Los trabajadores jóvenes que no rumbeen este viernes apoyan el capitalismo

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La estabilidad económica que le da su trabajo no compensa el placer que pierden por dejar de ir a rumbear un viernes y, por supuesto, no compensa el hecho de vivir como si tuviera 30 años cuando acaba de cumplir 24. Viva una crisis de la mediana edad mientras está en sus 20.

Imaginen que son vacas: las ordeñan de lunes a viernes y los fines de semana las obligan a descansar para que produzcan más leche cuando llegue el lunes otra vez. ¿Suena familiar? no sería extraño. Es la forma como son tratados millones de trabajadores alrededor del mundo cuando ingresan por primera vez a un compañía. Aunque lo den todo entresemana, es cada vez más común ver cómo los jóvenes prefieren quedarse en la casa un viernes por la noche en vez de salir con sus amigos a rumbear, es decir le están dando su fin de semana a la empresa en la que trabajan bajo el pretexto de llegar renovados a laborar.

Se repite cada viernes por la noche, cuando el trabajo termina y aun cuando no quedan tareas pendientes siempre sale el comentario “estoy demasiado cansad@ para salir”. El paso siguiente es llegar a la casa prender el televisor y ver nuevos capítulos de la serie de moda, luego duermen hasta tarde del día siguiente. Tan solo unos pocos aprovechan su tiempo de ocio para hacer ejercicio u otras actividades productivas, las cuales ameriten haber sacrificado un día que está diseñado para lo que son: jóvenes. Y la situación es aún peor con aquellos que están comprometidos en un noviazgo, pareciera que el sedentarismo es más fácil de pasar en pareja.

Estos jóvenes son el sueño de toda empresa y del modelo capitalista de producción. La teoría económica indica que la fuerza laboral es un medio de producción especial, más complicada y diferente que el capital físico como las máquinas. Por esto se supone que las personas racionales hacen un análisis de cuánto tiempo quieren destinar al trabajo y cuánto le quieren dar al ocio, y de ese balance es de donde sale esa generación de valor, es decir esa producción, de que le dan a las compañías.

El problema es que pareciera que esa reflexión no la hicieran los jóvenes que se les olvida rumbear: si bien son conscientes de sus horarios laborales, su periodo de descanso también va en función de la empresa en la que trabajan. Es decir son seres humanos que literalmente viven para trabajar, que incluso los fines de semana constituyen un periodo fisiológicamente necesario para que puedan seguir produciendo. Los sábados y domingos son tan solo periodos de almuerzo alargados.

Incluso las empresas han llegado a controlar, tal como las vacas, la dieta de los trabajadores. No pueden tomarse una cerveza con el almuerzo porque no pueden perder ni el 1% de sus funciones mentales y motoras. Bajo esta lógica tampoco podrían comer algo pesado como los platos ricos en proteínas y carbohidratos, ya que requieren un mayor tiempo de digestión y resulta más difícil retomar el ritmo de trabajo.

No usar el tiempo de ocio correctamente implica que el modelo capitalista absorbe gran parte de las facetas de la vida de un ser humano, y no solo de las banales sino que incluso podría llegar a afectar la natalidad de una población. No es coincidencia que cada vez sea más común ver trabajadores que van llegando a la edad media y que no tienen intereses de tener hijos pues lo consideran como un obstáculo para su carrera.

Por todo esto los jóvenes deben evaluar si su trabajo le da una retribución suficiente como para sacrificar tanto, sobretodo porque el mundo laboral no es un cuento de hadas hoy en día. De acuerdo con las cifras del Observatorio Laboral para la Educación (OLE) un recién egresado en Colombia gana en promedio $1’700.000, por lo que en teoría hasta vender arepas les da más plata (hagan el experimento de preguntar cuánto gana el puesto de arepas al lado de la estación de Transmilenio Las Aguas). De manera que la estabilidad económica que le da su trabajo no compensa  el placer que pierden por dejar de ir a rumbear un viernes, y por supuesto no compensa el hecho de vivir como si tuviera 30 años cuando acaba de cumplir 24.  O, ¿cuánto cuesta seis años de juventud?

Lo que se le pide con este texto a esos jóvenes que no van a rumbear es básicamente que tengan una crisis de la mediana edad mientras que todavía están en sus 20, seguramente comportarse así será menos vergonzoso ahora que cuando tengan 40. Además, tener una vida nocturna no implica que están tirando su carrera a la basura, por el contrario, al reducir su sedentarismo serán menos dependientes de su empresa y podrán valorar sin miedo sus opciones profesionales. Más de un emprendedor ha reconocido que mientras estaban tomando se les ocurrió una idea millonaria, no más miren a Facebook el medio por el que seguramente llegaron a leer esto.

La decisión es de cada quién, ¿vamos a rumbear este viernes?

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