¿Seguiremos siendo políticamente mediocres?

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Vuelve y juega: elecciones para elegir un “nuevo” Congreso. Entre comillas nuevo, porque eso queda en duda debido a que no hay renovación gracias al comportamiento electoral que tenemos los electores. Porque el abstencionismo, junto con la polarización que ya calentó motores y la pésima reputación del Congreso, hace que me pregunte si como sociedad seguiremos siendo políticamente mediocres.

Por: Oscar Andrés Martínez

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De acuerdo con la Registraduría[1], hay 36.024.467 colombianos habilitados para votar este domingo y elegir un nuevo Congreso. Sin embargo, no es nada optimista que el nivel de abstencionismo en el último proceso electoral fuese del 63%, el cual se presentó en el plebiscito. Además, en las pasadas elecciones para presidente en 2014, la abstención fue del 59.91% en primera vuelta y del 52.03% para la segunda.

 

Este abstencionismo es preocupante debido a que unos pocos ciudadanos ejercen su derecho al voto y al final todos tenemos que asumir las consecuencias. Como ejemplo Bogotá y sus elecciones para alcalde, donde los resultados de esas contiendas electorales saltan a la vista y, ¿quién pierde? Nosotros los ciudadanos y no los políticos, porque ellos continúan en el poder así sea con lo justo.

 

De la abstención generalizada en el país deberían conocerse las cifras de los ciudadanos que no votan por voluntad propia, a los que les queda lejos el puesto de votación, los que están presos o simplemente los que no se les da la gana y piensan que los votos no sirven para nada y que siempre eligen a los mismos.

 

La polarización que se tomó las elecciones desde hace más de una década está calentando motores. La evidencia de esto fue el resultado del plebiscito, con toda clase de verdades a medias y mentiras pautadas y pagadas en los medios de comunicación, junto al bombardeo de estas noticias a través de las redes sociales. Y ahora que el tema preferido por los políticos para hacer campaña, es decir, la guerrilla de las FARC, no está ya a disposición, se inventaron el discurso de que nos vamos a volver como Venezuela, que a los ricos los van a expropiar, que la ideología de género va a acabar con la familia, que el partido aquel sí va a bajar los impuestos y, para terminar, los que han vivido cobijados por la corrupción salen con la bandera de acabar con ella.

 

Expropiar a los ricos es absurdo: el poder de los grupos económicos en el manejo de los medios de comunicación, a través de la pauta publicitaria, la banca y el lobby en el Congreso hace que sea absolutamente imposible que se lleve a cabo la transformación al castrochavismo. Adicionalmente, la financiación de una campaña política no es nada barata.

 

Ahora bien, la ideología de género, la destrucción de la familia, la disminución de impuestos y demás anuncios de los políticos en campaña no son más que cortinas de humo para polarizar y crear temor en los electores, dado que la gran mayoría de ciudadanos no gustan de leer las propuestas, de entender y ponerle sentido común a todo lo que dicen los políticos y se quedan solo con la información de los medios de comunicación, radio, televisión y demás.

 

Políticamente mediocres estamos siendo los ciudadanos, porque con la pésima reputación del Congreso, demostrada con hechos tales como los sobornos a congresistas para la adjudicación de obras (caso Odebrecht), el ausentismo parlamentario y la falta de quorum para votar los proyectos de ley, el desorbitante salario de un congresista (más de treinta millones al mes por solo trabajar en dos periodos al año), la aprobación de la reforma tributaria subiendo el IVA del 16% al 19%, son los ejemplos perfectos del por qué somos políticamente mediocres al seguir votando por estos personajes que hacen de las suyas gracias a los votos que reciben de nosotros.

 

Además, casos como el de REFICAR, el cartel de la toga, la mermelada con sus cupos indicativos y los dineros perdidos para los niños de la Guajira dejan claro que la función de control político del Congreso ha quedado como un saludo a la bandera.

 

Adicional a lo anterior, está el dinero que hay que invertir en las elecciones (que sale del bolsillo de todos) y que por no ir a votar se va para la caneca de la basura. Las elecciones para Congreso y presidente manejan una cifra que ronda los 1.7 billones de pesos[2]. Y después de las elecciones, el Estado debe pagar a los partidos políticos por los votos que consiguieron: nuevamente el dinero que se debe pagar saldrá de los bolsillos de los ciudadanos.

 

Si no se está de acuerdo con las propuestas de los políticos en campaña, hay que manifestar ese desacuerdo ejerciendo el derecho al voto, y para eso está el voto en blanco. Pero somos políticamente mediocres al creer el mito de que los votos en blanco no sirven para nada y que esos votos se le suman al que gane la contienda electoral.

 

Para desmitificar ese tema, el artículo 258 de la Constitución colombiana señala que tanto para gobernador, alcalde, corporación pública y elecciones presidenciales en primera vuelta, si los votos en blanco constituyen la mayoría absoluta, es decir, la mitad más uno, las elecciones deben repetirse por una sola vez con diferentes candidatos y diferentes listas. Legalmente, tenemos la potestad de elegir y dejar claro que lo que proponen los candidatos no gusta, por más polarización que se cree en cada contienda electoral.

 

En estas elecciones los colombianos tenemos la obligación de ejercer el derecho al voto, nos guste o no. Está en juego la estabilidad del país, acabamos de salir de una guerra de cincuenta años y lo que se nos viene como sociedad es muy serio: la pendiente reforma pensional, una nueva tributaria y la fallida reforma a la justicia, entre otras perlas más. Si no leemos, entendemos y, lo más importante, recordamos qué es lo que proponen y hacen los congresistas antes de ir a votar, la pregunta de si seguiremos siendo políticamente mediocres se responderá por sí misma. Sin embargo, las consecuencias las sabremos en los meses que se avecinan y la famosa frase de los años noventa volverá a tomar fuerza: “este país está tocando fondo”, pero aún no sabemos cuál es el fondo del país.

[1] www.registraduria.gov.co

[2] http://www.colombia.com/elecciones/2018/elecciones-2018-cuanto-cuestan-las-elecciones-en-colombia-182399

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