“Es muy importante hacer esas críticas incómodas”

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El exdirector ejecutivo de Parces ONG, Alejandro Lanz, le habló a El Mal Economista acerca del nacimiento y desarrollo de esta organización. Además, explicó por qué sorprendentemente ha sido disuelta, y la razón por la cual, para proseguir el trabajo que se realizó allí, se ha decidido a conformar Temblores ONG. 

Parces ONG es (o fue) una organización que busca combatir la violencia y la violación de derechos humanos que sufren grupos sociales históricamente excluidos como los LGTBI, las prostitutas o los habitantes de la calle. Esta organización ha llamado la atención por su forma de trabajo y por los proyectos que ha diseñado e implementado.

Ciertamente, allí no se pretende representar sino actuar horizontalmente con los grupos mencionados antes, y se ha realizado una labor que se enfoca en la manera cómo múltiples problemas los están afectando. Por ejemplo, a finales del año pasado, gracias a una demanda que el equipo de Parces redactó colectivamente con trabajadoras sexuales de la Plaza de la Mariposa, la Corte Constitucional obligó al Gobierno Nacional a regular la prostitución, lo que constituye un notable avance en términos de la lucha de las prostitutas del centro de Bogotá contra la violencia policial.

Hace pocas semanas, Parces ONG sorprendió a muchos al anunciar su disolución. Unos días antes de que esto sucediera, yo había entrevistado a Alejandro Lanz Sánchez, su exdirector ejecutivo. Entonces Lanz me habló acerca del nacimiento y desarrollo de Parces. Yo quería entender cómo un grupo de jóvenes había logrado conseguir que esta ONG se volviera bastante relevante políticamente. Para mí, este es un caso de emprendimiento social que merece la pena examinar intensivamente (es muy fácil quejarse del sistema, pero resulta bastante difícil traducir esas quejas en acciones políticamente notables). No obstante, la noticia mencionada me obligó a enfocar la entrevista de otra manera. El trabajo de Parces ha sido tan contundente y eficaz que lo ocurrido no solo parecía improbable, sino que aún resulta incomprensible. No me parecía periodísticamente correcto entrevistar a Lanz sin preguntarle acerca de la disolución de la ONG.

Así pues, posteriormente volví a contactar a Lanz, que me explicó por qué para proseguir el trabajo que se realizó en Parces ONG se ha decidido a conformar Temblores ONG. He hecho esta aclaración para que el lector comprenda por qué he presentado las respuestas de Lanz de una forma un poco desordenada, como inconexas. A pesar del desorden, recomiendo tomarse el tiempo de leerlas.   

¿Cómo nació la idea de crear Parces ONG?

Nosotros éramos un equipo multidisciplinario de investigación-acción participativa que trabajaba en la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes. Éramos cinco personas y estábamos desarrollando un proyecto cuyo objetivo consistía en hacer un diagnóstico participativo acerca del uso de basuco y pegante con mujeres en el centro de Bogotá, y una evaluación de los CAMAD de Petro. Entonces nos dimos cuenta de que las múltiples historias de la calle con que nos encontrábamos estaban conectadas con muchas formas de discriminación a diferentes grupos poblacionales. Por ejemplo, muchas de las mujeres con que trabajamos ejercían la prostitución en la Plaza de la Mariposa y eran víctimas de violencia policial. En esos casos había unas intersecciones que limitaban los derechos fundamentales a la movilidad, al libre desarrollo de la personalidad y a la autonomía.

Cuando se acabó el proyecto, concluimos que no se podía dejar botada a la gente  —como sucede actualmente en la academia y el Estado—, y advertimos que una buena plataforma para hacer activismo comunitario y generar impacto era construir una ONG en la que participaran no solamente expertos y estudiantes, sino también personas de la comunidad.

¿Con qué apoyo personal, profesional y de capital inicial contó el proyecto?

En nuestro caso, por un lado, fue muy importante el apoyo de la Universidad de los Andes; el prestigio y el nombre de la universidad nos ha ayudado mucho cuando hemos hecho denuncias de crímenes estatales contra población vulnerable. Aunque la universidad no ha estado vinculada propiamente, sí se sabe que algunos de nosotros somos uniandinos, y hemos podido acceder a algunos espacios de poder por el contacto con la Escuela de Gobierno. Ha sido bueno tener un pie en los Andes por el Estado, pero también malo porque, por ejemplo, se genera desconfianza entre la gente. Algunos pensaban que solo íbamos a trabajar con ellos para sacarnos una nota, y tuvimos que esforzarnos para deconstruir esa idea.

¿Qué ha sido lo más difícil en el diseño y desarrollo de este proyecto? 

Es muy difícil hacer una ONG. No es difícil registrarla, no es difícil constituirse legalmente: lo complicado es posicionar un nombre. Además, hay mucha competencia. Muchas organizaciones sociales tienen muchos años de trabajo y son muy especializadas en temas puntuales. Nosotros trabajamos el tema LGTBI, pero lo hacemos desde el punto de vista de la forma como está relacionado con el trabajo sexual, el uso de drogas, los habitantes de la calle y el activismo de género, entre otras cosas. A diferencia de las organizaciones que trabajan específicamente uno de estos temas, nosotros decidimos concentrarnos en la intersección que entre estos sucede. Una persona que es transgénero, que usa basuco y que es trabajadora sexual está cruzando esa intersección. Nosotros no trabajamos solo con una población particular, nos enfocamos en la violencia que sufren comunidades históricamente vulneradas a partir de la intersección que ya mencioné.

Por lo demás, nosotros arrancamos con la idea de no abandonar las comunidades y construir con ellas, pero no es fácil trabajar con ellas. Hay muchas diferencias de criterio entre las partes y, aunque siempre la relación de trabajo ha buscado ser horizontal, es muy complicado que realmente lo sea. No es fácil decir “todos somos iguales” cuando alguno no tiene con qué comer cuando llega a la casa, y cuando las otras personas, si se ponen a trabajar con nosotros, dejan de trabajar en sus propias actividades y no tienen cómo pagar la pieza y dormir ese día.

¿Qué se necesita para crear una ONG exitosa y relevante políticamente?

Es difícil, es complicado, es largo, es costoso, y sobre todo la forma en que nosotros lo hacemos es diferente a como lo hacen otras organizaciones. Otras organizaciones usualmente escogen un caso estratégico, lo litigan y lo llevan a la Corte Constitucional, nosotros construimos el litigio desde la base, lo llamamos litigio estratégico comunitario. ¿Y eso qué es? Eso es escoger conjuntamente un caso con la comunidad —así lo hicimos con la Mariposa—, esperar que suceda una situación de violencia, documentarla muy bien, y empezar a litigar el caso a través de una acción de tutela, la cual es puesta por personas de la comunidad en primera persona. Ellas mismas hacen parte de la redacción, de todo el proceso. Si ganamos, ganamos todos, y si perdemos, perdemos todos. En el caso puntual de la Mariposa perdimos los dos primeros casos en el Consejo de Estado, y esta fue una derrota que ellas vivieron también. Cuando el caso llegó a la Corte Constitucional, ellas prepararon toda una audiencia donde fueron citadas a declarar, y terminamos ganando esa sentencia tan importante.

¿De qué depende el sostenimiento económico de una ONG? ¿Y cómo se puede vivir profesionalmente fundando una ONG?

Nosotros duramos dos años sin salarios, sin poder mantener a la organización, y solo hasta el tercer año conseguimos financiación. Es muy complicado, porque los diferentes movimientos y organizaciones compiten entre sí por las convocatorias que salen para implementar. Eso implica que sea difícil trabajar en conjunto con otros aliados. Nosotros trabajamos independientemente porque las organizaciones son celosas, ven a las otras como la competencia. También sucede que el hecho de ser una organización joven, manejada por jóvenes y con menos experiencia, se convierta en una barrera para trabajar con otras organizaciones. Además, los tiempos y condiciones para implementar proyectos son muy complejos. Hemos tenido problemas con eso.

¿Cómo se puede medir el impacto y el aporte que realizan las ONGs a la sociedad?

Creo que es muy importante el trabajo de las ONGs, específicamente para la defensa de los derechos humanos. En este país, donde hay tanta violación a los derechos humanos por parte de agentes del Estado y la institucionalidad y las estructuras que nos han gobernado tradicionalmente, es muy importante que una ONG aparezca en los medios y haga críticas incómodas que ningún gobernante quisiera escuchar.

Al mismo tiempo, creo que hay algo muy importante en lo que las ONGs pueden contribuir: la formación política. Esto no lo pueden hacer los partidos políticos (pues siempre van a tener un interés electoral de por medio), y creo, como muchos, que las organizaciones de la sociedad civil deben hacer formación sobre el uso del voto, buscando construir más y mejores formas de participación política —especialmente para el postconflicto—.

¿Cuáles son los retos más importantes en materia de violación y negación de derechos a personas y comunidades?

Hay unos problemas muy grandes en las comunidades con que trabajamos; son personas que están desconectadas de los sistemas del Estado. No tienen acceso al sistema bancario, múltiples barreras les impiden acceder a los bienes y servicios que ofrece el Estado, no aportan en pensión, no hacen parte de las dinámicas del Estado: están por fuera del Estado. Aquí no funcionan las instituciones, y no lo hacen porque, por una parte, hay una enorme desconfianza histórica de las comunidades hacia la institucionalidad y, por otra, por la discriminación que por parte de la institucionalidad hay hacia ellas.

Esta desconexión, que hemos tratado de romper —y es muy importante hacerlo— se agrava cuando una persona vive del diario, cuando no puede ahorrar y la actividad a la que se dedica para ganarse un sustento es una actividad perseguida y estigmatizada por la sociedad civil y las leyes. Todas estas dinámicas en términos de inclusión económica son muy fuertes. La inclusión no se propone a partir de las labores económicas a la que se dedican estos grupos, sino desde la idea de sacar a las personas de esas mismas actividades.

Si el desarrollo y consolidación de Parces ha resultado tan difícil, ¿entonces por qué se disuelve esta organización?

En un comunicado que publicamos el pasado 23 de agosto explicamos que los líderes del proyecto nos fuimos distanciando en diferentes aspectos, y que eso nos impide seguir trabajando juntos de manera efectiva. Estas diferencias traen consecuencias negativas para las poblaciones y para el equipo en general.    

¿Qué es Temblores ONG?

En , conservando siempre la memoria de lo que hicimos en el pasado. Así, pretendemos seguir abogando por la protección de los derechos humanos de las personas habitantes de calle, de las personas que usan drogas, de las personas que se dedican al trabajo sexual, de las personas LGBTI, de las personas víctimas del conflicto armado y de las personas privadas de la libertad. Por otro lado, queremos invitar a la construcción colectiva de movimientos que trabajen por la construcción social del posconflicto, del porvenir sin armas y de la paz en clave de justicia social.

¿En qué medida la creación de Temblores permite no repetir los problemas que llevaron a la disolución de Parces?

La creación de Temblores suscita una gran cantidad de retos. Por ejemplo, queremos construir un órgano de gobernanza mixto en donde las personas que integren una eventual junta hagan parte activa de la organización y otra no. Parte de los grandes problemas de Parces era el hecho de que la misma junta directiva laboraba en la organización, es decir, eran jefes de sus jefes y viceversa en un mismo espacio laboral. Estas prácticas generaban conflictos internos en donde las líneas de jerarquía se entrecruzaban entre sí.

Desde Temblores queremos hacer un proceso público, transparente y que involucre a distintos tipos de personas. Creemos que la horizontalidad es indispensable en las relaciones de activismo y lucha política, pero somos muy conscientes de que dentro de nuestro nuevo organigrama es necesario establecer jerarquías en nuestros distintos ámbitos de trabajo.

Otro de los retos más importantes que tenemos es dialogar entre las distintas formas de trabajo para el cambio social. Muchas veces en Parces nos criticábamos mutuamente porque cada uno de nosotros desempeñaba distintos roles para la justicia social. Por ejemplo, había personas que se inclinaban por atender más las emergencias inmediatas y otras por la incidencia pública a largo plazo. El problema es que muchas veces el primer rol era leído como asistencialista y el segundo como oportunista y no pudimos llegar a acuerdos sobre cómo podemos ser efectivos y complementarios entre estas formas válidas de transformar la sociedad.

¿Por qué no es conveniente que la misma junta directiva de Parces laborara en la organización?

La junta estaba integrada por nueve personas que eran jefes del director ejecutivo, o sea yo, pero al mismo tiempo yo era el jefe de ellos: cada miembro de la junta directiva coordinaba un órgano de la organización. La junta era jefe del director y el director de los miembros de junta. Esto generaba mucha ingobernabilidad.

Y si los miembros son externos, ¿usted no seguiría mandando sobre ellos?

Si la junta directiva es mixta, podría haber una rendición de cuentas más efectiva. Las juntas directivas de Parces tenían esa gran falencia, éramos las mismas personas que dirigíamos áreas rindiendo cuentas a nosotros mismos. No había ninguna persona externa a quién se le entregaran informes o resultados sobre la gestión interna de la organización.

Ese tipo de aprendizajes o errores son los que vamos a tener en cuenta quienes hacemos parte del grupo de personas de Parces que decidimos fundar Temblores.

Otra cosa que hemos pensado mucho es en la construcción de rutas claras para el flujo de poder, participación y toma de decisiones. Por ejemplo, Parces contaba con alrededor de 50 personas (actores sociales de la comunidad, pasantes, practicantes, voluntarios, activistas) y la decisión de disolver recayó en tres personas del consejo de fundadores y dos nos opusimos. La discusión sobre la disolución nunca se abrió al resto de las 45 personas que integraban nuestra organización.

Por: Guillermo García Parra

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