Jóvenes que creen

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Yo creo que podemos cambiar. Siempre es posible mejorar.

 

Por: Pedro Hernández Santamaría

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En una entrevista realizada por Isa López Giraldo al expresidente de la Agencia Nacional de Infraestructura, Luis Fernando Andrade Moreno, el exfuncionario recomendó a los jóvenes ser cautelosos con la idea de entrar en el sector público, por ser una actividad altamente riesgosa, y más bien recomendó la conformación de un movimiento juvenil para cambiar el esquema actual. Todo esto pensando en hacer cambios de fondo para asegurar la entrada de los mejores y más capacitados al Gobierno y al sector público sin enfrentar riesgos.

 

Este llamado es admirable. Es el llamado a que líderes juveniles de diversos orígenes y trayectorias se pongan la camiseta para llegar a acuerdos sobre lo fundamental con relación a los problemas que aquejan al colombiano del común, y decidan invertir tiempo, dinero y energías en un(os) movimiento(s) que no estén atados a la estructura rígida basada en partidos (aunque se podrían servir de ellos) y cuya propuesta sea el cambio verdadero en la política y las instituciones.

 

Es un llamado a que los jóvenes decidamos emprender en la política. Generalmente, siempre se piensa el emprendimiento enfocado al desarrollo económico, sin embargo, también se podría pensar en el emprendimiento volcado al desarrollo social basado en acción política concreta. De ahí que necesitemos un movimiento de renovación política (en principios, ideas y prácticas) que pueda transformar la indignación en acción política, y que sea consciente de que no basta con acciones o proyectos de impacto, sino que se requiere participar en los espacios de toma de decisiones, que generalmente son políticos.

 

Sin embargo, este llamado puede considerarse una utopía. Formar un movimiento así requiere de líderes dispuestos a asumir una carrera de largo aliento. Con todo, creo que no basta con líderes reconocidos nada más. Necesitamos más ciudadanos comprometidos con no solo participar en política los días de las elecciones. Las voces entrecortadas por la vergüenza de aquellos que sufren el hambre, la pobreza, la exclusión, la discriminación, el olvido o la falta de oportunidades deben ser resonantes en los oídos de quienes queremos comprometernos por una nueva Colombia.

 

He ahí el dilema de este movimiento de renovación, que se ve acompañado de múltiples preguntas. Entre ellas: ¿Cómo lo hacemos y cómo lo lideramos? ¿Qué agenda programática debería formular para el presente y el futuro? ¿Qué plazo debería plantearse este movimiento para lograr la transformación soñada? ¿10 años? ¿15 años? ¿20 años? ¿En qué debería enfocar el interés de votar de los colombianos de a pie? ¿en elecciones legislativas o ejecutivas? ¿al nivel del barrio, de la ciudad, del departamento, del país? ¿Cómo financiarse? ¿Es posible un movimiento desligado de la estructura tradicional de partidos políticos o se debería servir de estas estructuras para consolidarse? Pero ¿acaso requerimos un movimiento más de ciudadanos? ¿No hay acaso muchos de estos movimientos, tantos como partidos?

 

En época de elecciones es válido pensar en nuestro sistema político, sin embargo, debería ser una preocupación constante y no ocasional. Yo creo que podemos cambiar. Siempre es posible mejorar. ¿Nos arriesgamos?

 

 

 

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