En un paraíso no se vive, se sobrevive

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Cuando la ausencia del Estado es permanente en los territorios y su presencia esporádica se limita a los periodos electorales, lugares que pueden ser considerados como paraísos son, en realidad, agrestes con sus habitantes.

Por: Fernando Dueñas

 

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Luego de la temporada decembrina y si la pecunia lo permite, continúa el periodo de vacaciones que en muchos casos nos dirige a lugares en donde lo hermoso contrasta con la desigual realidad de la sociedad colombiana. Lugares en donde la precariedad es resultado de la ausencia de un Estado que se preocupa más por invertir en el mantenimiento de lugares en donde los privados puedan tomar lugar, antes que invertir en educación o en obras públicas necesarias.

 

El camino en esta ocasión conduce a Cartagena de Indias, La Heroica, una ciudad que da para escribir más de un artículo, tanto por sus maravillas históricas, sus edificios emblemáticos y sus lugares sociales, cómo también por la corrupción o la desigualdad rampante de los barrios alejados del mar. Ahora bien, como el título y la foto de este artículo lo dicen, hablaremos sobre un lugar en Cartagena que es un paraíso para turistas, pero posiblemente no lo es tanto para sus habitantes.

 

A poco más de 50 km de La Heroica se encuentran las 27 islas que conforman el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo. Isla Grande es una de las islas de mayor tamaño. En ella hay un par de hoteles que ofrecen comodidad y tranquilidad a sus huéspedes. También está habitada por poco más de 800 personas, quienes están allí desde periodos en que la corona española dominaba estas tierras. Orika es el nombre del territorio ocupado, que para esta época empieza a ver pendones nuevos con el rostro de la actual candidata por los conservadores a la alcaldía de Cartagena, así como pendones de antiguos candidatos de la U y el Partido Liberal. Cabe aclarar que tanto los candidatos de antes como los actuales han ofrecido poco o nada para ayudar en la formulación de soluciones para la población.

 

Tuve la oportunidad de conocer a Heider, un nativo de Orika que tuvo el buen gesto de llevarme a conocer la isla por dentro, donde ellos la habitan. Aunque la población es ciudadana cartagenera, y siempre están dispuestos a apoyar a la democracia del país ejerciendo su derecho al voto, los aquejan tres problemas fundamentales a los que el distrito turístico no ha brindado solución definitiva. No disponen de agua potable, la escuela que tienen no está provista con un personal docente permanente y no tienen un centro médico con personal que atienda al menos 12 horas continuas.

 

A estos tres problemas se suman la insuficiencia de territorio para cultivos dado que la isla es una formación coralina y sus suelos no son aptos para cultivos de subsistencia, por lo que los alimentos, en su mayoría, son llevados desde Cartagena. Esto último es comprensible toda vez que la ubicación geográfica de la isla exige pasar por esta incomodidad. Sin embargo, el agua, la educación y la salud sí deben ser provistas o, al menos, subsidiadas en buena parte por el Distrito, algo que hasta ahora, en palabras de Heider, no pasa.

 

El agua, por ejemplo, es comprada por la comunidad a particulares en Cartagena, luego la transportan por sus propios medios y la depositan en un aljibe[1] construido por ellos mismos. A su vez, la escuela tiene la visita de profesores que van desde la ciudad de lunes a viernes, sin embargo, al notar las incomodidades que deben soportar, muchos renuncian o piden traslados. El servicio de salud presta primeros auxilios durante ocho horas dos días a la semana, por lo que cualquier dolencia mayor debe ser remitida por medios propios a la ciudad.

 

La conjunción de estos problemas hace de Isla Grande un lugar en donde la palabra paraíso está lejos de ser real para sus nativos. Se hace necesaria una intervención de obras públicas a cargo del Distrito de Cartagena para que lo turístico contraste a bien con la vida de los habitantes de la isla, algo que en el presupuesto de la ciudad no está contemplado para sus territorios de mar.

 

De no hacer este tipo de intervenciones, Cartagena de Indias seguirá siendo el mismo lugar en el que la magia se opaca por la desigualdad de los lugares lanzados al olvido, el mismo lugar en el que los candidatos a cargos de elección popular solo aparecen en los pendones y luego de ser elegidos mantienen a la ciudad en el letargo social, esa misma ciudad que es el sinónimo de la Colombia de hoy.

 

[1] Depósito bajo tierra donde se recoge y se conserva el agua.

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