Juguetes, sexo y decisiones

447


Llega a sus últimos días el mes de amor y amistad, sin embargo, debemos preguntarnos si es posible disfrutar y explorar nuevos escenarios en nuestra relación de pareja. No dejen que sesgos culturales y cognitivos lo impidan. Se trata de un mercado que crece aceleradamente.

 

Por: Fernando Dueñas

Twitter: @efeduenas @elmaleconomista

Facebook: El Mal Economista 

Instagram: @maleconomista 

 

“Si el sexo no fuese la cosa más importante de la vida, el Génesis no empezaría por ahí”- Cesare Pavese

 

Llega a sus últimos días el mes de amor y amistad, un periodo del año en el que los mercados de bienes y servicios se dan por bien servidos (i.e chocolates, restaurantes, bares y moteles, entre otros), indiferentemente de los precios que los consumidores percibamos.

Sin embargo, existen mercados que, aunque tienen tasas de crecimiento envidiables, como la industria del entretenimiento para adultos y más específicamente la de artículos sexuales (se estima que para 2019 llegará a USD 32 mil millones), siguen siendo relegados a un escenario que se asocia con la inmoralidad, al menos en nuestro país. Los sesgos psicológicos y barreras culturales que en últimas perpetúan el comportamiento solapado en nuestra sociedad cimentada en la “moral”, son causa fundamental.

La economía del comportamiento nos ha ayudado a comprender que las personas, aunque consideremos actuar de forma racional y meditada, en el momento de tomar decisiones de consumo favorecemos aspectos emocionales. Sin embargo, la decisión de consumir artículos sexuales puede no solo ser influenciada por emociones, sino por sesgos culturales y cognitivos. Por lo menos esto comprobé en la búsqueda de información para esta columna. Resaltaré algunos hechos que pude observar en materia de compra de estos artículos.

Tuve la oportunidad de ir a aproximadamente seis sex shops entre el centro y el norte de Bogotá. Una de las primeras impresiones que me llevé, con gratitud, fue notar que en la mayoría de los establecimientos los consumidores más libres de tabúes sociales eran mujeres de no más de 35 años -bastante nos falta aprender de ellas de temas como placer y amor-. A su vez, los pocos hombres que estábamos en cada uno de los sitios nos aferrábamos a un comportamiento esquivo al lugar, con un particular morbo de mirar algunos artículos, como queriendo imaginar a nuestras parejas usándolos.

Seguido a las preferencias y a la naturalidad de las mujeres en estos establecimientos, noté que los artículos más comprados eran retardantes, labiales vibradores y bolas chinas. Al parecer, todos los productos, con excepción de las bolas chinas, son para uso personal y no para compartir en pareja. Las decisiones de compra sí obedecieron al sistema límbico. A pesar de esto, las emociones al parecer no estaban relacionadas con sus parejas, en caso de tenerlas.

Pero bien, más allá de las restricciones cognitivas, de las preferencias por la diversidad de artículos, y de las decisiones de compra de estos, no hay un elemento articulador en el fortalecimiento de las relaciones con el uso de artículos sexuales. Mujeres que eligen los artículos solas, pocas parejas compartiendo decisiones de compra (como mencioné más arriba, tal vez por razones de sesgos psicológicos y culturales). A pesar de ello, científicos del comportamiento se han dispuesto a investigar sobre el uso de juguetes sexuales y el impacto de la relación de pareja, con resultados que llevan a considerar provechosa una inversión en estos artículos.

Entonces, si la percepción principal sobre los artículos sexuales está ligada a prejuicios sociales y sesgos cognitivos, si las decisiones de compra de estos productos están impulsadas por la insatisfacción (como yo lo percibí), ¿por qué este mercado viene alcanzando crecimientos de más del 30%[1] anual? La respuesta está en que el uso de tecnologías y la masificación de estas ha permitido al sexo la consolidación de la industria, vía tiendas online.

Por una parte, las tasas de penetración de internet globales han llegado al 56%[2] según las estadísticas de la unión Internacional de Telecomunicaciones y en Colombia estamos llegando a una penetración que ronda el 36% de la población con base en las cifras del último informe del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones[3]. En segundo lugar, el sexo es motivo de movilización de un centenar de mercados que están en función de las necesidades y hasta de las más descabelladas preferencias de las personas. Tenemos entonces un espacio en el que todos somos iguales (internet) y un mercado en crecimiento que nos permite satisfacer los deseos más carnales al alcance de un clic.

En suma, se va septiembre, mes de amor y amistad, celebrado con chocolates y cenas románticas, agasajado con poemas y romance. Ahora bien, en términos de amor, el sexo -que se puede asemejar a los más finos sabores de vinos espumantes- mantiene su necesaria relación con nuestro trascurrir día a día. Las tiendas de artículos sexuales brindan un buen inventario de productos para dar mayor alcance al placer en pareja, más ahora con el auge de la masificación TIC. Por esto, sumar preferencias de consumo en pareja y tomar decisiones de compra de estos artículos puede ser un buen plan, no solo para este último fin de semana, sino para explorar nuevos horizontes de nuestra relación.

 

 

[1] https://www.lanacion.com.ar/2077355-la-industria-de-los-juguetes-sexuales-crece-a-un-ritmo-del-30-anual

[2] https://www.itu.int/en/ITU-D/Statistics/Pages/default.aspx

[3] Disponibles en: http://colombiatic.mintic.gov.co/679/w3-article-75854.html

comments icon 0 comentarios
bookmark icon

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *