FARC Fest 2017

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Si bien es cierto que meses atrás miles de colombianos llenaron la Plaza de Bolívar para pedir al Gobierno y a las FARC que de una vez por todas se modificaran y firmaran para siempre los acuerdos, no necesariamente esas mismas personas apoyarían al grupo guerrillero en las urnas. Dicho de otro modo: apoyar la paz no implica apoyar a las FARC.¿Noticia falsa?

Al principio pensé que se trataba de una broma o de una noticia falsa, como las que tanto circulan en redes sociales para promover la desinformación y el odio. El Line-up del concierto que ofrecerían las FARC –ya no Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, sino Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común– contaba con representantes de una gran variedad de géneros: música llanera, reggae, cumbia, música popular, ska, hip hop… Acomodando las palabras de un sabio y visionario burgomaestre, este evento, en la práctica, haría lo mismo que un Estéreo Picnic y más barato. ¿Sería cierta tanta dicha?

En los días previos al evento se levantó una polémica sobre el préstamo de la Plaza del Bolívar para llevar a cabo el concierto. Al paso salió el alcalde Peñalosa a decir que Ya estaba el lugar, los artistas y el escenario. Solo faltaba el público.

Mi querido público

El camino hacia la Plaza de Bolívar estaba minado de cantantes, estatuas humanas, vendedores de agua aromática e incluso un Michael Jackson que se movía –bastante bien– al ritmo de Thriller. La fila de ingreso empezaba en la carrera séptima con calle 12. Alcancé a leer algunas páginas del libro ¡Indignaos! de Stéphane Hessel con prólogo de José Luis Sampedro, comprado previamente en alguna librería del centro. Un hombre me golpeó en la cabeza con la asta de su bandera del Partido Comunista y el policía que me requisó en busca de drogas, armas o trago palpó de la parte menos noble a la más noble de mi cuerpo. Al fin pude ingresar a la Plaza.

Debo reconocer que tenía bastantes dudas en cuanto a la respuesta del público capitalino. Si bien es cierto que meses atrás miles de colombianos llenaron la Plaza de Bolívar para pedir al Gobierno y a las FARC que de una vez por todas se modificaran y firmaran para siempre los acuerdos, no necesariamente esas mismas personas apoyarían al grupo guerrillero en las urnas. Dicho de otro modo: apoyar la paz no implica apoyar a las FARC. Sin embargo, el lugar estaba a reventar.

El público lo conformaban campesinos, estudiantes, hombres y mujeres de todas las edades y todas las regiones, extranjeros y curiosos. Frente a la Catedral Primada de Colombia había algunos cuadros impresos de Botero referentes a la violencia, por ejemplo, uno de cuerpo entero de Manuel Marulanda Vélez (Tirofijo). Delante de estos cuadros estaba personal de la policía y de la logística del evento.

A mi izquierda, una pareja con boinas de las FARC disfrutaban del concierto entre abrazos, besos y selfies. Un hombre de barba y cabello cano entregaba rosas rojas a diestra y siniestra mientras caminaba con una bandera de Colombia como abrigo. Tras de mí había un grupo de jóvenes que bailaba en círculo cuanto ritmo les pusieran.

Hubo un momento de tensión que no duró más de diez segundos: un hombre de cabeza rapada, de espalda ancha, pantalones entubados y botas punta de acero se paró a mi derecha. Era un poco más alto que yo, tenía actitud desafiante y mirada inquebrantable. « Esto se va a poner feo», me dije. Pero el hombre dio media vuelta y pude ver que traía en la espalda una bandera de la Unión Patriótica. No era un Skinhead de ultraderecha o un ´morenazi’ de Tercera Fuerza. Podía respirar tranquilo.

Fue interesante la presentación de Ana Tijoux, aunque la calidad del sonido no fue la mejor. Las presentaciones que siguieron pasaron por ánimos diversos. Eso sí, un mensaje común de artistas como Ky-Mani Marley, César López y Totó La Momposina, entre otros: la importancia de la paz, del respeto, la tolerancia y el amor. Para ellos el arte iba más allá de lo político, de un color o una bandera. El arte como forma de reconciliación.

El rockstar de las FARC

Uno de los momentos que más euforia causó en el público fue la llegada al escenario de Rodrigo Londoño (alias Timoleón Jiménez o Timochenko). En las pantallas se mostraba su recorrido desde las gradas en las que se encontraba hasta llegar al escenario –no sé por qué recordé esas entradas de algunos luchadores de la WWE con una cámara que los seguía desde el parqueadero del edificio hasta llegar al cuadrilátero–. Subió para leer un discurso de varias hojas en donde hablaba, en principio, de su inspiración para ese instante de su vida como fue estar en su pueblo natal La Tebaida, en la Plaza de Bolívar de allá, frente a la estatua del Libertador. Las pausas para respirar o beber agua fueron propicias para los aplausos y gritos de varios asistentes.

En su discurso hizo énfasis en que las FARC habían cumplido a cabalidad con lo pactado y esperaban lo mismo del Gobierno. No niegan la falta de experiencia en el campo político. No cuentan con la maquinaria, el dinero ni los votantes que tienen otros. Tocó los temas de la corrupción actual, planteó el aprovechamiento de los más de cincuenta millones de hectáreas de áreas cultivables en convivencia próspera, solidaria y equitativa con los empresarios del campo, las comunidades indígenas y afro.

Esa sería una de sus primeras luchas: llegar a las masas. Recalcó la tolerancia y el respeto a las diferencias como norma. «No queremos una sola gota más de sangre por razones políticas», enfatizó. Dice que el grupo no le teme a la justicia, es más, clama por ella. No piensan hacer defensa de su alzamiento en armas. Extendió sus manos en señal de perdón y reconciliación.

Terminada su aplaudida intervención, representantes de las comunidades indígenas ancestrales procedieron a presentarse y a fumar la pipa de la paz en señal de acuerdo y de llegada de una nueva era, una era de paz entre los hombres, de paz con la naturaleza.

Totó La Momposina, esa bella, dulce y enérgica mujer puso a bailar al público. Dijo varias verdades: lo que hace el artista es apoyar la paz y esta paz no tiene ninguna ideología o le pertenece a algún partido político, la paz es de todos; la cumbia la conocemos y la bailamos todos y por fortuna no necesita de la difusión en las emisoras. Efectivamente, todos terminamos cantando, al unísono, el coro de El pescador, esa canción de nuestra adorada headliner de este improvisado festival:

Habla con la luna

(El pescador) Habla con la playa

(El pescador) No tiene fortuna

Solo su atarraya…

* http://caracol.com.co/radio/2017/08/29/nacional/1504026353_368844.html

Por: Chejo García

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