La relación tóxica de Colombia con el petróleo

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No importan los golpes económicos que nos ha dado este activo en los últimos cuatro años, la obsesión continúa. ¿Cuándo buscaremos algo mejor?

 

Colombia lleva más de seis años en una relación tormentosa y tóxica con el petróleo: en 2012 fue la luna de miel, pues el precio superaba los US$110 por barril, lo que permitió que acciones como las de Ecopetrol llegaran a su máximo (de más de $5.000 la acción). Pero luego vinieron momentos difíciles que nos permitieron conocer de verdad con quién (o qué) nos estábamos enredando, pues desde mediados de 2014 empezó la crisis de los precios internacionales del crudo.

En menos de cinco meses, entre agosto y diciembre de 2014, el precio del petróleo pasó de promediar los US$100 a caer a US$60. Un golpe directo a los recursos que mantenían el fuego de esa relación. En efecto, empezó un periodo difícil entre Colombia y el crudo: durante año y medio la relación solo empeoró. El petróleo siguió cayendo, llegando a su mínimo en enero de 2016, cuando pasó a estar por debajo de los US$30.

Claramente fue un balde de agua fría, pues se rompió la imagen de salvador que tenía hasta ese momento la industria de hidrocarburos colombiana: la renta petrolera prácticamente desapareció, pasando de aportar más de $23 billones (en 2013) en recursos para el Gobierno a ser de hecho negativa (por las devoluciones). Esto obligó al Gobierno a pasar no una, sino dos reformas tributarias para tapar el hueco fiscal.

Como si no fuera suficiente, la caída del petróleo también provocó un problema con el dólar en Colombia. La tasa de cambio subió de $2.000 a $3.000 a la misma velocidad de los desplomes del petróleo. Una situación que encareció drásticamente los precios de la economía por el mayor precio que se pagaba por los bienes importados.

Fue tanto el efecto de la tasa de cambio sobre los precios de la economía (pass through), que la inflación pasó de rozar el 2% en 2013, a cerrar el 2015 en 6,77%. Y los trabajadores fueron los que más sufrieron pues en ese año (2016) el salario mínimo subió solo 7%, menor que la inflación que experimentó la población de ingresos bajos (7,26% al cierre de 2015).

Las exportaciones fueron otra de las víctimas, sobre todo las que se dirigen a nuestro principal socio comercial: Estados Unidos (el 30% de las exportaciones totales), nación a la que el 70% de lo que se manda son combustibles. Debido al desplome del precio del crudo, en solo 18 meses las exportaciones a EE. UU. cayeron casi 50%, pasando de US$18.500 millones (en 2013) a US$9.800 en 2015.

Y por supuesto el crecimiento económico también sufrió por la posesiva relación entre Colombia y el petróleo: en 2014, antes de la crisis, el ministro de Hacienda de ese momento, Mauricio Cárdenas, hablaba de la posibilidad de que la economía creciera más de 5%. Sin embargo, por el desplome de más del 50% que sufrió el petróleo, el Producto Interno Bruto mostró una clara desaceleración: 4,6% en 2014, 3,1% en 2015, 2% en 2016, y 1,8% en 2017.

Y aunque el petróleo se ha recuperado a niveles con los que la economía colombiana puede volver a tener ganancias y rentas (más de US$70), la historia de los últimos cuatro años da motivos de sobra para acabar o, por lo menos, distanciarse del petróleo. Es momento de hacer un esfuerzo real y contundente para diversificar la economía.

No se trata de que hay que ser radical y prohibir el petróleo, sino de instaurar una política de verdad de transición a actividades que tengan un mayor aporte social y cuyas ganancias no se concentren en un solo sector. La economía naranja es una buena alternativa, después de todo, en el mundo hay varias empresas de este tipo que valen más que el PIB de Colombia.

Sin embargo, todo indica que este nuevo Gobierno seguirá apostándole a la política petrolera, pues ya se están tramitando leyes y normas que beneficien a la actividad de hidrocarburos. Una muestra de ello es el interés que tiene esta administración en impulsar el fracking en Colombia, de manera que parece que la relación tóxica entre Colombia y el petróleo continuará.

 

 

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