¿Por qué molesta tanto el feminismo?

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Anécdotas de mi día a día y trabajar con varias mujeres feministas me hicieron entender lo irritante que es el feminismo, aprovechando el día de la mujer les voy a contar por qué.

Por: Daniela Franco García

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Doña Gloria fue una de las primeras mujeres en graduarse de politología de la universidad Javeriana, contaba que fue de la primera promoción de esta carrera, que las mujeres no solían estudiar carreras universitarias y que lloró la primera vez que pudo votar, era un “privilegio”. Quizá por eso fue que se dedicó a ser una líder social, a su manera, pues eso no lo enseñaban, mucho menos a las mujeres. Así fue una líder del barrio en el que vivió por muchos años, el 7 de agosto en Bogotá; luego lo fue en uno de invasión, Granjas de Provenza, en Bucaramanga, donde ayudaba a sus vecinos, algunos a quienes las aguas lluvias le pasaban por la mitad de la sala.

Yo, por mi parte, tardé muchos años en entender que eso era feminismo, que doña Gloria, mi abuela, cambió una cocina para ser líder social, para crear su empresa, para, también, ser madre de cuatro hijos y, sin embargo, no era esto último lo que la hacía una mujer empoderada, fue madre por elección. Ella se había construido como mujer rompiendo un molde que, para su época, era inflexible.

No obstante, de esa palabra: Feminismo, hoy me queda un sinsabor. Hablo de feminismo con temor, con cautela. Recuerdo no hace mucho haberle dicho a una amiga que cada vez aguantaba menos el machismo y ella respondió: “lo sabemos, a veces se vuelve como una feminazi de esas”. ¿Nazi yo? Claro, el feminismo molesta, es cierto.

Para entender todas las luchas que debió haber dado mi abuela tuve, entre otras cosas, que cruzarme en mi trabajo con muchas mujeres feministas brillantes, abogadas, antropólogas, trabajadoras sociales y defensoras de derechos humanos que todos los días logran, quizá sin saberlo, enseñarte algo nuevo. Me enseñaron, por ejemplo, que el feminismo molesta y mucho. Molesta porque cuestiona las costumbres con las que todos crecimos, molesta porque las aproximaciones sexuales que toda nuestra vida hemos tenido son señaladas, nos dicen que no lo hemos estado haciendo bien y eso choca, porque no lo sentimos así, y molesta, también, porque es un movimiento que no es aislado, implica un cambio no solo de las mujeres, sino de los demás para ser un éxito.

Foto: State Library of Queensland

Entendiendo lo desagradable que puede ser para muchos el feminismo, pero también para muchas. Porque vale la pena aclarar que uno de los mayores triunfos del machismo fue habernos “inyectado” a muchas mujeres roles y costumbres sociales que nosotras mismas consideramos, en algún momento, correctas. Pero tras entender lo molesto que puede ser el tema, quisiera que entendiera, querido lector, por qué debemos seguir “dando lora”.

Ya podemos votar, trabajamos, estudiamos carreras universitarias, participamos en política y ocupamos puestos gerenciales en algunas empresas, es cierto. Pero la razón por la que hay que seguir molestando con el feminismo es porque llegamos a un punto en el que los derechos más básicos son un hecho, pero el imaginario colectivo sigue siendo igual, para muchas personas.

No se angustie, no le voy a cuestionar si los hombres son galanes o acosadores, si después de ser abusada sexualmente una mujer debe subir los calzones y correr a medicina legal, no. Quiero hablarles de anécdotas que, ojalá, les ayuden a entender mi punto.

Podría empezar contándoles que la semana pasada iba para el gimnasio vestida con leggins y una camiseta y que, en el camino, un hombre de unos 40 años se me acercó y me dijo que tenía “una panocha muy rica”. También podría contarles de un grupo de Whatsapp en el que un conocido envió un “curioso” gift en el que un hombre estaba teniendo sexo con una mujer mientras le daba puños (no palmadas), fuertes puños en sus glúteos y, al final, la remataba con una patada en su abdomen (al parecer era un “chiste”). No obstante, entre todos los ejemplos que vienen a mi mente les contaré uno que he socializado a muy poca gente.

Bloco Feminista desfilando pelas ruas de Santa Tereza até a Zona Last - 13/02/17
Tomada de Flickr: Bloco Feminista desfilando pelas ruas de Santa Tereza até a Zona Last – 13/02/17

Seré breve. Hace un par de años en Girardot, en “la finca de Don Marco” (así conocíamos el lugar), nos fuimos de paseo con un grupo de amigos, incluyendo mi novio para ese entonces. En la fiesta bebimos y bailamos, como era costumbre. Ya con muchos tragos en la cabeza me acosté a dormir, le dije a mi novio que se quedara, yo podía descansar y él seguir en la fiesta si lo quería. Y así fue.

Cuando estaba dormida en mi cuarto sentí que alguien se acostó a mi lado y empezó a acariciarme las piernas, asumí que era mi novio y le dije que estaba dormida y tomada, le pedí que parara. No obstante, siguió.  En ese instante me levanté bastante molesta, al ver que no respetaba mi voluntad, y al dar la vuelta me di cuenta que no se trataba de mi novio, era el hijo de “don Marco”, el dueño de la finca. Por su puesto, el hombre huyó en dos segundos. Yo me quedé perpleja, no sabía que hacer, quería gritar y llorar al tiempo. Llamé a mi novio y, antes, traté de calmarlo para evitar una confrontación física.

Al día siguiente, por supuesto, me sentía fatal, un hombre que ni siquiera conocía me había estado tocando. Me sentí, incluso, culpable por no haber cerrado con llave o “tomar precauciones”.  Muchos amigos no le vieron relevancia al asunto. Mi novio y yo sí lo hicimos, así que fui a hablar con el papá de quien me había agredido la noche anterior. La respuesta de don Marco fue disculparse conmigo de parte de su hijo y añadió que debía entender que muchas veces llegaban “niñas bandidas”, que quizá su hijo había pensado que yo podía ser una de esas. Aunque él rescataba que yo parecía una mujer de bien y que, por eso, de nuevo, se disculpaba.

Han pasado varios años desde aquel suceso y me arrepiento y cuestiono por muchas cosas. Me pregunto ¿si yo no fuera una “niña de bien” quizá sí merecía lo que me sucedió?, me pregunto si lo que pasó pudo terminar en un abuso sexual más grave. Me culpo y me pregunto si fui muy blanda al dejar el asunto en un fuerte reclamo y no acudir a otra instancia. Me reclamo por haber fingido, después de eso, que me encontraba bien y que eso no me había afectado por bastante tiempo. En fin, son muchas las preguntas, pero sí tengo una respuesta: logro entender que es gracias a una ausencia de feminismo que pasó todo aquello que les estoy narrando, fue por el machismo que Don Marco restó importancia a lo que hizo su hijo, que es por el machismo que yo tuve miedo de rebelarme, que fue por el machismo que muchos amigos pensaron que lo sucedido no merecía cancelar inmediatamente nuestro viaje y que fue por el machismo que ese hombre creyó que el hecho de estar tomada en un cuarto me hacía un blanco.

Flickr: Gaelx

No pretendo victimizarme, pues no es un suceso que genere graves traumas en mí hoy en día, soy honesta. Sí genera muchas preguntas y por eso lo comparto, porque quisiera que reflexionaran que estas son cosas que suceden a menudo. Que #MeToo fue algo más que una tendencia social, que necesitamos que entiendan por qué el feminismo quiere seguir molestando y que esta historia es solo un hecho aislado de muchos que son mil veces más graves y que deben soportar las mujeres del mundo.

Preguntémonos ¿es verdad que las “feminazis” exageran y el machismo no existe?

Si usted no acosa a una mujer no significa que el acoso no exista o que quien tenga a su lado no sea un abusador silencioso. Cuestionar a las mujeres que increpan a los acosadores solo les da más valor a quienes sí lo son para seguir haciéndolo. Apóyenos, ese sería un buen regalo para este 8 de marzo.

 Tomó mucho tiempo tener una voz y, ahora que la tenemos, no queremos callar.

 

 

**Psd: Les dejo algunas citas de dos amigas feministas que me respondieron a la pregunta ¿Por qué es tan molesto el feminismo?

Lucía Bacca, profesional en relaciones internacionales

Universidad de  Yale, EE.UU.

 

¿Por qué se oponen al feminismo? En muchos casos, la respuesta es sencilla. El feminismo es un desafío al status quo, un desafío que apunta a la justicia de género tanto para las mujeres como para los hombres. Nos impulsa a liberarnos de todos los mandatos sociales generalizados que se nos imponen y a elegir nuestros propios proyectos de vida.

Realizar esta visión del futuro implica muchos cambios. Para las mujeres, implica exigir que no nos maten, que no nos violen, que no nos acosen, que no nos desprecien, que no nos subestimen, que nos escuchen, que nos valoren, que nos paguen como corresponde, que nos respeten como seres humanos, elijamos lo que elijamos. En otras palabras, implica cambios no sólo de parte nuestra sino también de parte de los demás, y sobre todo de los hombres. Aquí está el problema. Los que derivan poder del patriarcado no quieren renunciarlo. No quieren cuestionar sus privilegios ni reflexionar sobre sus comportamientos. No quieren desnaturalizar las múltiples violencias que ejercen sobre los cuerpos femeninos. No quieren respetar al hombre que rompe con los estereotipos de la masculinidad. No quieren cambiar. Como dice la frase, “cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión.”

Nada lo deja más claro que las críticas del movimiento #MeToo. Millones de mujeres han usado el #MeToo para denunciar la violencia sexual. Más que nada, las historias recogen experiencias de acosos y agresiones sexuales que quizás no violan la ley pero que de alguna forma u otra nos han hecho sentir expuestas, inseguras y violentadas. Los reclamos de estas mujeres, reclamos que yo comparto, amplían nuestros imaginarios colectivos sobre la violencia sexual, trascendiendo el campo de la legalidad y la ilegalidad. Exigen un tratamiento digno de la mujer que repercute en lo personal, en lo cotidiano, un tratamiento que insta a los hombres a cambiar sus formas de relacionarse con las mujeres, a pensar más allá de sus intenciones. Cuando un hombre nos babosea por la calle, no nos sentimos “piropeadas”; sentimos, tememos, que ese hombre puede disponer de nuestros cuerpos como quisiera. Toca ser muy valiente para exigir estos cambios porque requiere encarar la triste y devastadora realidad que a las mujeres nos maltratan todos los días. No es nada fácil lidiar con esta realidad pero no queremos vivir con miedo y por eso nunca, nunca, desistiremos.

 

Beldys Hernández, abogada y miembro de la

organización de DD.HH. Colombia Diversa

 

Los movimientos como Me too, y en general las luchas feministas, generan reacciones en contra porque cuestionan las costumbres y prácticas que, por su amplia perdurabilidad y reiteración en las interacciones sociales, se asumen como normales e inherentes a las aproximaciones sexuales, especialmente, entre personas de diferente sexo.

La frase “el hombre propone y la mujer dispone” es una muestra de cómo se ha entendido “deben” configurarse las relaciones entre hombres y mujeres, ya que a través de estos imaginarios se ubica a las mujeres en una aparente posición de decisión que lo único que hace es responsabilizarlas de las conductas de los hombres quienes “sólo proponen” pero realmente se encargan de justificar todas y cada una de su actuaciones en cualquier expresión de la mujer que a su criterio interpretan como consentimiento.

Cuando una campaña o movimiento ataca directamente la configuración de esta forma de relacionarse, dispara las defensas del estatus quo, recurriendo a llevar los argumentos a escenarios extremos y límites (otra vez interpretados desde la óptica masculina) que vuelven risibles los justos reclamos de las mujeres y refuerzan la banalidad de la expresión clara del consentimiento femenino.

 

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