La economía no funciona sin el medioambiente

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La economía colombiana, durante la última década, ha sido impulsada por la extracción de recursos naturales no renovables (minería y petróleo). Los indicadores de crecimiento son la preocupación de la mayoría de los economistas, que el PIB, la deuda externa, la calificación J.P. Morgan, la tasa de cambio, la devaluación del peso, la inflación, entre otros, son el constante discurso que se utiliza para decir que la economía colombiana va bien o va mal.

Por: Oscar Andrés Martínez

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Los efectos de las actividades productivas y humanas, así como las funciones del medio ambiente sobre el capital natural del país, se dejan en un segundo plano dentro de los análisis económicos, porque se olvida que el medioambiente es la fábrica de la materia prima o insumos que toda sociedad usa, estos insumos son conocidos también como los bienes y servicios ambientales. Si se excluyen estos efectos bienes y servicios de los análisis económicos se puede afirmar que la economía no funciona sin el medio ambiente.

 

Las funciones del medioambiente, según el economista David Pearce, corresponden a: producción, recepción de residuos y desechos, provisión de bienes y servicios naturales y, finalmente, sostenimiento de la vida. Estas funciones, para el caso de la economía colombiana, pueden representarse de la siguiente manera.

La producción de bienes y servicios que se están comercializando en la economía colombiana dependen y consumen recursos naturales, como el agua, la tierra, alimentos, animales y plantas medicinales, entre otros. Se busca hacer negocios y generar utilidades en el mediano plazo para que la economía sea próspera y se cumplan así las metas macroeconómicas planteadas en el plan de desarrollo respectivo, sin tener en cuenta que esas utilidades no reemplazan ni sustituyen los bienes y servicios ambientales que provee el medioambiente a los ciudadanos.

Por otra parte, el medioambiente desarrolla una labor de basurero, porque día tras día se encuentra recibiendo desechos de toda clase, resultado de las actividades productivas y de consumo de la sociedad. El ejemplo más representativo es el relleno sanitario o botadero a cielo abierto Doña Juana, localizado en Bogotá, donde llegan diariamente alrededor de 6000 toneladas de residuos y desechos. Cerca del 43% de los materiales que se llevan a este lugar pueden ser aprovechados y reincorporados a los procesos productivos. Este porcentaje se debe acompañar de la problemática social y el deterioro de la calidad ambiental y económica de la zona.

El valor económico de las viviendas aledañas al relleno tiene una tendencia a la baja, porque nadie se instalaría al lado de un relleno sanitario donde la calidad del aire es mala, la proliferación de roedores, moscas y otros animales está en aumento y, lo más importante, la economía de la zona va en descenso, debido a que los ingresos de los habitantes se reducen a causa de enfermedades tanto respiratorias como de piel. Esto genera que la productividad de las personas baje y, por consiguiente, la oferta y demanda de bienes y servicios se vea afectada. Es decir, la teoría de oferta y demanda deja de cumplir su papel de manera efectiva.

Por otra parte, el medioambiente presenta una oferta de bienes naturales tales como el paisaje, los parques y los bosques que son sitios cuyos servicios son demandados por la sociedad. En este caso, las reservas naturales y los parques naturales se convierten en sitios turísticos donde la mayoría pasan tiempos de descanso o vacaciones. Estos lugares son fuente de ingresos, donde la economía de la zona y los indicadores económicos como el PIB se ven beneficiados. Si se deterioran o destruyen los bienes ambientales de esas zonas, las visitas disminuyen y, por tanto, la economía decrece, generando problemas económicos y sociales como el desempleo y la informalidad.

Además, el medioambiente es la principal fuente de sostenimiento de toda clase de vida. No es el PIB, tampoco el IPC y el IPP, ni mucho menos la tasa de cambio junto con el precio del barril de petróleo los que generan el sustento que necesita una sociedad. El medioambiente proporciona alimentos, calidad del aire, regula inundaciones, genera agua para consumo humano, entre otros bienes y servicios ambientales básicos para la existencia del ser humano. El PIB y el IPC, son solo indicadores para medir el estado de una economía, pero que resultan más importantes que los bienes y servicios ambientales. Con esos indicadores la gente no se alimenta, no respira aire limpio ni tampoco consume agua.

Sin todos estos bienes y servicios ambientales la economía colombiana no funcionaría. Sin el agua potable que se consume en viviendas y empresas estas no funcionarían. Si se intervienen o realinderan las zonas de páramo (que son las fábricas de agua) para el desarrollo de proyectos mineros o de petróleo, no habrá agua para consumo ni para hidroeléctricas. Sin agua no habrá producción, por lo cual no habrá ingresos económicos para las industrias. Sin estos ingresos no habrá contratación de mano de obra y sin mano de obra no habrá consumidores que paguen por productos. De esta forma se evidencia que la afectación de un bien ambiental como el agua, sobre la economía y sus indicadores, sería considerable.

La intervención de áreas de bosques que funcionan como reguladores de CO2 y como productores de oxígeno, causarían que la contaminación atmosférica se eleve y por consiguiente la tasa de atención a pacientes con enfermedades respiratorias aumentaría. Así volvemos al mismo análisis: sin trabajadores no hay producción, sin producción no hay generación de empleos, se disminuye la mano de obra y los ingresos caen, entonces los índices de precios al productor y al consumidor se declinan sustancialmente.

Lo señalado por parte del economista José Antonio Ocampo[1] en su columna del 17 de enero de 2018, tiene una inmensa validez: el petróleo no es el futuro. La inversión en ciencia y tecnología es el incentivo que se necesita para que la economía y la productividad aumenten, de tal forma que se cree una mejora en la calidad de la canasta exportadora.

Finalmente, iniciativas como la política de crecimiento verde y los negocios verdes, son un aliciente para cambiar la estructura económica del país y de paso la estructura mental de los economistas, porque para que el modelo económico y econométrico siga generando los resultados que la teoría económica indica, es necesario tener al medioambiente como pilar fundamental para el desarrollo de cualquier estudio o modelo. Sin embargo, estas iniciativas están a años luz de impulsar los resultados que una economía basada en bienes y servicios ambientales esperaría. Un país como Colombia, con un capital natural mayor al de las grandes potencias económicas del mundo, debe fortalecer la protección de este para no tener que recurrir a medidas tan extremas como las de Ciudad del Cabo en materia del ahorro del agua.

[1] http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jose-antonio-ocampo/el-petroleo-no-es-el-futuro-172288

Los efectos de las actividades productivas y humanas, así como las funciones del medio ambiente sobre el capital natural del país, se dejan en un segundo plano dentro de los análisis económicos, porque se olvida que el medioambiente es la fábrica de la materia prima o insumos que toda sociedad usa, estos insumos son conocidos también como los bienes y servicios ambientales. Si se excluyen estos efectos bienes y servicios de los análisis económicos se puede afirmar que la economía no funciona sin el medio ambiente.

 

Las funciones del medioambiente, según el economista David Pearce, corresponden a: producción, recepción de residuos y desechos, provisión de bienes y servicios naturales y, finalmente, sostenimiento de la vida. Estas funciones, para el caso de la economía colombiana, pueden representarse de la siguiente manera.

La producción de bienes y servicios que se están comercializando en la economía colombiana dependen y consumen recursos naturales, como el agua, la tierra, alimentos, animales y plantas medicinales, entre otros. Se busca hacer negocios y generar utilidades en el mediano plazo para que la economía sea próspera y se cumplan así las metas macroeconómicas planteadas en el plan de desarrollo respectivo, sin tener en cuenta que esas utilidades no reemplazan ni sustituyen los bienes y servicios ambientales que provee el medioambiente a los ciudadanos.

Por otra parte, el medioambiente desarrolla una labor de basurero, porque día tras día se encuentra recibiendo desechos de toda clase, resultado de las actividades productivas y de consumo de la sociedad. El ejemplo más representativo es el relleno sanitario o botadero a cielo abierto Doña Juana, localizado en Bogotá, donde llegan diariamente alrededor de 6000 toneladas de residuos y desechos. Cerca del 43% de los materiales que se llevan a este lugar pueden ser aprovechados y reincorporados a los procesos productivos. Este porcentaje se debe acompañar de la problemática social y el deterioro de la calidad ambiental y económica de la zona.

El valor económico de las viviendas aledañas al relleno tiene una tendencia a la baja, porque nadie se instalaría al lado de un relleno sanitario donde la calidad del aire es mala, la proliferación de roedores, moscas y otros animales está en aumento y, lo más importante, la economía de la zona va en descenso, debido a que los ingresos de los habitantes se reducen a causa de enfermedades tanto respiratorias como de piel. Esto genera que la productividad de las personas baje y, por consiguiente, la oferta y demanda de bienes y servicios se vea afectada. Es decir, la teoría de oferta y demanda deja de cumplir su papel de manera efectiva.

Por otra parte, el medioambiente presenta una oferta de bienes naturales tales como el paisaje, los parques y los bosques que son sitios cuyos servicios son demandados por la sociedad. En este caso, las reservas naturales y los parques naturales se convierten en sitios turísticos donde la mayoría pasan tiempos de descanso o vacaciones. Estos lugares son fuente de ingresos, donde la economía de la zona y los indicadores económicos como el PIB se ven beneficiados. Si se deterioran o destruyen los bienes ambientales de esas zonas, las visitas disminuyen y, por tanto, la economía decrece, generando problemas económicos y sociales como el desempleo y la informalidad.

Además, el medioambiente es la principal fuente de sostenimiento de toda clase de vida. No es el PIB, tampoco el IPC y el IPP, ni mucho menos la tasa de cambio junto con el precio del barril de petróleo los que generan el sustento que necesita una sociedad. El medioambiente proporciona alimentos, calidad del aire, regula inundaciones, genera agua para consumo humano, entre otros bienes y servicios ambientales básicos para la existencia del ser humano. El PIB y el IPC, son solo indicadores para medir el estado de una economía, pero que resultan más importantes que los bienes y servicios ambientales. Con esos indicadores la gente no se alimenta, no respira aire limpio ni tampoco consume agua.

Sin todos estos bienes y servicios ambientales la economía colombiana no funcionaría. Sin el agua potable que se consume en viviendas y empresas estas no funcionarían. Si se intervienen o realinderan las zonas de páramo (que son las fábricas de agua) para el desarrollo de proyectos mineros o de petróleo, no habrá agua para consumo ni para hidroeléctricas. Sin agua no habrá producción, por lo cual no habrá ingresos económicos para las industrias. Sin estos ingresos no habrá contratación de mano de obra y sin mano de obra no habrá consumidores que paguen por productos. De esta forma se evidencia que la afectación de un bien ambiental como el agua, sobre la economía y sus indicadores, sería considerable.

La intervención de áreas de bosques que funcionan como reguladores de CO2 y como productores de oxígeno, causarían que la contaminación atmosférica se eleve y por consiguiente la tasa de atención a pacientes con enfermedades respiratorias aumentaría. Así volvemos al mismo análisis: sin trabajadores no hay producción, sin producción no hay generación de empleos, se disminuye la mano de obra y los ingresos caen, entonces los índices de precios al productor y al consumidor se declinan sustancialmente.

Lo señalado por parte del economista José Antonio Ocampo[1] en su columna del 17 de enero de 2018, tiene una inmensa validez: el petróleo no es el futuro. La inversión en ciencia y tecnología es el incentivo que se necesita para que la economía y la productividad aumenten, de tal forma que se cree una mejora en la calidad de la canasta exportadora.

Finalmente, iniciativas como la política de crecimiento verde y los negocios verdes, son un aliciente para cambiar la estructura económica del país y de paso la estructura mental de los economistas, porque para que el modelo económico y econométrico siga generando los resultados que la teoría económica indica, es necesario tener al medioambiente como pilar fundamental para el desarrollo de cualquier estudio o modelo. Sin embargo, estas iniciativas están a años luz de impulsar los resultados que una economía basada en bienes y servicios ambientales esperaría. Un país como Colombia, con un capital natural mayor al de las grandes potencias económicas del mundo, debe fortalecer la protección de este para no tener que recurrir a medidas tan extremas como las de Ciudad del Cabo en materia del ahorro del agua.

[1] http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jose-antonio-ocampo/el-petroleo-no-es-el-futuro-172288

Los efectos de las actividades productivas y humanas, así como las funciones del medio ambiente sobre el capital natural del país, se dejan en un segundo plano dentro de los análisis económicos, porque se olvida que el medioambiente es la fábrica de la materia prima o insumos que toda sociedad usa, estos insumos son conocidos también como los bienes y servicios ambientales. Si se excluyen estos efectos bienes y servicios de los análisis económicos se puede afirmar que la economía no funciona sin el medio ambiente.

 

Las funciones del medioambiente, según el economista David Pearce, corresponden a: producción, recepción de residuos y desechos, provisión de bienes y servicios naturales y, finalmente, sostenimiento de la vida. Estas funciones, para el caso de la economía colombiana, pueden representarse de la siguiente manera.

La producción de bienes y servicios que se están comercializando en la economía colombiana dependen y consumen recursos naturales, como el agua, la tierra, alimentos, animales y plantas medicinales, entre otros. Se busca hacer negocios y generar utilidades en el mediano plazo para que la economía sea próspera y se cumplan así las metas macroeconómicas planteadas en el plan de desarrollo respectivo, sin tener en cuenta que esas utilidades no reemplazan ni sustituyen los bienes y servicios ambientales que provee el medioambiente a los ciudadanos.

Por otra parte, el medioambiente desarrolla una labor de basurero, porque día tras día se encuentra recibiendo desechos de toda clase, resultado de las actividades productivas y de consumo de la sociedad. El ejemplo más representativo es el relleno sanitario o botadero a cielo abierto Doña Juana, localizado en Bogotá, donde llegan diariamente alrededor de 6000 toneladas de residuos y desechos. Cerca del 43% de los materiales que se llevan a este lugar pueden ser aprovechados y reincorporados a los procesos productivos. Este porcentaje se debe acompañar de la problemática social y el deterioro de la calidad ambiental y económica de la zona.

El valor económico de las viviendas aledañas al relleno tiene una tendencia a la baja, porque nadie se instalaría al lado de un relleno sanitario donde la calidad del aire es mala, la proliferación de roedores, moscas y otros animales está en aumento y, lo más importante, la economía de la zona va en descenso, debido a que los ingresos de los habitantes se reducen a causa de enfermedades tanto respiratorias como de piel. Esto genera que la productividad de las personas baje y, por consiguiente, la oferta y demanda de bienes y servicios se vea afectada. Es decir, la teoría de oferta y demanda deja de cumplir su papel de manera efectiva.

Por otra parte, el medioambiente presenta una oferta de bienes naturales tales como el paisaje, los parques y los bosques que son sitios cuyos servicios son demandados por la sociedad. En este caso, las reservas naturales y los parques naturales se convierten en sitios turísticos donde la mayoría pasan tiempos de descanso o vacaciones. Estos lugares son fuente de ingresos, donde la economía de la zona y los indicadores económicos como el PIB se ven beneficiados. Si se deterioran o destruyen los bienes ambientales de esas zonas, las visitas disminuyen y, por tanto, la economía decrece, generando problemas económicos y sociales como el desempleo y la informalidad.

Además, el medioambiente es la principal fuente de sostenimiento de toda clase de vida. No es el PIB, tampoco el IPC y el IPP, ni mucho menos la tasa de cambio junto con el precio del barril de petróleo los que generan el sustento que necesita una sociedad. El medioambiente proporciona alimentos, calidad del aire, regula inundaciones, genera agua para consumo humano, entre otros bienes y servicios ambientales básicos para la existencia del ser humano. El PIB y el IPC, son solo indicadores para medir el estado de una economía, pero que resultan más importantes que los bienes y servicios ambientales. Con esos indicadores la gente no se alimenta, no respira aire limpio ni tampoco consume agua.

Sin todos estos bienes y servicios ambientales la economía colombiana no funcionaría. Sin el agua potable que se consume en viviendas y empresas estas no funcionarían. Si se intervienen o realinderan las zonas de páramo (que son las fábricas de agua) para el desarrollo de proyectos mineros o de petróleo, no habrá agua para consumo ni para hidroeléctricas. Sin agua no habrá producción, por lo cual no habrá ingresos económicos para las industrias. Sin estos ingresos no habrá contratación de mano de obra y sin mano de obra no habrá consumidores que paguen por productos. De esta forma se evidencia que la afectación de un bien ambiental como el agua, sobre la economía y sus indicadores, sería considerable.

La intervención de áreas de bosques que funcionan como reguladores de CO2 y como productores de oxígeno, causarían que la contaminación atmosférica se eleve y por consiguiente la tasa de atención a pacientes con enfermedades respiratorias aumentaría. Así volvemos al mismo análisis: sin trabajadores no hay producción, sin producción no hay generación de empleos, se disminuye la mano de obra y los ingresos caen, entonces los índices de precios al productor y al consumidor se declinan sustancialmente.

Lo señalado por parte del economista José Antonio Ocampo[1] en su columna del 17 de enero de 2018, tiene una inmensa validez: el petróleo no es el futuro. La inversión en ciencia y tecnología es el incentivo que se necesita para que la economía y la productividad aumenten, de tal forma que se cree una mejora en la calidad de la canasta exportadora.

Finalmente, iniciativas como la política de crecimiento verde y los negocios verdes, son un aliciente para cambiar la estructura económica del país y de paso la estructura mental de los economistas, porque para que el modelo económico y econométrico siga generando los resultados que la teoría económica indica, es necesario tener al medioambiente como pilar fundamental para el desarrollo de cualquier estudio o modelo. Sin embargo, estas iniciativas están a años luz de impulsar los resultados que una economía basada en bienes y servicios ambientales esperaría. Un país como Colombia, con un capital natural mayor al de las grandes potencias económicas del mundo, debe fortalecer la protección de este para no tener que recurrir a medidas tan extremas como las de Ciudad del Cabo en materia del ahorro del agua.

[1] http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jose-antonio-ocampo/el-petroleo-no-es-el-futuro-172288

 

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