Los vigilantes

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Como los favores hay que pagarlos y la política no es la excepción, se reparten secretarías, ministerios y cargos públicos, por lo que estos funcionarios a su vez hacen lo propio repartiendo puestos. Llegan a las entidades públicas los recomendados por el doctor tal, de la doctora no sé qué, y allí sí que se ve la ineficiencia o la ineptitud.

Por: Sara L. Grillo M.

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En los últimos años se ha venido desarrollando una fiebre de revocatoria en el territorio nacional; se recogen firmas, las iniciativas se promocionan en las redes sociales y se construyen campañas para culminar antes de tiempo un periodo de gobierno. Si la acción del mandatario no es consecuente con el progreso de la comunidad que lidera, esto es apenas una consecuencia natural, pero también puede inferirse que no somos buenos a la hora de elegir nuestros dirigentes.

Quizá también nos estemos haciendo más críticos y vigilantes ante la gestión de los servidores públicos, lo cual sería un paso realmente positivo en cuanto a nuestra cultura democrática, permeada durante años por la corruptela y el cacicazgo. Pero en este país abundan los idiotas útiles, es más, venden sus servicios y por precios módicos, por lo que esos inconformes también pueden ser personajes pagados para alborotar masas solo para no dejar trabajar.

Entonces alguien dirá que hacer oposición es un derecho constitucional, sin el que no existiría la democracia. En eso estamos de acuerdo, pero una cosa es hacer oposición desde la vigilancia y otra el saboteo, la cizaña o incluso la tergiversación de la información para confundir o engañar a la ciudadanía. Y como esto último es tan absurdamente fácil, tenemos como resultado un país o ciudad polarizado, engañado o desinformado, pero eso sí, muy, muy ofendido y emberracado.

No es el propósito de esta columna defender ningún gobernante: para eso están los que trabajan para ellos, que suelen ser bastantes. Lo que intento analizar es qué tan responsables estamos siendo los ciudadanos en nuestra labor de control político. La vigilancia es necesaria pero no tiene lógica votar por un candidato y al año de gobierno estar pidiendo su cabeza. Lo único que demuestra esto es que no sabemos escoger, con lo que además de generar retrasos en el desarrollo de las ciudades, departamentos o en el país entero, se produce un sobrecosto que solo puede salir de los impuestos que pagamos.

Tomada de pixabay

El ingrediente que le falta a esta receta es la coherencia, simple y básica. Nada más. Si viéramos y escucháramos a los candidatos coherentemente, prestaríamos más atención a las propuestas que tienen, cuán realizables son, estudiaríamos su hoja de vida concienzudamente al igual que las relaciones políticas que ha gestado a lo largo de su carrera, si su discurso goza de contenido veraz o si es solo un montón de frases populistas cuyo objetivo es dividir para reinar.

Partiendo de ahí se podría hacer un seguimiento más aterrizado del cumplimiento, lejos de las pasiones, los insultos y sin caer en las mentiras que muchas veces abundan alrededor de la oposición a un gobernante. No hay dirigente perfecto, mucho menos si es colombiano, pero si llega a asumir la dirigencia cualquier grupo de ineptos es en gran medida por causa del ciudadano, por acción o por omisión, como lo quieran ver.

Entonces, ayudados por la abstinencia o la apatía, la maquinaria, los tamales y las tejas se convierten en alcaldes, gobernadores y hasta en presidentes personajes que pueden llegar a ser de todo menos buenos líderes. Como los favores hay que pagarlos y la política no es la excepción, se reparten secretarías, ministerios y cargos públicos, por lo que estos funcionarios a su vez hacen lo propio repartiendo puestos. Llegan a las entidades públicas los recomendados por el doctor tal, de la doctora no sé qué, y allí sí que se ve la ineficiencia o la ineptitud. Lo sé por experiencia propia. ¿Frustrante? Como no se imaginan, puesto que en la mayoría de los casos para conservar un cargo público no basta con ser bueno, es más, hay gente realmente perversa atornillada a una silla en alguna dependencia, retrasando procesos, matando el tiempo en cualquier tontería, siempre prestos a generar un ambiente laboral nocivo.

Esos pequeños burócratas son los encargados de ultimar los detalles de una cadena corrupta de acciones o negligencias, según sea necesario. Los procesos en el sector público son desesperantemente lentos, porque cada solicitud debe pasar por quinientas manos para ser aprobada, con esto se controla la transparencia de los procesos —y el salario de muchos se justifica por fin—. Se padece dentro y fuera, señores, especialmente si se viene del sector privado, peor aún si eres prestador de servicios.

Tomada de pixabay

Pero no todo es malo. Se aprende mucho, porque al ser ajenos al funcionamiento del Estado uno se imagina cualquier cantidad de cosas. Hay gente que trabaja y mucho, personas reales que sí entienden el concepto de Servidor público, honestas, entregadas, de las que no miran el reloj constantemente para verificar cuánto tiempo falta para huir a sus hogares, ni están a disposición de un líder en particular, funcionan en pro de su ciudad o departamento, plenamente conscientes de que se están jugando su buen nombre y prestigio profesional.

Son los mismos que creen fervientemente que desde su pequeña labor realmente le están aportando algo a su territorio, y que solo de esta forma se puede marcar la diferencia.

No nos pensemos como una sociedad víctima de nuestra clase política, de los corruptos que desangran las arcas estatales o de los violentos, somos una sociedad que está lejos de entender el verdadero poder que tiene, justamente porque para comprenderlo hay que estudiarlo, analizarlo y ahí sí actuar. Un amigo politólogo mencionaba hace días que a veces pareciera necesario que desaparecieran cuatro generaciones completas para que se diera un verdadero cambio en nuestro país a nivel de consciencia social, política y cultural. Una conclusión triste, porque anula casi todas las esperanzas a mediano plazo. ¿Estaremos así de perdidos? El próximo año vendrá una oportunidad única para empezar a transformarnos, o de terminar de hundirnos, todo está en nuestras manos.

Píldora 1: ¿Qué le puede esperar a una población donde se despide con ovaciones a un capo del narcotráfico? Ojalá el Estado siga dirigiendo esfuerzos y no solo a nivel militar. No podemos seguir perpetuando esta moda traqueta que tanto daño le ha hecho al país.

Píldora 2: La Corte Suprema de Justicia está muy juiciosa y atenta a las deslenguadas afirmaciones de ciertos candidatos. Ojalá el ejercicio no sea selectivo y realicen por igual los llamados de atención.

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