Un forastero en su propia tierra: el caso de los economistas

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“Pero en definitiva lo que seguro no se imaginan hacer es ser los esclavos de un matemático difunto para entender y aproximarse a una solución de algún problema económico dado”.

Un año más ha pasado, y a pesar de que el mismo Alfred Nobel no haya considerado que sea un área de conocimiento que le dé beneficios a la sociedad, el Banco Central de Suecia entregó el distinguido reconocimiento en honor al noruego a dos personas muy ilustres en la Academia: Oliver Hart y a Bengt Holmström. Ambos profesores, en la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts respectivamente, se hicieron merecedores de este reconocimiento por sus aportes a la teoría de contratos. No puedo negar que uno de mis grandes sueños es lograr ese premio, como cualquier persona que es o quiere ser académico. Dado eso, sabiendo que son mentes brillantes, quise hacer un análisis de qué se necesita entonces para ganar un Premio Nobel en Economía -sé que no se llama así, pero ustedes me entienden.

Luego de fisgonear la vida de los ganadores desde el 2010 hasta ahora, un dato salió a la luz sin tener que hacer mayor investigación: su educación de pregrado. Revisemos entonces:

  • Bengt Holmström (2016): Matemático y científico, Universidad de Helsinki.
  • Oliver Hart (2016): Matemático, Universidad de Cambridge.
  • Angus Deaton (2015): Economista, Universidad de Cambridge.
  • Jean Tirole (2014): Ingeniero, Colegio Politécnico y Colegio Nacional.
  • Eugene Fama (2013): Economista, Universidad de Chicago.
  • Lars Peter Hansen (2013): Matemático y politólogo, Universidad estatal de Utah.
  • Robert Shiller (2013): Economista, Universidad de Michigan.
  • Lloyd Shapley (2012): Matemático, Universidad de Harvard.
  • Alvin Roth (2012): Investigador de operaciones, Universidad de Columbia.
  • Christopher Sims (2011): Matemático, Universidad de Harvard.
  • Thomas Sargent (2011): Economista, Universidad de California en Berkerley.
  • Peter Diamond (2010): Matemático, Universidad de Yale.
  • Dale Mortensen (2010): Economista, Universidad de Willamette.
  • Christopher Pissarides (2010): Economista, Universidad de Essex.

En negrilla van marcados aquellos pregrados que son intensivos en matemáticas y no se relacionan directamente con las ciencias sociales. De lo anterior, se puede apreciar que 8 de los últimos 14 ganadores del premio Nobel en Economía tienen una formación académica en Matemáticas o áreas afines. Ahora, si escogemos los ganadores de la distinción en el siglo XXI, encontramos que la lista se extiende: Eric Maskin, Roger Myerson, Robert Aumann, Edward Prescott, Clive Granger, Robert Engle, Vernon Smith, Daniel Kahneman, Michael Spence, Daniel McFadden y James Heckman. A manera de paréntesis, investigando también encontré que algunos ganadores tienen ascendencia judía. Por consiguiente, una cosa es clara: no existe tal Economía como ciencia, sino más bien como una rama o un hijo pequeño de la reina de las ciencias, las matemáticas.

Esto no es un fenómeno que no solo se ve en los premios Nobel, también en los programas que ofrecen las universidades de primer nivel. Hoy universidades reconocidas, como la Escuela de Economía de Londres (LSE), la Universidad de California en Los Ángeles, la de Brown y la de Yale, se han dado cuenta de este fenómeno y han abierto un pregrado conjunto de Economía y Matemáticas. No solo eso, incluso para un programa de doctorado en Economía solicitan tener conocimientos en matemáticas más allá de los cálculos para ser tenidos en cuenta en el proceso. Siendo así el juego, es claro que los economistas no somos los candidatos ideales para un PhD en Economía; por el contrario, son los matemáticos, los estadísticos y los ingenieros los ideales. Es tal la influencia de las matemáticas en la Economía que Thomas Sargent en su página personal recomienda los cursos en matemáticas formales, que a la larga terminan siendo un minipregrado en Estadística y Análisis Real.

Sin querer entrar en la discusión del bien o el mal que le hacen las matemáticas a la economía, esto en definitiva termina siendo un problema existencial para los que ejercemos la profesión económica y nos golpea bien en el ego: ¿De qué sirven los economistas cuando los matemáticos y profesiones afines son más rigurosos en lo que nosotros creemos que sabemos hacer? No solo es un problema para quienes ejercemos, sino para aquellos que quieren ser economistas. Ellos se ven en sus sueños como ministros de hacienda, hacedores de políticas públicas eficientes, reguladores de mercados financieros, entre otras cosas; pero en definitiva lo que seguro no se imaginan hacer es ser los esclavos de un matemático difunto para entender y aproximarse a una solución de algún problema económico dado.

En resumen, así como cuando Leonhard Euler resolvió el problema de la posición eficiente de los mástiles en barco sin alguna vez haber puesto ni un pie en uno, los matemáticos resuelven los problemas de la Economía sin mayor esfuerzo. Esto se debe a que de entrada ya entienden el lenguaje y agarrar la intuición económica para ellos parece más bien fácil. Respondiendo a mi pregunta inicial, creo que una apuesta inteligente para el Premio Nobel en Economía del próximo año sería no escoger a un economista, porque para ganarlo él juega de visitante; por el contrario, yo me iría por un matemático con ascendencia judía.

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