La corrupción vista desde lo humano. Agendas alternativas para los precandidatos

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Los precandidatos a la presidencia buscan de forma incansable hacerse notar como la solución óptima a los problemas de corrupción. Sin embargo, al momento de analizar este problema dejan por fuera elementos subjetivos que pueden devenir en círculos viciosos que impiden la construcción de una democracia transparente.

 

Por: Fernando Dueñas

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Durante este año ha sido totalmente claro que los problemas del país van más allá de la guerra que se vivió y recrudeció en el país con las FARC[1], el ELN y los paramilitares. La corrupción se ha revelado como el principal problema que enfrenta el país, toda vez que esta le cuesta a la nación el equivalente al 4% del PIB[2]. Tanto así que, en vista de esto, los precandidatos a la presidencia han estado interesados en mostrar la lucha contra la corrupción como su principal bandera de campaña.

Gráfico 1. Relación entre percepción de corrupción e inclusión social

Fuente: Elaboración propia con base en el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) de Transparency international (2016) y el Índice de Inclusión Social de Americas Quarterly (2016).

Fuente: Elaboración propia con base en el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) de Transparency international (2016) y el Índice de Inclusión Social de Americas Quarterly (2016).

 

Pensar en que el 4% del PIB se desaprovecha gracias a las malas prácticas de grupos empresariales como Odebrecht o de políticos que desvían recursos destinados al desarrollo, permite afirmar que la corrupción afecta marcadamente la capacidad de un Estado para impulsar la inclusión social, como se evidencia en el gráfico 1[3]. Colombia es uno de los países de América Latina con menor eficiencia (en cuanto a la relación entre percepción de corrupción e inclusión social), ubicándose detrás de Uruguay, Brasil, Chile, Ecuador y Argentina. Por tanto, es razonable que una de las banderas políticas de la agenda de un precandidato sea la lucha contra la corrupción.

Sin embargo, considero que esta es una bandera con la que no se debe jugar. Para un candidato, no puede ser suficiente autoproclamarse como la panacea de la corrupción. Es necesario vincular a los ciudadanos a sus procesos políticos independientes y alternativos. Sin esta condición, las campañas no son más que un timo electoral sin bases sólidas y necesarias.

Ahora bien, los precandidatos solo han abanderado una arista de la lucha contra la corrupción. Acciones como la consulta anticorrupción[4] -aunque son importantes- son solo procesos correctivos que no aseguran la erradicación de la corrupción en Colombia. Una acción correctiva no es suficiente a la hora de solucionar el problema. Es pertinente dar más relevancia a comprender el comportamiento de los ciudadanos, es decir, impulsar acciones preventivas que faciliten terminar con el círculo vicioso de la corrupción. Es por esto que vale la pena mencionar algunos lineamientos que pueden ayudar a observar a los ciudadanos como parte vital de los sistemas democráticos y cómo el comportamiento de estos puede facilitar la implementación de políticas anticorrupción.

 

El ciudadano: Eje fundamental de la democracia

 

Los procesos democráticos implican que deben existir formas activas de participación ciudadana y, siguiendo esta lógica, los precandidatos deben trabajar en diseñar mecanismos que fomenten la confianza de los ciudadanos. Trabajar para corregir la percepción sobre la democracia en el país es un paso necesario en la lucha contra la corrupción. Según la encuesta de cultura política del DANE, en 2015 el 59% de los colombianos consideraban que el país es medianamente democrático, mientras que a 2017 solo el 55.6% lo cree: una pérdida de tres puntos porcentuales en solo dos años.

Asimismo, en términos de satisfacción, en 2015 el 44% de los colombianos se sentía muy insatisfecho con la forma en que la democracia funcionaba en el país, mientras que para el año 2017 la cifra aumentó a 50% de insatisfacción. Si se tomaran estos porcentajes como indicadores de eficiencia de la democracia, hay una deuda con los ciudadanos en materia de percepción democrática. Tener ciudadanos desilusionados con la democracia permite que surjan estructuras de corrupción, ya que están desinteresados en la coyuntura nacional.

En consecuencia, los precandidatos y sus equipos programáticos deben adentrarse en las razones de insatisfacción de los ciudadanos, indagar cuáles son los motivos y jerarquizarlos. Esto va con el fin de diseñar mecanismos de rendición de cuentas eficientes y participativos para lograr un empoderamiento efectivo del ciudadano, donde este perciba un mejoramiento de sus libertades políticas (p. ej. fomento a la participación en las agendas en materia de necesidades para la población por medio de plataformas digitales y capacitación).

 

Fomento de comportamientos preventivos. Ir más allá de lo correctivo

Es tarea de los precandidatos y sus equipos de trabajo analizar cuáles son los patrones de comportamiento de las personas y cómo reaccionan ante un incentivo que promueva la corrupción. Así mismo, corresponde a los formuladores de política pública el diseño de dinámicas que prevengan a la población de comportamientos corruptos. Por ejemplo, James, Adam y Liane (2014) indagan qué factores pueden influir en la adopción de normas motivadas en grupos sociales como la lealtad frente a normas formales como la justicia, y de esta forma analizan cómo estos factores pueden llegar a promover/prevenir la corrupción o disuadir a las personas en sus formas de actuar. La necesidad está en que el problema de la corrupción sea abordado no solo desde las esferas políticas, sino desde esfuerzos impulsados por la academia y otros centros de investigación del comportamiento que permitan una mejor interacción entre ciudadanos y políticos.

En suma, las cifras oficiales dan evidencia de una deuda con la sociedad civil en materia de transparencia y confianza en el sistema político colombiano. Los candidatos deben ampliar el alcance al significado de lo que hoy aceptan como lucha anticorrupción, y este alcance implica indagar en las ciencias de la conducta humana. Comprender las razones que motivan a los ciudadanos para no creer en un posible cambio de rumbo, sería un primer paso en el diseño de mecanismos de rendición de cuentas, una política amplia que permita reducir progresivamente el círculo vicioso de la corrupción. Todo lo anterior debe incidir en las familias, los grupos sociales, las empresas y por supuesto en los círculos políticos. Solo así podremos hablar de un país más transparente.

Post scriptum. La tarea de la lucha contra la corrupción debe ser impulsada principalmente por nosotros los ciudadanos. Elegir bien está en nuestras manos.

Bibliografía

James , D., Adam , W., & Liane , Y. (2014). Corruption in the Context of Moral Trade-offs (Vol. 26). Journal of Interdisciplinary Economics.

 

 

[1] 220.000 asesinatos documentados según el informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad del Centro Nacional de Memoria Histórica.

[2] http://www.eltiempo.com/justicia/delitos/precio-de-la-corrupcion-en-colombia-61749

[3] En el eje x el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) califica de 0 (Muy corrupto) a 100 (percepción de ausencia de corrupción). A su vez, en el eje y, el Índice de Inclusión Social (IIS) califica de 0 (baja inclusión social) a 100 (alta inclusión social).

[4] Eliminar el beneficio de casa por cárcel para corruptos, reducir los salarios de congresistas, rendición de cuentas, hacer público su patrimonio, entre otros.

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