El liderazgo según Netflix y HBO

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¿Qué tanto de Lanister y qué tanto de Underwood tiene usted como líder?

Por: Laura Galindo M.

Un artículo de Cesa y Cumbre Plataforma de Liderazgo

“Se necesita valentía para ponerse de pie y hablar. Pero también se necesita valentía para sentarse y escuchar”, dijo Winston Churchill.  Tenía razón. Atrás quedaron los días de dar órdenes, hablar fuerte y asumir todas las responsabilidades. Un líder moderno es un guía, un miembro del equipo que se atreve a dar el primer paso. Así ocurre en la vida real, ¿pero qué ocurre en la ficción?

Luchas por el poder de la Casa Blanca como en Scandal y House of Cards, por el dominio de siete reinos como en Game of Thrones, por la administración del Departamento de Parques y Recreación en una ciudad ficticia como en Parks and Recreation o por salvar civilizaciones enteras como en Dr. Who. En todos estos escenarios, líderes buenos o perversos deben tomar decisiones y asumir un estilo de liderazgo.

¿Cuál es el suyo?

Caso 1: Es un momento de crisis. El equipo se siente derrotado y se entrega a la frustración. Las metas no se cumplieron y todos se dan por vencidos. Como es usual, cuando hay que buscar culpables, las miradas señalan al líder. Su credibilidad queda en entredicho y todos desconfían de sus capacidades y de su instinto.

a) Frank Underwood, en House of Cards: La confianza se recupera con resultados. Ser efectivo es la única forma que conoce para demostrar sus capacidades y hacerlo, a veces, implica separarse de su equipo y construir una estrategia diferente. Cuando su partido político decidió no apoyarlo como candidato a las elecciones presidenciales del 2016, no gastó esfuerzos intentando convencerlos. Prefirió dar con un plan contundente que le hablara directamente a los votantes. Fue así como diseñó America Works, un programa bandera en el que disminuyendo la inversión en seguridad social garantizaba trabajos de tiempo completo para todos los ciudadanos de Estados Unidos. Aunque en un primer momento su estrategia unilateral pareció funcionarle, con el tiempo fue evidente que no tenía el apoyo de ninguna de las dos partes. 

b) Jon Snow, en Game of Thrones: El trabajo en equipo es siempre su mejor arma y cuando, ante la crisis, se queda solo, su reacción más inmediata es recuperar la confianza de quienes lo rodean. No necesita demostrar que es el más fuerte porque entiende que su mayor fortaleza es saber aprovechar las de los demás. Cuando tuvo que unir fuerzas con los salvajes que vivían más allá del muro para enfrentar a los caminantes blancos, optó por elaborar un discurso sincero y transparente que contagiara su valentía. Que le devolviera a todos la confianza y que, al mismo tiempo, planteara una estrategia de propósitos claros para ganarle la batalla a sus enemigos.

Caso 2: El líder no encaja en los estereotipos tradicionales que lo legitiman. No es el más fuerte ni el más grande, ni el más valiente. A simple vista, podría parecer débil e inseguro. ¿Cómo se ganará el respeto y la admiración de su equipo?

a) Susan Ross, en Scandal: No tiene la seguridad o la elegancia de los otros políticos y su falta de experiencia hace que muchas veces la subestimen. No tiene intereses personales cuando se trata de ejercer el poder y ni una maquinara política como las tradicionales. Cuando se enfrentó a Hollis Doyle, Mellie Grant y Fitzgerald Grant en el primer debate por la presidencia de Estados Unidos nadie la veía como una amenaza. Sin embargo, luego de narrar cómo John Latner, su esposo, murió luchando en la guerra de Afganistán, su popularidad subió y se llevó todos los aplausos de la noche. Demostró, con fortalezas como la oratoria y la capacidad de identificarse con la gente, que tenía todo lo necesario para ser presidenta de Estados Unidos.

b) Lyanna Mormont, en Game of Thrones: Es una niña de 10 años en un mundo de adultos. Una mujer al mando en un mundo de hombres. La antítesis de cualquier figura de autoridad. Y sin embargo, es la única líder de la casa Mormont. “No planeo quedarme tejiendo junto al fuego mientras los hombres pelean por mí”, le dice a Jon Snow cuando este pide unir fuerzas para vencer a Cersei Lannister y a los caminantes blancos. “Puedo ser pequeña y puedo ser una niña, pero soy tan de esta tierra como usted y no necesito su permiso para defenderla”, dice. Son dos frases contundentes con las que demuestra que ni la edad ni el género son limitantes para ella y que cuando de guiar a los Mormont se trata, pesa más la decisión, la confianza en sí mismo y la valentía.    

Caso 3: Algo no sale bien y el líder enfrenta un momento difícil. Se siente deprimido y una sensación de fracaso lo habita constantemente.

a) Claire Underwood, en House of Cards: Nunca pierde la compostura y se mantiene ecuánime en cualquier situación. Para ella, las emociones nublan el buen juicio y resultan contraproducentes en la toma correcta de decisiones. Claire fracasa como mediadora en Rusia por la liberación de un preso político, es removida de su cargo como embajadora de Estados Unidos y abandona a Frank Underwood, su esposo, tras una fuerte discusión. Nunca se quiebra, nunca llora, nunca se muestra débil. Ignorar las emociones de pérdida o desilusión aleja a un líder de su equipo. Lo muestra distante y deshumaniza sus relaciones de trabajo.

b) Olivia Pope, en Scandal: Aunque es una líder fuerte y de cabeza fría, es también una mujer frágil que se permite miedos y desilusiones. Cuando falla en su intento por salvar al teniente Jake Ballard y descubre que B613, la división insubordinada de la CIA que amenaza con destruir al Gobierno de Estados Unidos, está comandada por su padre, se quiebra, llora y se muestra vulnerable sin que eso ponga en riesgo su autoridad o la admiración de su equipo. Entender a su líder como una mujer compleja, que se frustra y se siente impotente, que se equivoca y sabe corregirse, despierta admiraciones más allá de las laborales en los demás miembros de Pope & Associates.

Caso 4:  Alguien en el equipo pierde sus propósitos y motivaciones. Siente que sus esfuerzos no son valorados y que lejos de ser un engranaje indispensable, no representa más que un par de manos poniendo ladrillos en la pared de alguien más.

a) The Doctor, en Dr. Who: Depende de su equipo y se lo ha hecho saber. Cada uno de sus integrantes tiene habilidades específicas sin las que hace rato habría sido destruido por los Daleks o los Cybermen. Aunque es él quien está a la cabeza de los viajes, cada uno de sus acompañantes tiene sus propias iniciativas. The Doctor no da órdenes ni le dice a nadie lo que hay que hacer, simplemente pone las metas y acompaña el camino.

b) Tywin Lannister, en Game of Thrones: Sabe cómo aprovechar los talentos de su equipo y ponerlos a su servicio. Sin embargo, cree que es el líder quién toma las decisiones, tiene las respuestas y lleva encima la responsabilidad de cada triunfo y cada derrota. Su hijo Tyrion salvó la capital de los Siete Reinos durante la Batalla del Aguasnegras, negoció la liberación de su hermano Jammie cuando fue secuestrado en la Batalla del Bosque Susurrante y actuó como protector de los Lannister en repetidas ocaciones. Tywin siempre se quedó con todos los créditos, y con el tiempo, Tyrion, cansado de verse menospreciado, decidió asesinarlo y ponerse al servicio de Daenerys Targarian.

Caso 5: El líder es nuevo en su equipo. Acaba de llegar y no conoce sino los nombres de quienes trabajarán con él. Para lograr un escenario laboral cómodo y eficiente, necesita primero construir narrativas que definan la forma en que va a relacionarse con ellos.

a) Leslie Knope, en Parks and Recreation: Se interesa por los miembros de su equipo y se esfuerza por conocerlos y relacionarse con ellos de formas más allá de las laborales. Conoce sus gustos, sus pasatiempos y sus miedos. Recuerda sus aniversarios, celebra el nacimiento de sus hijos y elige cuidadosamente sus regalos de navidad. En una ocasión y por culpa de una sobrecarga de trabajo, olvidó que Jerry Gergich cumplía 64 años y para resarcirse quiso organizarle una fiesta sorpresa. Aunque esta es una reacción exagerada que no salió tan bien porque, entre otras cosas, Knope olvió invitar a Jerry, ser parte de un equipo en el que cada uno de sus integrantes es más que un cargo contribuye al bienestar laboral y, por añadidura, al trabajo productivo. 

b) Frank Underwood, en House of Cards: Solo se relaciona con su equipo a través de metas y resultados. Sus vidas más allá del Despacho Oval lo tiene sin cuidado. Cuando se ha interesado por ellos como personas y no solo como trabajadores, ha sido con segundas intenciones. Usó sus influencias para que Rubén, el hijo de Linda Vásquez, Jefa de Gabinete en el gobierno de Garret Walker, fuera admitido en la Universidad de Stanford a cambio de que ella lo nominara como candidato a la Vicepresidencia. Estuvo al tanto de los problemas de alcoholismo del Senador Peter Russo porque pretendía usarlos para encubrir su asesinato. Y pareció preocuparse por el Alzhaimer de la esposa de Donald Blyth, pero en realidad lo quería de su lado en las votaciones de uno de sus proyectos de ley.

Caso 6: Todo líder tiene una visión y unos objetivos. Y la gran mayoría de veces, entre ambos aparecen obstáculos que dificultan el camino. Siempre aparecerá el dilema: ¿el fin justifica los medios?

a) Frank Underwood, en House of Cards: negociar a través de puestos en la Casa Blanca, intimidaciones, amenazas y uno que otro amarillismo emocional hacen parte de su día a día. Mover fichas dentro del senado como en un ajedrez para pasar sus propias reformas y chantajear varios de los miembros del gabinete del presidente Garret Walker para escalar posiciones en el Gobierno, son algunas de sus estrategias. La ética no significa mucho para él y en su equipo la lealtad no existe.

b) Heather Dunbar, en House of Cards: honestidad y transparencia son su bandera. Aun cuando esto le implique desacreditarse, perder oportunidades de ascenso o, incluso, las elecciones mismas. Cuando se enfrentó a Frank Underwood por la presidencia de Estados Unidos, Jackie Sharp, tercera en las encuestas, le ofreció su apoyo a cambio de ser Secretaria de Defensa una vez estuviera en la presidencia. Dunbar aceptó la unión de fuerzas, pero se negó a negociar con posiciones en el gabinete. No ganó las elecciones, pero su declaración de principios le mereció el apoyo y la admiración de Sharp.

 

 

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