Ni Bolívar ni Santander: ¡los próceres se acabaron!

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En el marco de las celebraciones del día de la independencia, es válido hacer una caracterización simple de las capacidades y cualidades de los sujetos políticos que rigen el país. Comparando el comportamiento de los líderes actuales con aquellos de hace 207 años, es fácil concluir que Colombia se quedó sin próceres.

Hace unos días conmemoramos el año 207 del grito de independencia. Una celebración que, a mi parecer, merece más que solo un desfile de las Fuerzas Militares. La fecha, más que de celebración, debería ser, por ejemplo, un día de reflexión sobre temas como qué tan cerca o lejos estamos de ser una nación justa, o qué tan orgulloso está el pueblo colombiano de haber nacido en esta tierra. Incluso para preguntarnos por qué somos como somos.

Para dar un diagnóstico a estas preguntas, vale la pena partir de hechos sucedidos desde los orígenes de nuestra república, iniciando por las inconformidades y manifestaciones que desataron la insurrección de los comuneros a finales del siglo XVIII (Bushnell, 1994). Si bien este levantamiento fue apaciguado temporalmente por las Capitulaciones de Zipaquirá, se gestó el espíritu rebelde con indicios de independencia de la corona.

Años más tarde llega la proclama de independencia y la cimentación de la república en la que participaron los destacados Antonio Nariño, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Sin embargo, este proceso se vio interrumpido por enfrentamientos entre los dos últimos líderes y conspiraciones contra Bolívar, temas que no son muy lejanos del contexto político de hoy.

Por otro lado, y sin alejarnos del panorama histórico, si usáramos la jocosa metodología propuesta por el periodista Casciari (2015) para calcular la edad real de un país[1], Colombia tendría 14.7 años. Es decir, somos un país en etapa de pubertad que experimenta con modas de otras latitudes buscando con enormes deseos políticos entrar al club de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) — sin solucionar problemas vitales en materia de planeación para el desarrollo—, un país puberto que oculta escándalos de corrupción para que los demás niños de la región nos tengan como ejemplo, un país inmaduro que grita a los cuatro vientos un buen desempeño económico pero que calla las necesidades en materia de pobreza multidimensional e ineficiencia de sus instituciones políticas.

Ahora bien, antes de preocuparnos por la madurez del país, por juzgar qué tan malos vecinos tenemos en la región, o incluso antes de lamentarnos por las decisiones que tomamos en materia económica, debemos valorar las capacidades y resaltar las virtudes de los próceres de hoy, pues son ellos los que lideran las decisiones que afectan el destino de los colombianos, como fueron Nariño, Bolívar y Santander los arquitectos de los destinos de aquellas épocas.

Las capacidades de los próceres colombianos de hoy son bastante particulares, sin querer llamarlos por sus nombres para evitar fastidiar a los simpatizantes de centro, izquierda o derecha. Los líderes políticos de larga trayectoria que hoy día llevan las riendas del país no destacan por su capacidad de ser hombres honestos y justos. Por el contrario, actúan en pro de intereses mezquinos atacándose hoy, perdonándose y amistándose mañana. El prócer colombiano de hoy trabaja por el éxito de sus intereses en forma egoísta, atacando a sus contrincantes con calumnias, sin medir el impacto de sus estrategias déspotas.

Por otro lado, según la Real Academia Española, una virtud es una “disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza”. Claramente nuestros próceres de hoy no tienen la más mínima característica que destaque esta definición. Por el contrario, en línea con sus capacidades, sus virtudes se enmarcan en cómo dicen verdades a medias (cuando las dicen), en cómo se hacen ver justos entre sus inocentes seguidores (negando su participación en escándalos de corrupción, falsos positivos y victimizándose) y por supuesto, con qué bellas artimañas violan leyes y normas sin que la justicia colombiana (ciega y triste) se inmute.

Así las cosas, me pregunto: ¿cuáles son hoy los ilustres que están a la altura de Bolívar, Nariño y Santander? En parte la respuesta, si bien puede sonar despectiva con los padres de la patria, apunta precisamente a cómo enseñaron ellos a actuar de cara a las decisiones del país. Acusándose mutuamente o conspirando y organizando colusiones en contra del enemigo político, son solo algunas conductas que los líderes de hoy han adoptado de los héroes de principios del siglo XIX. Estas son actitudes despreciables de cara a la construcción de una sociedad justa y equitativa. Como dije, puede sonar despectivo con los próceres de la independencia de Colombia, pero es una realidad: los líderes políticos de hoy han heredado estas odiosas cualidades.

Las pasiones por esta tierra y los sueños de una nación cohesionada, en donde los ciudadanos se sientan orgullosos de ser quienes son, que estén felices de haber nacido en estas latitudes y que se sientan identificados con sus líderes, no son actitudes adoptadas por los políticos de hoy. Por el contrario, estos políticos solo discuten bajo los manteles de finas mesas cual abolengo tiene el turno para administrar el país, esta plutocracia ya se acerca al centenario. Los próceres en este país se acabaron, o tal vez nunca han existido.

Nuestros vecinos de la región tampoco están muy bien. En lo que respecta a sus líderes, también tienen un déficit de próceres. Colombia y la región expresan las herencias de próceres egoístas, sumadas al efecto de pubertad de la metodología de Casciari. No creo que esto sea una maldición. Parafraseando a Kant, vemos a la nación no como es, sino como somos.

Por ahora, trabajemos en construirnos nosotros como sociedad. Es hora de llevar con orgullo el título de colombianos, cultivemos costumbres de justicia, transparencia, honorabilidad y nobleza. Tal vez así eventualmente lleguemos a ser los próceres que este país necesita.

Por: Fernando Dueñas

Twitter: @efeduenas

Bibliografía

Bushnell, D. (1994). Colombia:una nación a pesar de si misma. de los tiempos precolombinos a nuestros días. Bogotá: Planeta.

Casciari, H. (2015). La edad de los paises. En H. Casciari, Messi es un perro y otros cuentos (pág. 252). Orsai.

[1] Dividir la edad del país en 14.

 

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