El absurdo de igualar a Petro con Uribe

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Sin negar que puede haber parecidos en los estilos políticos de ambos, la afirmación de que Petro y Uribe son, uno a la izquierda y otro a la derecha, la misma cosa, carece de todo sentido. Aunque ambos políticos tienen formas confrontadoras y personalistas, Petro y Uribe representan visiones de país e ideologías supremamente distintas. A pesar de que parezca una obviedad, ha surgido una tendencia desde el centro extremo que se niega a verlas. Aquí pongo de manifiesto solo algunas.

Por: Christian Robles

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Por un lado, Uribe representa una visión de país fácilmente identificable con el ala radical del conservatismo, que tuvo entre sus exponentes más emblemáticos en el siglo XX a Laureano Gómez, Aquilino Villegas o Fernando Londoño y Londoño. Aquí se visualiza un país fuertemente jerarquizado, donde las diferentes clases conviven armónicamente porque cada uno acepta su lugar y cumple sus obligaciones: los ricos se comprometen a dar buen trato a sus empleados y a ejercer obras de caridad; los pobres, por su parte, asumen sus obligaciones laborales y no reclaman. En otras palabras, el rico debe ser un padre benevolente y el pobre un niño obediente.

 

Además de esto, a juzgar por sus ocho años de gobierno y por las declaraciones dadas en los últimos debates por su candidato Iván Duque, es posible identificar dentro del uribismo un modelo económico fundamentado en la economía extractiva y el latifundio. Ambas, empresas basadas más en el capital que en el trabajo y con fuertes impactos ambientales. Es un modelo que puede llevar a altas tasas de crecimiento de manera rápida, pero que resultan poco sostenibles y no favorecen la movilidad social.

 

Por otro lado, Petro visualiza un país con jerarquías mucho más tenues y móviles. En algunos aspectos, podría identificarse con políticos del ala más social del liberalismo como Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán o Luis Carlos Galán. Aquí se pone de manifiesto un proyecto de país con un Estado fuerte y fuera del alcance de los poderes particulares. Dentro de la perspectiva de Petro, el Estado (no de manera exclusiva) juega un papel fundamental en la creación de empleo, en la reducción de las desigualdades y de la pobreza; ya no dependen estos factores de la voluntad o el corazón cristiano de los sectores pudientes.

 

En el ámbito económico, Petro ha propuesto fortalecer el sector productivo: el agro y la industria. Y no solo esto: plantea una lucha frontal contra el sector minero que es defendido dentro del uribismo.  Este es un modelo económico más intensivo en trabajo y por lo mismo más proclive a la movilidad social.  Si el modelo se ensambla sobre bases sólidas como una alta productividad y un portafolio diversificado de productos, el modelo puede ser altamente sostenible, aunque no se consiga un crecimiento espectacular ni inmediato.

 

Además de sus divergentes visiones de país, Petro y Uribe representan intereses y orígenes muy disímiles. El primero está mucho más cerca del electorado joven y urbano, mientras que el segundo se ha hecho más popular dentro de los ámbitos rurales y tradicionales. Mientras Petro ha defendido abiertamente grupos históricamente marginados como los indígenas, población LGBTI, recicladores, entre otros, Uribe ha hecho lo propio con los grupos tradicionalmente poderosos.

 

La lista podría ser todavía mucho más extensa: se podría incluir, por ejemplo, su posición frente a la libertad de prensa, su tratamiento a la oposición o su posición frente al acuerdo celebrado entre las FARC-EP y el Gobierno.

 

 

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