Crónica de un lunes de café

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Este tipo de espacios no solo generan una especie de retroalimentación social, también proveen una oportunidad para que propios y extraños de la sultana se aventuren a dejar de lado los prejuicios que oprimen el día a día para conocer y dejarse conocer, para hablar con respeto, alegría o curiosidad, haciendo de una sala de café una pequeña sucursal del cielo.

Por: Sara Grillo M.

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Vacilé un poco para atreverme a ir. Romper mis rutinas ha sido una labor que me ha costado, sin embargo, me he propuesto hacer al menos una cosa extraordinaria a la semana con el fin de abrir mis perspectivas y aprender un poco más de todo. Así pues, el lunes era el día perfecto para empezar con tal propósito. Llegué a la cita algo temprano, la caminata hasta el Bendito Coffee Shop fue relativamente corta desde mi lugar de trabajo; con algo de timidez entré y saludé a un par de chicas que conversaban en un sofá del sitio.

La clave era sencilla para identificar a los demás asistentes del experimento social: bastaba con preguntar “¿Lunes de café?” y las caras se iluminaban al instante. Una sonrisa amplia a modo de invitación, para finalizar con un sencillo pero cálido . Mientras terminaba de acomodarme y de saludar, me entretuve con la decoración del sitio: una bicicleta clásica colgada de un extremo del techo, frases alusivas al café o a los libros, unas bibliotecas improvisadas aquí y allá, una tostadora artesanal de café, velas decorativas, así como muchas luces pequeñas, que pretendían imitar estrellas, colgando del cielo raso; todo ello ambientado por una mezcla musical de jazz más que adecuada.

Nuestro anfitrión se retrasó un poco, pero nos dio tiempo a los nuevos y veteranos de socializar; aquellos con más cancha nos fueron empapando sobre las experiencias anteriores a quienes, medio tímidos, habíamos llegado por vez primera, y de cómo después de varios lunes ya se consideran un pintoresco grupo de amigos. Cristian Fraga, el autor intelectual de la reunión, es un ipialeño caleñizado, creador y contador de historias, con años de experiencia en diferentes escenarios como la loma de San Antonio, donde usualmente se lo puede encontrar los fines de semana junto a su compañero de fórmula de la organización Santa Palabra, Jhohann Castellanos.

Fuente: Facebook de Cristian Fraga
Fuente: Facebook de Cristian Fraga

La idea de este sociólogo fue “resignificar los lunes”, muy desprestigiados por la mayoría de las personas, y qué mejor forma de cambiar la perspectiva que con un buen café. Gracias a su profesión, así como a un natural desparpajo y sencillez, Fraga es un conversador de los buenos, por lo que la charla va desde el sistema de transporte de las ciudades que todos conocemos, hasta anécdotas de noches bohemias, pasando por una que otra historia de nostalgia con la que alguien decide participar. Todos aportan de forma entusiasta después de poco más de veinte minutos.

Este tipo de espacios no solo generan una especie de retroalimentación social, también proveen una oportunidad para que propios y extraños de la sultana se aventuren a dejar de lado los prejuicios que oprimen el día a día para conocer y dejarse conocer, para hablar con respeto, alegría o curiosidad, haciendo de una sala de café una pequeña sucursal del cielo. Pero no solo hay lunes de café para cambiar la rutina, estos aventureros de las letras se han apropiado de varios escenarios, inventando historias que narran con pasión, amor, humor y con las que además promueven una costumbre en desuso con la ola tecnológica: leer.

Se inventaron hace un año los jueves de cuentos, libros y música. A través de actividades creativas como subastas de libros, han involucrado a su público en el universo intenso y maravilloso de la lectura, compartiendo cual tesoro una suerte de biografía narrada de los autores o apartes de las obras con una emoción contagiosa, de la que niños, jóvenes y mayores se van llenando, que no respeta estrato, en la que vale la pena participar.

Como han de ser versátiles para atrapar la audiencia, estos chicos usaron hasta el año pasado el espacio de los jueves para compartir con el público algunas propuestas musicales. Estas no suelen ser comerciales, pero sí muy ricas, con las que los asistentes incluso conocen talento local. Quienes tuvimos la suerte de participar en este espacio esperamos que pueda activarse de nuevo, no importa el lugar, lo que realmente se desea es que esta actividad maravillosa no se quede solo en un buen recuerdo.

Lo realmente valioso de este tipo de proyectos es que les imprimen un valor diferente a cosas sencillas, tan simples como la interacción social, la comunicación entre iguales, degradada en estos tiempos de avance tecnológico. La invitación no solo es a conocer lugares tradicionales de la ciudad o a escuchar cuentos, también es a tomar conciencia sobre diferentes temas que nos tocan a todos, que dejamos pasar, olvidamos o toleramos casi con indiferencia, y a las que se debe dar otro enfoque.

Tomada de Pixabay
Tomada de Pixabay

La apuesta de romper la cotidianidad es una pequeña batalla que van ganando estos guerreros de las palabras, defendiendo valientemente el derecho de expresarse mirando a los ojos, contagiando emociones a través de cambios de voces, gesticulaciones, improvisando frases a ritmo de rap o jugando. Y así sacan su niño interno, gozan y logran que sus espectadores se aventuren en un mundo donde la imaginación es la única herramienta necesaria para tener un momento de felicidad, en medio de la cotidianidad amarga que a veces puede rodear nuestra existencia.

Esto es una revolución de las pequeñas cosas, esas que agregan valor a los días grises, con las que poco a poco, si todos las ejecutamos, se podría transformar un entorno cargado de estrés y tensión por uno lleno de carcajadas, espontaneidad, en el que recordemos que vivimos en la sucursal del cielo, un cielo que construimos desde la cotidianidad de nuestros días a partir de los sueños, el trabajo honesto, así como con la esencia festiva que caracteriza a quienes habitan esta bella ciudad.

Una oportunidad de olvidar las contiendas por uno u otro candidato en estas épocas de elecciones, de hacer a un lado las preocupaciones acerca de la inseguridad, la violencia y demás, no para convertirnos en ingenuos felices, más bien en un grupo de optimistas que cree que a través de la imaginación aromatizada por un café se pueden crear lazos reales. Al final, puede que rematemos con empanadas en algún sitio recomendado por uno de los asistentes, o que se programe una salida a bailar buena salsa en la Topa Tolondra. Después de todo, apenas es lunes, lo bueno apenas comienza.

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