Muertos vivos

250


Latinoamérica sigue siendo una región hostil para los defensores de derechos humanos y los Estados responden con silencio e impunidad.

La región siempre ha sido tierra fértil para la muerte. Matar(nos), siglo tras siglo, se ha establecido como la política de Estado más pragmática y pedagógica. Uno de cada tres muertos en el mundo muere en América Latina. Al día pueden morir 400 personas en el continente, es decir, 50 víctimas mortales más de las que han cobrado los atentados terroristas en la Unión Europea desde 2010 hasta el 7 de abril de este año.

 

El latinoamericano, de ayer y de hoy, tiene motivos y justificaciones de sobra para matar y tolerar la muerte: a más de doscientos años de la Revolución Industrial, como lo plantea Diego Fonseca, “nuestras economías son todavía primarias”[i]; los gobiernos, sin importar el color o la extremidad con que gobiernen, fecundan y amparan el crimen; y, teniendo en cuenta las cifras de la CEPAL, los pobres se reproducen por mitosis y los ricos cada vez son más ricos.

Aquí matan gentes con apellidos y modos europeos, indígenas tzotziles, descendientes africanos, madres e hijas, bebés que solo alcanzan a llorar una vez en la vida, señores del bien y del mal, mandatarios altruistas y líderes avaros, pecadores por omisión, inocentes inofensivos, bibliotecarias y desempleados, pesimistas, soñadores, guerrilleros y capitalistas, prostitutas, amorales, ateos, intelectuales y gentes que no saben copiar ni deletrear su nombre, periodistas, individuos que ven el mundo desde un MINI Cooper y sujetos que duermen en casas con paredes hechas de cartón… no hay nada tan democrático como la muerte en nuestro continente.

Sin embargo, en esta fosa común multicultural, algunos van a la cama y duermen con la muerte bajo la almohada. Defender –y exigir- los derechos humanos en Latinoamérica es inmolarse, es llevar una bomba de tiempo bajo la lengua.

En Colombia, por ejemplo, se han contabilizado (-quizás hayan sido más) 500 defensores de derechos humanos asesinados en la última década. El 13 de julio, Carlos Negret, Defensor del Pueblo, dio el último parte médico: a la fecha se habían presentado 52 homicidios. Un líder social muerto cada cuatro días. Y, presentimos, vendrán más.

Al norte, en México, el Gobierno los espía y el narco los mata. 80 millones de dólares gastaron las agencias federales mexicanas en el software Pegasus que, a través de un mensaje de texto, se infiltra en los móviles para fiscalizar la información personal del blanco –periodistas, promotores de leyes anticorrupción, abogados internacionales, y defensores de derechos. Stephanie Brewer, integrante del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez –una de las organizaciones que intercede por las víctimas en la investigación de los 43 estudiantes de Ayotzinapa asesinados y desaparecidos en el 2014, entre otros casos- fue una de las víctimas del espionaje. “Es parte de defender los derechos humanos en México”, dijo la abogada. “Son los gajes del oficio”[ii].

Berta Cáceres había denunciado 33 amenazas de muerte antes de ser asesinada por defender el derecho de las comunidades indígenas a decidir sobre las intervenciones en su territorio. “No tenemos a dónde acudir, no tenemos ninguna confianza en el sistema de justicia”, le dijo a Amnistía Internacional en el 2013. En Honduras, “considerado el lugar más peligroso en el mundo para los activistas ambientales”[iii], ocho de cada diez homicidios quedan impunes.

Aunque silenciosos, los bárbaros capataces de nuestro continente solo van inquietos a la cama cuando los desvalidos están convencidos de merecer lo que exigen. Pero el bárbaro no tiene conciencia, ni vergüenza, ni moral… ni deberes.

Hace unas semanas, en Chile, la presidenta Michelle Bachelet se reunió con los presidentes de la Corte Suprema, de la Cámara de Diputados y del Senado. El motivo del cónclave era tomar medidas para mitigar la crisis del SENAME, organismo cuya misión institucional es “contribuir a la promoción, protección y restitución de derechos de niños, niñas y adolescentes vulnerados/as”[iv]. La entidad, durante años, ha hecho todo lo contrario: entre 2005 y 2013, murieron 1.313 niños y jóvenes que dependían del SENAME.

A la lluvia de críticas, Jaime Campos, Ministro de Justicia, respondió justificando lo injustificable: “Lo que aquí ha fracasado es la sociedad en su conjunto, no solo el Estado. No fue el Estado el que fue a sacar a esos niñitos de sus casas y a decirles ‘por favor, véngase para acá porque yo los voy a transformar en elementos positivos para la sociedad’. Aquí primero fracasaron los padres, fracasaron las familias, fracasó la sociedad civil. Y también fracasó el Estado, por supuesto. Pero, el Estado es la última ratio.”[v].

El cinismo chileno es inspirador. No nos sorprendamos cuando los mandatarios, o sus suplentes, sean interpelados por los defensores de derechos humanos asesinados y respondan: primero, proteger a quienes defienden los derechos humanos nunca fue una prioridad histórica,  y segundo, “el Estado no fue a sacar a esos suicidas de sus casas y decirles ‘por favor, salgan a la calle e intercedan por los desamparados‘. Aquí fracasaron los derechos, y, por supuesto, el Estado de derecho”.

Bibliografía

[i] Fonseca, D. (2013). El primer 11 de septiembre –y el adiós a la adolescencia. En: Crecer a golpes. Crónicas y ensayos de América Latina a 40 años de Allende y Pinochet. New York, EE. UU.: Penguin Group.

 

[ii] Ahmed, A. y Perlroth N. (19 de junio de 2017). ‘Somos los nuevos enemigos del Estado’: el espionaje a activistas y periodistas en México. New York Times en Español. Recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2017/06/19/mexico-pegasus-nso-group-espionaje/

 

[iii] Zárate, J. (2 de julio de 2017). Los herederos de Berta Cáceres. New York Times en Español. Recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2017/07/02/los-herederos-de-berta-caceres/

[iv] Sename. Mision institucional. Sename. Recuperado de: http://www.sename.cl/web/mision-objetivos/

 

[v] Montes, R. (12 de julio de 2017). La doble tragedia de los niños tutelados de Chile. El País. Recuperado de: https://internacional.elpais.com/internacional/2017/07/12/actualidad/1499852334_830831.html

 

comments icon 9 comentarios
bookmark icon

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *