Del #MeToo y otras modas

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Hay hombres buenos en el mundo, con sus defectos como cualquier ser humano; la amabilidad no es sinónimo de coquetería ni es una forma solapada de subestimar las capacidades que usted tenga. Recuerde que todos los extremos son malos, así mismo, generalizar es un error que le puede estar impidiendo ampliar su visión del mundo.

Por: Sara Grillo M.

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A lo largo de mis 28 años he tenido todo tipo de pretendientes. Si reviso el ramillete, van desde los más caballeros y delicados a la hora de coquetear, hasta los más directos, que rayan en la pesadez. Creo firmemente en que existe una especie de manual de conquista masculina, con un estándar de frases para abordar una chica: “Eres la mujer 10, como me la recetó el médico”; “¿crees en el amor a primera vista o tengo que volver a pasar?”; “se están cayendo los ángeles del cielo”; “¿tú, tan linda y sola? ¡No puedo creerlo!”. Esas son algunas de entre las muchas otras perlas que hemos escuchado la gran mayoría de mujeres cuando un galán se propone conquistarnos. Por supuesto, los hay más creativos u originales, de todo hay en la viña del señor. También los hay persistentes, esto último puede tomarse como una virtud o como una señal de peligro.

La diferencia en la percepción depende de qué tanto nos guste el candidato: si nos es agradable, a esa persistencia le llamamos interés o perseverancia, pero si, en cambio, nos desagrada, puede ser un intenso o incluso un acosador. Últimamente, la línea que separa a un intenso (en el sentido más inocente de la palabra) de un acosador se ha vuelto peligrosamente delgada. Hoy los ojos del mundo se han vuelto muy agudos a la hora de examinar temas de acoso. A veces, también esa mirada se vuelve muy ligera cuando de emitir juicios se trata.

Puede que la ola de escándalos en Hollywood por el caso Weinstein o el de Kevin Spacey haya abierto la puerta para que muchas víctimas sintieran que por fin podían denunciar, sin que se viera perjudicada su carrera profesional. Esto generó que el mundo tomara una posición solidaria, menos tolerante y activa frente al fenómeno del acoso sexual, más allá de la meca del cine inclusive, a través de una campaña viral denominada #MeToo. Hasta ahí todo muy bien.

Tomada de Pixabay

En la pasada gala de los Globo de Oro volvió a manifestarse este propósito con un inspirador discurso de Oprah, sumado al movimiento Time’s Up, que logró que múltiples estrellas se unieran a la causa al usar trajes negros o en tonos oscuros en señal de solidaridad con las víctimas de acoso sexual. Pero, así como el discurso de la presentadora se hizo viral rápidamente, adhiriendo más voces de apoyo y hasta insinuaciones de una candidatura de esta a la presidencia de los Estados Unidos, también han surgido manifestaciones en contra de lo que algunos llaman puritanismo hollywoodense o de hipocresía, dada la cercana relación que parecía mantener la empresaria con el productor Harvey Weinstein antes de caer en desgracia.

Algunos artistas de talla mundial como la actriz Catherine Deneuve, han llamado la atención sobre el peligro de llevar a un extremo sin retorno el tema del acoso sexual. El argumento de la actriz se basa en que no se puede tildar de acosador a cada hombre que desee abordar a una mujer con intensiones románticas, mucho menos porque hoy es moda decir #MeToo. Los extremos son peligrosos, estamos llegando a una especie de polarización que, si bien ha hecho visibles a miles de víctimas, también pone en entredicho la sinceridad de la industria cinematográfica frente al problema, generando, además, una ola de odio contra el género masculino.

Así pues, de una campaña en contra del acoso y de solidaridad con las víctimas, en algunos casos se pasó a un discurso que plantea a todos los hombres como potenciales abusadores o en condescendientes propios de un sistema hetero-patriarcal opresor que solo busca mantener a la mujer en la peor de las circunstancias. En retaliación a esto, se pueden ver en las redes sociales opiniones masculinas que hacen uso constante de términos como Feminazi, locas histéricas, morrongas o, en el peor de los casos, opiniones que justifican el acoso por la forma de vestir de las denunciantes y hasta por su belleza.

Tomada de Pixabay
Tomada de Pixabay

Puedo dar fe de que, de las cosas más difíciles de lograr, está el hablar acerca del tema, denunciar la agresión e iniciar un proceso de sanación, especialmente porque los abusadores destruyen toda sombra de confianza y seguridad en sí misma. De hecho, el truco está en eso, en vulnerar psicológicamente al punto en que el silencio es el mayor cómplice, por lo que es de aplaudir que hoy las víctimas tengan la valentía de levantar su voz. Es cierto que, para muchas mujeres, escalar profesionalmente supone encontrarse con muchas insinuaciones sexuales por parte de sus superiores, chantajes o presiones camufladas. Pero también existen casos de mujeres que usan ese tipo de estrategias para escalar y alcanzar lo que por otro medio es imposible.

Entrar a debatir sobre la buena o mala moral es demasiado tedioso. ¿Que puede ser molesto? Por supuesto que sí. Pero más allá de lo que una persona considera o no válido para lograr una posición, están las relaciones de poder y es ahí donde se centra el discurso de muchas mujeres víctimas de abuso sexual. Ahora bien, es loable el coraje que han tenido al salir a denunciar sus casos, porque no solo manifiesta una problemática grave, que alcanza todo nivel y esfera laboral, sino que también hace visible cuán normalizado está este tipo de práctica en el mundo. Martin Luther King habló sobre la preocupación que sentía por el silencio de los buenos más que por las acciones de los malos. Esto sigue siendo vigente, muy a nuestro pesar. En un mundo globalizado como el que tenemos hoy, el silencio es un regalo demasiado valioso o una carga muy pesada de llevar.

Tampoco se trata de que esto se vuelva una guerra de los sexos, ya bastantes conflictos abundan en este planeta como para que ahora nos desviemos de lo realmente importante por iniciar una pelea sobre qué sexo ha sido más denigrado. Los depredadores sexuales deben ser castigados. Punto. Las víctimas requieren apoyo, porque la herida es profunda. Recuperar la confianza en sí mismas es vital, por lo que más acusaciones o preguntas absurdas son innecesarias. La verdad debe prevalecer siempre, están en juego las vidas de personas y con ellas sus familias, amigos, trabajo, etc. No es una moda, tampoco una tendencia solamente para ganar seguidores o likes en las redes sociales: es un asunto serio y como tal debe tratarse.

Finalmente, niñas: aprendamos a diferenciar entre un verdadero acosador y un pobre torpe insistente, que si bien es fastidioso está lejos de ser realmente dañino. Hay hombres buenos en el mundo, con sus defectos como cualquier ser humano; la amabilidad no es sinónimo de coquetería ni es una forma solapada de subestimar las capacidades que usted tenga. Recuerde que todos los extremos son malos, así mismo, generalizar es un error que le puede estar impidiendo ampliar su visión del mundo. Señores: un piropo en la calle no genera confianza, ni enamora, mucho menos es señal de galantería si hace referencia de manera obscena a cualquier parte del cuerpo de la aludida. Si nos ponemos de acuerdo en que el respeto ha de ser básico para toda interacción, seguro podremos dejar de decir #MeToo.

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