nuevos frentes.
  • La Internet y las mejoras en el campo de las telecomunicaciones hizo que los medios locales de países no desarrollados lograran difundir información con mayor alcance, frenando la competencia de los grandes medios occidentales. Se dieron cuenta de que también podían transmitir información por su cuenta.

Como resultado de estos dos aspectos, las telenovelas y series producidas en América Latina, Turquía e India (como “Betty La Fea”) se volvieron más conocidas en Europa, Al-Jazeera logró una mayor cobertura en el mundo árabe y las películas producidas en Bollywood lograron más audiencia en Asia. La cobertura de la quiebra de Lehman Brothers y la primavera árabe ya no estaba en manos de los medios más reconocidos, sino en la de muchos medios.

Fase IV: El desafío a los grandes medios occidentales (2012-Actualidad)

El éxito de los medios locales de países no desarrollados fue tan fuerte que empezaron a incursionar en distintos países e idiomas, como lo refleja la aparición de Al-Jazeera-US, Russia Today, CCTV, NTN24 y muchos otros. Ahora los medios pequeños y medianos crearían historias de Norteamérica, y no solo al revés. Y más aún, no necesariamente historias favorables.

De manera más clara desde la aparición de WikiLeaks, distintos blogs y diarios pequeños empezaron a ser conocidos entre las grandes audiencias y ser influyentes en grandes decisiones, convirtiéndose incluso en alternativas a los medios locales. El rol que tuvieron los correos difundidos por esta última organización durante la época de elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 fue importante para inclinar la balanza a favor de Donald Trump.

Y en medio de esta competencia de fuentes alternativas a las tradicionales aparecieron recientemente los portales de noticias falsas: utilizando el formato de agencias de noticias alternativas o incluso oficiales, estos portales difunden historias artificiales con intenciones políticas o incitación al odio. No solamente son usadas por Gobiernos que tienen intereses en Occidente, sino por movimientos políticos dentro de Occidente mismo. La atractividad de estas noticias reside en que:

  • Refuerzan opiniones o prejuicios de índole político o económico, de manera que son bien recibidas por lectores incautos (Lazer et al., 2018). Se adaptan mejor a movimientos políticos extremistas.
  • Tienen un estilo más informal y corto que las difundidas por los grandes medios. El hecho de que causan rápidamente indignación y que pueden leerse en menos de dos minutos hace que muchas personas se sientan atraídas.
  • Parten de hechos que no son fácilmente comprobables y por lo tanto siembran ansiedad o duda. La habilidad en generar información contradictoria es uno de sus fuertes.
  • Pueden ser reproducidas fácilmente por algoritmos o robots que buscan posicionar ciertas tendencias. La globalización de la información ha hecho que mediante estas ayudas sea más sencillo influir en las elecciones de un país desde otro: se pueden crear noticias falsas de Estados Unidos desde Macedonia, de México desde Rusia, de Italia desde Estados Unidos, etc.

¿El fin de la era informacional?

No existe todavía una solución poderosa y definitiva al problema de las noticias falsas, y el recuento anterior debería ayudarnos a dar luces: la competencia excesiva puede crear inestabilidad. No todo es tecnológico: los algoritmos que permiten detectar y eliminar noticias falsas pueden ser utilizados también para esquivar controles. Es también difícil, sino imposible, detectar los autores de estas noticias.

Si la anterior historia es válida, si los lectores en general no evalúan críticamente lo que leen y si ninguna solución tecnológica es posible, el futuro de lo que conocemos hoy en día como información es incierto. El sueño de un mundo con información perfecta y objetiva sería declarado irrealizable. Ante la gran cantidad de noticias falsas llegaríamos a creer solo en quienes son de nuestra confianza; volveríamos a la era de la censura; no nos interesaría lo que pase en otros países y no nos interesaría saber si algo es estrictamente comprobable o no. Estaríamos de nuevo en el mundo antes de la Primera Guerra Mundial. O es posible que para ese entonces ya estemos en otra era, menos interconectada y desafortunadamente menos democrática.

*Analista.

Bibliografía

Lazer, D., Baum, M., Benkler, Y., Berinsky, A., Greenhill, K., Menczer, F., Metzger, M., Nyhan, B., Pennycook, G., Rothschild, D., Schudson, M., Sloman, S., Sunstein, C., Thornson, E., Watts, D. & Zittrain, J., (2018). “The Science of Fake News”, Science, 39 (6380), Policy Forum. Recuperado de http://science.sciencemag.org/content/sci/359/6380/1094.full.pdf.

Milanović, B. (2018). ““Fake News”: Reaction to the End of the Monopoly on the Narrative”. Global Inequality. Recuperado de http://glineq.blogspot.com.co/2018/02/fake-news-reaction-to-end-of-monopoly.html.

 

comments icon 1 comentarios
bookmark icon

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *