El arte de las externalidades

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Las externalidades positivas sí existen y están más cerca de lo que imaginamos.

Uno de los conceptos más famosos y curiosos de la economía es el de las externalidades: esas cosas por las que nosotros no pagamos pero igual nos obligaron a recibir. El ejemplo más popular de una externalidad es la contaminación. Las personas no pagan para vivir en ambientes contaminados, pero igual los obligan a sufrir las consecuencias de ello. Otra externalidad puede ser la congestión. Al comprar un carro uno no paga por el trancón que lo espera, pero igual le toca aguantarse el atasco, el estrés, las groserías y el tiempo perdido por esa externalidad.

Estando en clase de microeconomía era muy fácil identificar externalidades negativas: casi todos los problemas causados por el hombre a la sociedad pueden ser considerados como tal. Sin embargo, el buscar externalidades positivas era todo un reto. A la melancólica y pesimista economía le cuesta identificar con facilidad externalidades que tengan un impacto positivo en los otros. Esto, porque la gran mayoría de las actividades humanas que buscan obtener beneficios no están pensando en regalar cosas buenas a los demás, sino en cobrarlas.

 

 

No obstante, las externalidades positivas sí existen y están más cerca de lo que imaginamos. El ser humano puede ser una fuente inagotable de estas si deja a un lado su egoísmo y decide empezar a dar sin esperar mucho a cambio. Por ejemplo, los gestos que tenemos de aprecio hacia las otras personas como compartir conocimiento, detalles o momentos más allá de nuestros intereses pueden ser considerados como una externalidad positiva para quienes nos rodean. Con lo anterior no estoy pretendiendo ser un romántico: estos gestos pueden llegar a tener impactos cuantificables en el desempeño de grupos de trabajo, pues el tener un buen ambiente laboral puede aumentar la productividad de una compañía.

Ahora, alejándonos de la economía, creo que el convertirnos en hacedores de externalidades positivas puede tener también un impacto real en nuestra calidad de vida, debido a que si nosotros decidimos dar a los que nos rodean, posiblemente al pasar el tiempo esos gestos que brindan calidad de vida a otros podrán ser retribuidos hacia nosotros. Si llamamos a una persona en su cumpleaños y le damos un poco de felicidad, seguro esa persona al pasar los meses nos llamará cuando quien celebre seamos nosotros. Quizás con dar el paso en la vía cuando conducimos, evitaremos un trancón futuro. Tal vez el aceptar un café a ese amigo olvidado permita que él en otra oportunidad te presente al futuro amor de tu vida. El dar de manera generosa a alguien que lo necesite seguro te sumará puntos para que, cuando estés en dificultad –si ese escenario ocurriese– otros se animen a ayudarte.

Considero que hoy puede ser un buen día para empezar a generar externalidades positivas en nuestro entorno. Puede que lo que le haga falta a nuestros barrios, ciudades o países sean más externalidades, pero de las buenas. Desde la cotidianidad de nuestros días podemos generar pequeños procesos de transformación tomando la decisión deliberada de realizar acciones que impacten positivamente, cambiando las externalidades negativas que tanto nos molestan de la sociedad en la que vivimos.

Por: Harry Ramos

Twitter: @Harrye29

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