La Colombia que nunca veré

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El domingo nuevamente hay que ir a votar, y digo ir, porque en vez de tomarlo como una oportunidad de hacer válido el derecho constitucional de elegir y ser elegido, esta campaña electoral parece más una pelea de finqueros que un Estado democrático.

Por: Oscar Andrés Martínez

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En este país priman la corrupción y las agresiones en redes sociales por no escribir ni decir lo que al otro le gusta. Colombia, el país que tiene todo para ser potencia mundial, en lo único que piensa es en cómo darle al otro en la cara e insultarlo diciéndole no heterosexual, y lo peor, comiendo cuento que nos vamos a volver como Venezuela. Ah, y no dejemos de lado que ya viene el Mundial y nos olvidamos de todo. Esa es la Colombia que veo ahora.

Los mejores y flamantes hechos de corrupción que Colombia tiene, los vamos a resumir en una lista corta de ejemplos: los dineros para los niños de la Guajira, Hidroituango, el puente Chirajara, Ruta del sol, Odebrecht, el Guavio, Foncolpuertos, Interbolsa, Dirección Nacional de Estupefacientes, carrusel de la contratación en Bogotá, Saludcoop, Fidupetrol, los carteles de hemofilia, cuadernos, pañales y para cerrar con broche de oro, el mejor ejemplo de corrupción se lo lleva Reficar. Aun así, con todos esos maravillosos ejemplos, los partidos políticos tradicionales que han estado en el poder “cuidando de los intereses de la Nación” desde la creación del Frente Nacional en el año 1958, nos dicen que nos vamos a volver como Venezuela.

Volvernos como Venezuela es la alegoría al miedo, ¿será que los colombianos que viven en el Pacífico están mejor que los venezolanos con Maduro? Los anteriores ejemplos son la evidencia clara de la corrupción en Colombia, y esta no se da porque tenemos mala suerte o por culpa de algunas manzanas podridas: son la demostración de que la clase política es corrupta, porque quienes estaban manejando esos proyectos eran recomendados, pertenecen al partido político del Gobierno de turno, estaban dentro de los acuerdos programáticos o la mermelada, como la llaman ahora.

Quienes han administrado la economía y las finanzas de la Nación han dejado claro que subir el IVA, hacer pagar más impuestos a la clase media, vender las empresas del Estado y crear exenciones de impuestos a los inversionistas no son las mejores maneras de ayudar a los más necesitados. Tampoco lo es anunciar que expropiar es el mejor camino para generar la igualdad entre los colombianos. Esos hechos son demostraciones de que hay que mantener el statu quo en materia de desigualdad para que los ricos sigan siendo ricos y los pobres sigan trabajando para los ricos. No por nada somos el segundo país más desigual de América Latina.[1]

Por otra parte, las agresiones verbales y las noticias falsas propagadas en redes sociales del tipo “mi candidato sí, el suyo no”, entre otras sandeces, hacen que el ejercicio democrático sea degradado a solo una imputación de insultos y de mentiras por no pensar igual al otro, dejando en evidencia que quienes no están conformes con el ejercicio de la política opten por votar en blanco o simplemente hagan el deporte favorito en estas épocas electorales: el abstencionismo. Esas noticias falsas o verdades a medias son generadas no solo por quienes las propagan por las redes, sino también por los medios de comunicación, periodistas que están a la orden del dueño del medio desarrollando su labor bajo la más completa obediencia y, así, en vez de informar, lo que hacen es desinformar. Periodistas que informen a la gente, que sean imparciales, a quienes las personas puedan creerles y que puedan pensar con argumentos veraces y comprobables es lo que se necesita, periodistas como Juan Gossaín, los cuales se extinguieron y en estas épocas qué falta hacen. Eso es lo que necesita Colombia.

Una Colombia en paz representa que las personas mueran por vejez y no por minas antipersona, ni por masacres para despojar tierras, campesinos que trabajen la tierra y les paguen lo justo por su trascendental labor, políticos que no se vendan por cupos indicativos ni se amangualen para tener tajada en el Gobierno de turno y así aprobarle los proyectos, que la salud sea un derecho y no un negocio, y que no tengamos que esperar a que abran agenda para una cita para un niño o un abuelo de 95 años, que la educación sea el pilar fundamental en la transformación de la sociedad, que estudiar en la universidad pública no sea visto como un favor sino como un orgullo, que los niños sepan que Atanasio Girardot fue un prócer de la patria que está homenajeado en el himno nacional y no el nombre de un estadio de fútbol, que tengamos más Rodolfo Llinás, Manuel Elkin Patarroyo, más Diana Trujillo y menos alias Popeye disfrazados de candidatos políticos. Que las finanzas de la Nación se inviertan en la gente y no en los conglomerados financieros, y lo mejor, que tengamos un país donde las diferencias ideológicas se conversen alrededor de una taza de café colombiano y no a punta de insultos en redes sociales. Esa es la Colombia que nunca veré.

[1] https://www.larepublica.co/economia/segun-el-banco-mundial-colombia-es-el-segundo-pais-mas-desigual-de-america-latina-2570469

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