No a una Navidad anticipada

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Llegó diciembre con su alegría, mes de parranda… Perdón, estamos aún en octubre. Es correcto, octubre. Sin embargo, los comerciantes y sus locales desde septiembre ya se encuentran inundados con publicidad alusiva a la Navidad; esto, con el fin de aumentar las ventas.

Por: Oscar Andrés Martínez

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La tradición de decorar y armar el arbolito en cada casa a inicios de diciembre está desapareciendo, porque los comerciantes no dejan llegar la Navidad. Esto provoca que el sentido de esta celebración se esté perdiendo y todo por el afán de lograr la meta en ventas y acumular las respectivas ganancias.

Para alcanzar sus objetivos, los comerciantes, como estrategia de mercadeo y de acuerdo con Fenalco[1], adecúan sus locales en noviembre. En promedio el 33% de los comerciantes prepara su establecimiento para la temporada navideña a finales de noviembre y el 26% lo hace a comienzos de diciembre. Por otro lado, el 16% se toma la temporada desde octubre y el 7% no decora su establecimiento. A pesar de esto, las estadísticas contradicen la realidad: Si como yo, usted viaja en transporte urbano, debió haber visto que desde septiembre muchos locales de importantes empresas ya tienen las vitrinas con anuncios y decoración.

Fuente: Autor.

 

La prematura llegada de la Navidad genera que, aun cuando octubre no se ha acabado, ya haya gente decorando la casa, o en su defecto la gente limpia y enchufa lo que no desmontó el diciembre pasado. Hasta las emisoras no dejan que diciembre llegue, porque hacen sus anuncios navideños y concursos de aguinaldos desde inicios de noviembre y, sumado a eso, colocan la llamada música decembrina: esas canciones deprimentes, como aquella que dice “mamá, ¿dónde están los juguetes?”.

En realidad no me afecta que la gente decore y arregle el árbol de Navidad antes de diciembre, porque cada uno es libre de hacer y decorar en su propiedad lo que mejor le parezca. Sin embargo, la anticipación de estas fechas genera en las personas algo que puede llamarse la ansiedad de bolsillo, esa que provoca la angustia de que hay que comprar los regalos, la cena navideña, pagar la matrícula del colegio de los niños, alistar la plata de la lista de útiles escolares, los libros y los uniformes, entre otras obligaciones. Con todo lo anterior, el objetivo del comercio se cumple: la gente compra más y de paso se endeuda más.

No obstante, de acuerdo con los datos del Banco Mundial[2] con relación al incremento anual porcentual del gasto del consumo final de los hogares, el cual corresponde al valor de mercado de todos los bienes y servicios comprados por los hogares en un año, esta cifra ha presentado una disminución significativa desde el año 2011, donde se presentaba un incremento del 6,83% y pasa a un 2,07% en el 2016.

 

Fuente: Banco Mundial (2017).

Estas cifras son preocupantes para el comercio y la economía colombiana. Para complementarlas, en el boletín técnico de marzo de 2017[3] del DANE se presentaron los principales cambios de corto plazo (nivel trimestral) en el Producto Interno Bruto (PIB), donde se analizó el comportamiento de la demanda a nivel del gasto de consumo final interno de los hogares para el año 2016.

En ese año el gasto de consumo final interno de los hogares aumentó en solo 2,0% comparado con el año anterior. Este comportamiento está dado por el incremento en 8,0% en el consumo de bebidas alcohólicas y tabaco; bienes y servicios diversos en 3,8%; y educación en 3,5%. Decreció en comunicaciones en un 3,5% y prendas de vestir y calzado en 0,3%. Finalmente, el gasto de consumo final interno de los hogares para el cuarto trimestre de 2016 aumentó en solo 1,1%. Con esas cifras, es posible evidenciar que la demanda de bienes y servicios por parte de los consumidores se encuentra en descenso y por consiguiente las ventas y las ganancias presentan una tendencia a la baja.  Más aun cuando 2016 fue el año de la reforma tributaria y del paro camionero, por lo tanto, como consecuencia de los hechos señalados anteriormente, los hogares fueron afectados por el alza en los precios de los bienes y servicios que habitualmente consumen, lo cual afecta fuertemente la decisión de compra y por ende el consumo.

Finalmente, si continúa la tendencia de los comerciantes de lanzar sus campañas navideñas anticipadamente para recuperar las ventas y las ganancias, diciembre va a perder su sentido. El espíritu de diciembre es el de compartir en familia, de prepararnos para las novenas, de comer buñuelos, natilla y hacer las cosas con entusiasmo, con esa magia que caracterizaba al último mes del año. Pero al paso que vamos estamos próximos a que termine la semana santa y, al día siguiente, tengamos los anuncios en las vitrinas de que llegó diciembre.

[1] http://www.fenalcobogota.com.co/index.php/23-estudios-economicos/578-temporada-navidena

[2]https://datos.bancomundial.org/indicator/NE.CON.PETC.KD.ZG?end=2016&locations=CO&start=2013&view=chart

[3] https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/pib/bol_PIB_IVtrim16_oferta_demanda.pdf

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