La muerte en dos ruedas

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La muerte viaja en dos ruedas, es imprudente, usa un casco que no le protege la cabeza y no respeta las normas de tránsito. No le estoy describiendo al protagonista de una película de terror, ni mucho menos a una leyenda urbana. Le estoy hablando de las alarmantes cifras de muertes de motociclistas en las calles colombianas.

Para nadie es un secreto que las motos son un fenómeno social en Colombia. Las mejoras en las condiciones de vida de los hogares de menores recursos, el mayor acceso al crédito y las dificultades que ofrece el transporte público y la movilidad en las principales ciudades del país convierten las motocicletas en una atractiva inversión. De acuerdo con estadísticas del RUNT (actualizadas por el autor de este texto ante la falta de reportes de este organismo), en Colombia circulan más de 6.5 millones de motocicletas.Hasta el momento, todo es positivo. Hay hogares más ricos, que usan la moto como una fuente de generación de ingresos y que mueven la actividad comercial. Bien. Pero como todo crecimiento desbordado también tiene su lado negativo: las muertes ligadas al mal uso de la motocicleta.

Según los datos del informe Forense del Instituto de Medicina Legal, en el año 2014 se registraron 6.402 defunciones originadas en accidentes de tránsito, el número más alto de la década. De éstas, 2.914 casos fueron de personas que se transportaban en motocicletas. Es decir, un promedio de 8 motociclistas muertos cada día.

Lo más preocupante es que la tendencia de los últimos años indica que la seguridad en las calles no ha mejorado, especialmente para los motociclistas. Mientras en el año 2010 los vehículos de 2 ruedas aportaban el 39% de las muertes en accidentes viales, esta proporción continúa aumentando y se ubicó para 2014 en 45% de los decesos. Para el mismo periodo de tiempo, el aporte de fallecidos en accidentes de tránsito de vehículos automotores de 4 o más ruedas cayó de 22% a 12%. Dichos resultados están relacionados con los cambios en la composición del parque automotor en el país. En el año 2005 existían 2 carros particulares por cada moto circulando en el país. Actualmente dicha proporción se invirtió y existen 2 motos por cada automóvil.

Además del indiscriminado aumento del número de motocicletas en las calles, algo que no solo se observa todos los días al parar en un semáforo y ver que el vehículo o bus en el viajas está escoltado por 10 motos, existen otros factores que están contribuyendo a incrementar la frecuencia y la gravedad de los accidentes en que se ven involucrados sus ocupantes.

El principal de ellos es la imprudencia y la falta del cumplimiento de normas básicas de tránsito Un informe de la Secretaría de Movilidad en 2014 en el cual se analiza los accidentes presentados entre 2007 y 2012 concluye que, tal como se podría pensar, el 31% de los siniestros en que estuvieron involucradas al menos una motocicleta se presentaron por falta de prudencia a la hora de conducir. Sumado a lo anterior, la poca rigurosidad de los organismos de tránsito a la hora de emitir licencias de conducción, así como la falta de cultura ciudadana y la competitividad entre conductores por el uso de la vía, fomenta los malos comportamientos viales e incrementa la exposición de los motociclistas y de todas las personas que se transportan.

Para darle un ejemplo del poco cumplimiento de las normas de tránsito, un estudio del Fondo de Prevención Vial (FPV) realizado en 2013 encontró que solo el 66% de las personas que se transportan en una moto utilizan el casco de forma correcta, es decir bien puesto y abrochado. Esto deja un 33% de motociclistas en grave peligro de sufrir lesiones graves o morir a causa de un impacto en la cabeza. De hecho, la principal motivación de uso de casco es evitar una multa, no proteger la integridad de su portador (FPV 2013), lo cual indica una completa falta de conciencia sobre los potenciales peligros de conducir una motocicleta.

Por si fuera poco, el mismo estudio del FPV encontró que el 63% de los cascos que se venden en el país no aprobaron el test de absorción de energía (el cual simula el golpe contra el pavimento u otra superficie de la cabeza en un accidente). Lo más indignante al respecto es que la normativa colombiana es laxa y permite la venta y uso de cascos que no brindan una adecuada protección a sus portadores.

Para usted amigo moticiclista, en el siguiente video se muestran las diferencias entre un casco de calidad y otro que no lo es.  Piense cuál le gustaría llevar en su cabeza en caso de un accidente.

Más que un medio de transporte (1 de cada 7 colombianos viajan en ella según el DANE), la motocicleta representa para cientos de miles de familias una fuente de sustento. De acuerdo con la Encuesta de Calidad de Vida del DANE, el 6% de los empleos del país dependen directa o indirectamente de una motocicleta. Al ser un tema de tanta sensibilidad e importancia, es necesario que exista una política de seguridad vial que aborde integralmente todas las problemáticas que traen en aumento las cifras de mortalidad de motociclistas. En vez de andar persiguiendo a Uber y protegiendo a Uldarico y a todo su gremio, la ministra Natalia Abello debería preocuparse más por la vida y la integridad de millones de usuarios de motos.

Es el momento de actualizar la reglamentación vial, ser más estricto a la hora emitir licencias de conducción y exigir mejores requisitos técnicos de seguridad a los cascos. De lo contrario la actual situación, que ya es uno de los principales problemas de salud pública del país, se puede salir de todo control.  Se estima que, de seguir las ventas creciendo al ritmo actual, en el año 2020 se tendrán 10 millones de motocicletas circulando por las vías nacionales.

Bibliografía

  • Fondo de Prevención Vial. (2013). Estudio de Seguridad en Cascos para Motocicletas de 2013.
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