Eligiendo en un mar de propuestas

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La mayoría de los ciudadanos de a pie usan los llamados atajos cognitivos para elegir a sus candidatos. Al parecer, dejamos las propuestas en el último lugar.

Por: Anónimo

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A solo unos cuantos meses de las elecciones presidenciales en Colombia, es claro que hay mucho candidato y poca propuesta. ¿Qué es lo que proponen quienes pretenden tener el cargo más importante del país? No está fácil. No nos la ponen fácil a los ciudadanos de a pie, porque al parecer es más fácil e importante sobresalir —o al menos aparecer— en las encuestas y mojar prensa.

No es claro que los candidatos tengan mucho más que un inventario general de propuestas que más parece una lista de mercado. Conocer una hoja de ruta evidente de lo que significaría su llegada a la Casa de Nariño es fundamental.

Seguro nuestro electorado tampoco lo exige, y es que la mayoría de los ciudadanos de a pie usan los llamados atajos cognitivos para elegir a sus candidatos: que es bello, que es sonriente, que demuestra carácter, que no parece enfermo, que se sanó de una enfermedad, que parece autoritario, que no muestra debilidad, que habla claro, que habla enredado, etc.

Al parecer, dejamos las propuestas en el último lugar para luego, cuando resulten elegidos, elevar plegarias y protestas al aire solo para demostrar oposición a una política o decisión que el mismo candidato no había propuesto con claridad —o que propuso de forma inversa— durante el periodo electoral.

Igualmente, no es claro cómo los candidatos ajustarán sus propuestas a una difícil situación fiscal que se avecina para el país. ¿Será que nuestras expectativas son muy pesimistas? Puede que sí. Ahora, intentando ser optimistas, es claro que no nos convertiremos en Venezuela… es mucho más fácil hablar desde el miedo y la catástrofe que plantear ideas y caminos nuevos que permitan superar el estado de constante quejadera del colombiano promedio.

Un escaneo simple nos permite corroborar que no es posible encontrar con transparencia los planteamientos de los candidatos más sobresalientes. Unos que insisten en hacer de la paz y la guerra la única argumentación detrás de sus programas. Otros que fundamentan sus posturas atados al miedo, señalando por un lado lo malísimo que sería que ganaran los demás, y no resaltando lo bueno que sería elegirlos a ellos mismos. Otros que promueven el cambio y la unión en medio de la diferencia como única forma de cambiar los cimientos de la tradición institucional y presidencial en Colombia.

Empezaremos por los candidatos que presentan, en algunas de las encuestas, posibilidades de ser el próximo Jefe de Estado y de Gobierno de Colombia, sin embargo, advierto, no pretendo ser neutral ni ecuánime, ni tampoco mostrar a todos los candidatos como opciones viables para ocupar la Casa de Nariño en los próximos años.

La Coalición Colombia, con Fajardo como candidato, cuenta con el impulso que plantea como opción joven, diferente a los políticos y a los apellidos tradicionales. Eso sí, debe esforzarse por darle especificidad a sus propuestas formales fundadas en 13 ejes rectores, que incluyen la lucha frontal contra el clientelismo y la corrupción (la sangre de la política tradicional del país); la educación como fundamento de la sociedad; la salud como susceptible de mejora y reforma; apoyo al sistema de ciencia y tecnología; una política social y de empleo; un modelo de desarrollo económico basado en las capacidades de la gente y en la fortaleza de los territorios con la transformación del campo; una agricultura innovadora y productiva; la defensa de los derechos de la mujer; una prestación universal de servicios públicos en condiciones de calidad, con precios razonables; el fomento del turismo y las relaciones internacionales, entre otros. Aquí puede consultar las bases programáticas de la coalición.

Humberto De la Calle y su fórmula presidencial Clara López. Propuso una visión programática llamada La paz en marcha: un reencauche medio anticuado del eslogan La revolución en marcha de López Pumarejo, un reconocido y sobresaliente expresidente liberal de la primera mitad del siglo XX. Sus 15 propuestas generales incluyen: Menos impuestos (¿solo con rastreo a elusión y evasión basta?); empleo joven (creación de trabajos técnicos y servicio social obligatorio: mejor mantenerlos ocupados que vagando); beneficios a la inversión en zonas afectadas por el conflicto (¿acaso ya no se está haciendo esto?); un ICETEX diferente (reformar el UPAC juvenil); una agenda animalista contra la crueldad; nada de casa por cárcel a corruptos (¿les construimos cárceles de lujo?); y otras más que invito a consultar en el enlace.

Entre Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez conforman la coalición de la derecha, los del No a racamandaca que se expondrán a consulta para elegir la candidatura a presidencia y vicepresidencia. De Ordóñez ni vale la pena hablar: es el exprocurador investigado por corrupción y clientelismo. ¿Para qué hacer notar a alguien inapropiado, a un líder negativo? No vale la pena, así que hablaré de Duque y de Ramírez.

Duque cuenta con 162 propuestas para el futuro de Colombia. Ojalá no sean tantas que terminen agobiando a los colombianos que ya bastante están acostumbrados y, a la vez, cansados con planes de desarrollo eternos, llenos de micos e incumplimientos. Debe admitirse que el candidato cuenta con una página web amena que facilita la búsqueda de información. Buscando un país mejor como punto de unidad, y los sustantivos de legalidad, emprendimiento y equidad como referencias, presenta diversas propuestas en varios ámbitos: salud, combate a la corrupción, familia, seguridad y educación. La finalidad es un “estado moderno y orientado a resultados”.

Por su parte, Marta Lucía Ramírez, una de las pocas mujeres candidatas, presenta una serie de retos o cuestiones que invitan a la participación de público en general para sugerir propuestas. Quizás el trabajo está en plantear tópicos de discusión, pero las propuestas específicas no están claramente definidas. Así, aparecen temas como la lucha contra la corrupción, la salud, la inclusión, el emprendimiento, el desarrollo social, tecnología, gobernanza, seguridad y defensa, economía y empleo, justicia, educación, biodiversidad, mujer y desarrollo rural.

Por último, mencionaré a Vargas Lleras. Dejaré por fuera a Petro y a Caicedo, así como todos los demás candidatos que no levantan vuelo ni en las encuestas. En el caso de los dos últimos, no fue posible encontrar página web específica respecto a sus candidaturas y propuestas. Ahora, volviendo al ícono del transfuguismo y la camaleónica labor de los políticos pura sangre, el exvicepresidente de Santos plantea una serie de propuestas relacionadas con salud, economía, seguridad, familia, infraestructura, vivienda, justicia, turismo y educación, las cuales se pueden consultar aquí.

En conclusión y como anoté al comienzo, no mencioné a todos los candidatos. La verdad es que para las elecciones de 2018 se batió un récord de candidaturas y el espacio del blog no daría para hablar de cada uno de ellos. Además, podría ser extremadamente aburrido. La invitación es a votar, a elegir bien, a tomar conciencia de quién quisiera que lo representara en los ámbitos de poder, pero también ser exigentes con quienes elegimos para representarnos, pues su labor debe ser servir a la sociedad.

 

 

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