La dictadura del Polo en las universidades: desvirtuando el rol de los estudiantes

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“(…) cualquier acto de intervención de los representantes estudiantiles parecía escrito por el mismo libretista, con el único propósito de encerrarse en una pobre estructura argumentativa plagada de adjetivos repetitivos siempre acompañados por la palabra neoliberal.”

Hace algunas semanas el país fue testigo de cómo algunos grupos de estudiantes colombianos en las universidades Nacional y de los Andes protagonizaron protestas en contra del Presidente de la República República. En esencia decidieron montar un espectáculo para cuestionar sus tesis de gobierno en medio de eventos programados previamente con el propósito de discutir algunos temas asociados al proceso de paz. Tanto las reacciones de los estudiantes, encabezados por “líderes estudiantiles”, como los pronunciamientos a favor y en contra emitidos por académicos, políticos y ciudadanos del común han tenido un amplio despliegue en medios de comunicación y en redes sociales. Sin embargo, en pocos escenarios se realizó un verdadero análisis de un problema subyacente y que debería ser motivo de preocupación en Colombia, la falta de criterio y ausencia de autonomía en los movimientos estudiantiles de nuestro país.

Los movimientos estudiantiles son agrupaciones necesarias en cualquier sociedad democrática que funcionan como un mecanismo de participación e intervención de los estudiantes en los temas propios de sus universidades y del acontecer político, económico y social del país. A través de la historia, las voces de los estudiantes se han hecho oír en Colombia y el mundo y han logrado cambios importantes en nuestras comunidades, cambios por lo que no pocas veces algunos de ellos han pagado con la vida, ante la intolerancia o insensatez del gobernante de turno. No obstante, los tiempos han cambiado y las organizaciones de estudiantes ahora operan como estructuras políticas de base de los movimientos de izquierda colombianos, particularmente del Polo Democrático, fue así como durante mis años de estudiante de economía en la Universidad Nacional fui testigo de la lamentable decadencia y peligrosa radicalización de los representantes estudiantiles. Durante años fue común para mi ver cómo cualquier acto de intervención de los representantes estudiantiles parecía escrito por el mismo libretista, con el único propósito de encerrarse en una pobre estructura argumentativa plagada de adjetivos repetitivos siempre acompañados por la palabra neoliberal.

Estas intervenciones, muy similares al espectáculo dado por Sara Abril en la Nacional (disponible en YouTube para quien quiera divertirse) o por Carlos Acero en los Andes reflejan la manera en la cual personas con la más alta formación académica pueden terminar careciendo de capacidad argumentativa cuando militan ciegamente en una organización política. Un escenario que se agrava cuando revisamos la participación casi unánime de militantes del Polo Joven en los órganos colegiados de las universidades.

Así, nos encontramos ante dos terribles problemáticas: 1. La izquierda colombiana ha convertido las universidades, públicas y privadas, en un fortín político plagado de individuos carentes de argumentos y expertos en desvirtuar al contrincante con adjetivos que le descalifican y alzando el tono de voz, como sucedió con Sara Abril quien es miembro del Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional y no tuvo problema con aplicarle esta técnica al Presidente de la República. 2. Los necesarios mecanismos de participación de los estudiantes van perdiendo credibilidad dentro de la opinión pública ante la falta de la diversidad en sus posiciones políticas y la forma inteligente, hay que admitirlo, en la que la izquierda se ha apropiado de ellos para usarlos como plataforma política.

Nos enfrentamos pues a dos problemas que parecen no tener solución. El primero es resultado de la clara jerarquización que tienen los movimientos de izquierda en las universidades, donde desde los primeros semestres los nuevos estudiantes son sometidos a un claro proceso de politización sin la posibilidad de acceder a una visión más amplia del espectro político colombiano. El segundo es consecuencia de la atomización y carencia de organización de los restantes movimientos políticos al interior de las universidades, quienes no cuentan con la suficiente experiencia ni número de simpatizantes para participar de los procesos democráticos universitarios y/o no hacen uso de las típicas vías de promoción política de la izquierda (léase como marchas, carteles empapelando los edificios universitarios, entre otras estrategias trasnochadas que resultan efectivas para los representantes del Polo).

A estos hechos deberíamos sumar otras problemáticas que trascienden a temas de orden público como la infiltración de universidades por agrupaciones al margen de la ley, la falta de institucionalidad para promover un debate de ideas desde los campus universitarios, la indiferencia de muchos estudiantes que prefieren no participar de los diferentes mecanismos de representación política, entre otros factores. Favoreciendo la dictadura del Polo en nuestras universidades, una dictadura que se disfraza como un grito de indignación de quienes dicen defender la democracia y buscar un país diferente.

Entretanto: Me causaron curiosidad los artículos alabando a los estudiantes militantes del Polo Joven y publicados por Las 2 Orillas, en los cuales se construyen sendos perfiles con sus inmejorables credenciales académicas, pero se habla poco de sus ideas políticas y sus argumentos para oponerse a las diferentes políticas universitarias y de orden nacional que han criticado persistentemente. Algo que me parecería infinitamente más interesante, porque las credenciales académicas no dicen nada per se de una persona pues hemos visto muchos personajes altamente calificados que no han construido país, como Samuel Moreno quien estudió en Harvard o los Nule que asistieron con éxito a las universidades Javeriana y de los Andes, entre otros tantos (de derecha, centro e izquierda) cuyos títulos no les han servido de nada (…)

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