La gobernabilidad del príncipe Uribista

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Los medios de comunicación en Colombia presentaron ansiosos los resultados de opinión sobre los primeros 100 días del presidente Iván Duque y todo lo que prometió adelantar una vez llegara al cargo a través de su partido de gobierno, Centro Democrático. No obstante, los resultados en la opinión pública y en medios de comunicación no fueron los mejores para el mandatario.

Por: Daniela Moreno Martínez

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Semanas antes de recibir los resultados de la encuesta Invamer, que arrojaba una caída de 26,6 puntos en la percepción de favorabilidad del mandatario, el presidente del Congreso – Ernesto Macías – publicó en Twitter que ante la dificultad que experimentaba el gobierno nacional para aprobar proyectos ante el legislativo, habría que convocar una Asamblea Constituyente para dar trámite a las iniciativas presidenciales.

Nada de lo dicho anteriormente es secreto o novedad para ningún medio de comunicación o analista político que haya escrito al respecto. Lo que sí es interesante entender es por qué la dificultad del presidente Iván Duque para dar un arranque seguro y confiable a sus iniciativas en el corto periodo que lleva como presidente, más cuando proviene de un partido político cuyo rumor en la campaña era que, al llegar al Congreso, se convertiría en una “Aplanadora Uribista”.

Es por ello que cobra importancia entender tres de los factores principales que pretenden dar cuenta de la realidad política que trunca el proyecto nacional del presidente. Los factores se desagregan de la siguiente manera: fragmentación entre el presidente y Centro Democrático, la función política del Congreso de la República como contrapeso al poder ejecutivo, y la fuerza política del presidente y su gabinete de ministros.

La agenda política Uribista, fuera de la acérrima oposición a los acuerdos de paz, no tenía mayores propuestas programáticas que convocaran nuevos proyectos económicos, más programas sociales o liderazgo político en la arena internacional. Su agenda y apuesta como bancada era simple: oponerse a los acuerdos de paz “a lo que marque”. En términos de la estrategia para acaparar el electorado en la campaña presidencial, el trabajo de los Uribistas fue fascinante: por un lado, Álvaro Uribe marcando la línea de derecha más contundente del espectro político; y por el otro lado, Iván Duque mostrándose como un amigo del diálogo y la diplomacia que estaría dispuesto a negociar los acuerdos, pero no necesariamente a hacerlos trizas. La fragmentación del discurso entre lo “blando” que representaba Iván Duque y lo contundente de Álvaro Uribe, tendría problemas significativos al momento de ejercer el poder en la presidencia, tal como lo está experimentando el gobierno en la actualidad.

Tomada de Twitter @IvanDuque
Tomada de Twitter @IvanDuque

Un estadista debe rendirle cuentas a su electorado y materializar sus propuestas de campaña (o al menos aparentar que lo está haciendo), pero también debe tener carácter y astucia para saber en qué momento hacer lo que, por interés nacional y político, le conviene más a su gobierno y a su país. Duque se encuentra en esa dicotomía que parece servir a todos los estadistas que ocuparon la presidencia anteriormente, pero el argumento se vuelve estéril cuando se entiende que detrás del capital político de Duque está el capital político de Álvaro Uribe. El presidente Iván Duque debe rendirle cuentas al electorado que lo eligió, que ya de por sí, es un electorado fragmentado. Están, por una parte, las personas con posiciones de derecha, las “blandas”, dispuestas a implementar los acuerdos de paz; y, en la otra mano, el electorado de línea “dura” que no es muy amigo de la diplomacia y que prefiere que las cosas se hagan más por decreto que por consenso.

En el Centro Democrático ya se evidencian las críticas al presidente por parte de aquellos de línea “dura”, como Paloma Valencia y María Fernanda Cabal, tal como como lo publicó un artículo de El Espectador. El senador Álvaro Uribe manifestó que era necesario que “Duque enderece, porque si no endereza, nos va muy mal” (El Tiempo, 2018). La situación es simple: o Duque hace lo que su jefe político de la línea dura, de la derecha, le demanda o se desvincula de dicho proyecto y arranca una presidencia con carácter, que apunte a lo que muy en el fondo él sabe que le conviene al país: la implementación de los acuerdos, proyectos económicos menos violentos con la clase media, y más consenso con el Congreso sobre la reforma política y de justicia que se necesitan en el país. Maquiavelo afirmaba que aquel príncipe que obtiene su reino por medio de la ayuda económica y militar de otro príncipe, jamás tendrá la autonomía y capacidad política suficiente para mantener su mandato de forma independiente de los intereses y voluntades de su prestamista.

Es interesante entender por qué algunos sectores de la opinión pública critican ferozmente la oposición del Congreso a las iniciativas legislativas del ejecutivo, cuando en realidad es exactamente esa la labor que el órgano legislativo debe asumir en calidad de contrapeso político a las voluntades presidenciales. Es simple, y tal como lo afirmó Baron de Montesquieu en la teoría de la distribución del poder, cada rama del Estado debe funcionar como un contrapeso a la voluntad de las otras dos (Fuentes, 2011).

¿Acaso no es el deber del Congreso frenar el poder del ejecutivo cuando los proyectos de este amenacen los intereses ciudadanos que los partidos pretenden representar en el legislativo? Es por esa razón que el accountability (rendición de cuentas) ante el Congreso garantiza la responsabilidad política que el presidente y su partido tienen con el resto del país. El convocar una Asamblea Constituyente es solo la manifestación de la inconformidad del militante del Centro Democrático y presidente del Congreso por no ser capaces de aprobar los proyectos a través de la institucionalidad del ordenamiento jurídico colombiano.

Ahora bien, frente a la vinculación del derecho internacional al dilema de la implementación de los acuerdos de paz, la demanda de las instituciones internacionales sobre este tema obedece a la lógica simple de haber ayudado a su financiación. La Unión Europea, Naciones Unidas, Alemania y Noruega; fueron algunas de las instituciones y países que le manifestaron al presidente Iván Duque la necesidad de implementar los acuerdos (El País, 2018). La agenda política de oposición a los acuerdos es anacrónica y política y jurídicamente inviable. Las reformas del Centro Democrático obligan, naturalmente, a modificar lo acordado y aprobado por el derecho internacional y, cabe recordad, que la Corte Penal Internacional señaló recientemente su compromiso de veedor y protector de los derechos humanos, subrayando que, si no se garantizaba lo acordado y que los crímenes de lesa humanidad quedan impunes, intervendría (El País, 2018).

Iván Duque y el Primer Ministro de los Países Bajos, Mark Rutte. Tomada de Twitter @IvanDuque
Iván Duque y el Primer Ministro de los Países Bajos, Mark Rutte. Tomada de Twitter @IvanDuque

Al cambiar la implementación de los acuerdos se desconoce la obligatoriedad de cumplimiento del derecho internacional según lo cual se acordó y se aprobó con la veeduría de la justicia internacional. Modificar los acuerdos o no implementarlos (la bandera política con la que ganó el presidente y su partido político) ya no parece tan fácil. Sin poder modificarlos, ¿qué queda de novedoso de la agenda política del presidente y su partido político?

Adicionalmente, el gabinete de ministros con los que cuenta actualmente Iván Duque no ha ayudado para nada en el diálogo que él, como jefe de gobierno, debería tener con el Congreso. Los ministros deben asistir a las plenarias en el Congreso y dialogar con los partidos para promover y garantizar su beneplácito a la agenda política del presidente, sin embargo, en varios debates en el Senado, y como tal lo expresó La Silla Vacía en su artículo “Congreso y Gobierno, un noviazgo que se enfría”, los ministros del presidente no han tenido el liderazgo suficiente ni la persuasión política para garantizar el trámite de los proyectos del Duque ante el Congreso. El problema de gobernabilidad del Presidente, materializado en el poco diálogo con su partido político y la escaza paciencia de sus ministros para convencer a los senadores de aprobar sus iniciativas, permiten entender la elocuente decepción que se evidenció en la caída de la aprobación popular al ejecutivo en la encuesta de Invamer.

Por alguna razón, los militantes del Centro Democrático han pedido mayor benevolencia al momento de evaluar los avances del gobierno del presidente Duque con el argumento de que es un hombre inexperto en el quehacer presidencial, o que la coyuntura de la implementación de los acuerdos de paz y las manifestaciones sociales no le han facilitado su gobernanza. Pero ¿acaso no era una expectativa de estadista sensato, capaz y sofisticado lo que llevó a Duque a la presidencia? Por qué ser más pacientes con el ejecutivo a los 100 días de su mandato, cuando al resto de presidentes en la historia del país (incluyendo a Álvaro Uribe) ya se les había exigido para ese momento un proyecto político macro claro para Colombia. Nada más sensato e inteligente que el reciente comunicado del senador Uribe de convocar una coalición partidista para aprobar las iniciativas del gobierno que, de no lograrse, se hundirían el resto de proyectos que tiene su partido. Duque tendrá que escoger si seguir con las directrices de su jefe político y la derecha acérrima de su partido, o declarar mayor independencia en su gobierno. La prudencia, como mayor cualidad de un estadista, es lo que le permite al actor racional tomar las mejores decisiones en la arena política que lo desafía en su cotidianidad.

 

Referencias:

 

El Espectador (2016). Propuestas del Centro Democrático: ¿realistas o para dilatar? Encontrado en: https://www.elespectador.com/noticias/politica/propuestas-realistas-o-dilatar-articulo-660359

 

El País (2018). ONU y países que donaron a Colombia tras el procesos de paz piden a Duque cumplir con los acuerdos. Encontrado en: https://www.elpais.com.co/proceso-de-paz/onu-y-paises-que-donaron-a-colombia-tras-el-piden-a-duque-cumplir-con-los-acuerdos.html

 

Guzmán, A (2018). Pacto Fundamental. El País. Encontrado en: https://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/alvaro-guzman-barney/pacto-fundamental.html

 

Huertas, J (2018). Congreso y Gobierno, un noviazgo que se enfría. La Silla Vacía. Encontrado en:  https://lasillavacia.com/congreso-y-gobierno-un-noviazgo-que-se-enfria-68299

 

Fuentes, C (2011). Montesquieu: teoría de la distribución social del poder. Revista de Ciencia Política. Vol 31 (1). Encontrado en: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-090X2011000100003

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