Los costos ocultos de la renovación urbana

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Por: Alejandro Granados Zambrano

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El Centro Histórico de Bogotá ha sufrido en los últimos años una transformación en la que las palabras “renovación” y “revitalización” han jugado un papel fundamental debido a los diversos proyectos llevados a cabo. Dichos proyectos ejecutados en centros de negocios como el BD Bacatá, la construcción de nuevas residencias universitarias, la ampliación del área universitaria y nuevos establecimientos comerciales configuran, sin duda, las dinámicas sociales existentes en esta zona de la capital.

Todo lo anterior tiene un impacto en las relaciones sociales, generando cambios en las percepciones de seguridad, consumo, turismo, e incluso, lleva a especulaciones en el mercado inmobiliario debido a los cambios en la zona. Este conjunto de transformaciones, reconocidas en la academia bajo el adepto de gentrificación -una palabra polisémica bajo su vocablo original- que proviene de gentry designado como “buena sociedad”, reconoce un cambio urbano por la llegada de nuevos ocupantes y la salida de otros, pero además, un cambio en las construcciones que abre el debate de la segregación como factor de desigualdad.

La gentrificación en el Centro Histórico de Bogotá produce variantes radicales en la concepción sobre esta zona y la recuperación de la confianza de los habitantes y visitantes, fruto del embellecimiento de este preciado sector de Bogotá, objeto de una sensación positiva al momento de opinar sobre esta “renovación” urbana, sin embargo, a causa de esta sensación de mejoras económicas, reflejada en las construcciones y una dinámica social distinta por parte de sus habitantes, subyace la segregación y proceso de dejación de las viviendas, un hecho oculto por este nuevo desarrollo urbano.

Detrás del discurso del mejoramiento del uso del espacio, el mercado inmobiliario aprovecha para obtener réditos pecuniarios, esto se puede ver en el estrepitoso aumento en los precios promedio del metro cuadrado de los apartamentos en la zona, que pasaron de $2.320.000 a $4.115.385 en el primer trimestre de 2015 y 2017, respectivamente. Para las casas entre el mismo periodo se presentó un aumento de $1.699.219 y $2.203.626 (MetroCuadrado, 2017).

El centro histórico empieza a ser reconocido como un lugar de intelectuales por su actividad cultural y académica, incluso se puede creer que empieza a encajar dentro del contexto de la Nueva Agenda Urbana propuesta por ONU- Habitad, que pretende crear un vínculo de refuerzo reciproco entre urbanización y desarrollo bajo tres facilitadores operacionales: sistemas fiscales locales, planificación urbana y servicios básicos e infraestructura (citiscope, 2017).

Pero lo cierto es que la gentrificación esconde su sentido perverso en el desplazamiento de sus habitantes originarios, obligados a vender-cambiar su lugar de residencia dado el nuevo costo de vida que la zona adquiere por esta “renovación”. Esto implica un proceso de desarraigo y un empuje hacia la pobreza, lo que genera desplazamientos urbanos por medio de mecanismos indirectos permitidos por el Estado y el mercado (Barrera, 2014).

Ahora bien, cabe preguntarse ¿Qué sucede con estas personas que deben salir del sector? y ¿en qué condiciones lo hacen?  Seguramente llegan a habitar lugares de la ciudad (periféricos) en los que retoman su costo de vida previo, sin sentirse, aparentemente, alejados por la discriminación. No obstante, parece olvidarse que este problema de segregación debe hacer parte de agenda de los planificadores urbanos, pues el derecho a una ciudad de calidad se debe exigir. Paralelo a la palabra “renovación” debería estar la “inclusión” como parte del discurso que abre camino al desarrollo urbano, así como ir más allá del proceso ingenieril que deja de lado las cuestiones sociales.

Estos desplazamientos aún son ajenos a los planes de la Agenda de Renovación Urbana en los que la gentrificación cobra vida y se pone al servicio de especuladores y de una nueva clase social que surge entre las ruinas, fantasmas y calles del ahora recordado Centro Histórico de Bogotá, pues no solo la “revitalización” con polos de nuevas economías del sector terciario e inmobiliario por medio de Alianzas Publico Privadas deben hacer parte de los planes de desarrollo del Estado y sus vertientes, también se debe alejar la segregación.

 

Bibliografía

Barrera. (2014). La polisemia y la liguistica de la gentrificación. cadernos metropole , 329-340.

citiscope. (2017). ¿Qué es la Nueva Agenda Urbana? Obtenido de citiscope.org

MetroCuadrado. (Julio de 2017). precio promedio por MetroCuadrado.

 

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