Una limosnita para el medio ambiente

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En las últimas semanas, la presentación en sociedad del proyecto de presupuesto de la Nación ha causado malestar en una de las áreas más importantes y, a su vez, más desamparadas en materia presupuestal, técnica y política para del país, el Ministerio de Ambiente. El recorte presupuestal para el ministerio y sus respectivas entidades, el posconflicto ambiental que se vino encima y la búsqueda de benefactores como alternativa para financiar los programas y proyectos ambientales, harán que próximamente se busque una limosnita para el medio ambiente.

De acuerdo con la información del Ministerio de Hacienda, la Dirección General del Presupuesto Público Nacional y su subdirección de análisis y consolidación presupuestal, la ejecución presupuestal del Ministerio de Ambiente ha presentado el siguiente comportamiento: Ver tabla.

Dado lo anterior, es claro que el presupuesto del Ministerio de Ambiente es pequeño en comparación con el que se destina para el área de Defensa y Policía, el cual pasará de $29.956 mil millones de pesos en el 2017 a la módica suma de $32.401 mil millones de pesos para el año 2018. Con estas cifras, la campaña Con paz haremos más quedó, como siempre, en un anuncio y una frase de slogan, porque se continúa invirtiendo más en aspectos de seguridad que en medio ambiente. Es claro que la guerra es mejor negocio que preservar y contribuir con el mejoramiento de las condiciones ambientales del país.

La financiación de las investigaciones en materia de biodiversidad, los compromisos relacionados con el cambio climático, la gestión del riesgo y otras labores y obligaciones contraídas en este gobierno ante la comunidad internacional, quedarán en veremos porque con el futuro recorte presupuestal habrá que desistir y disminuir la contratación de profesionales ambientales que son los idóneos para desarrollar esas labores. Sin olvidar que entramos en épocas electorales y todos sabemos cómo se harán las contrataciones en este último año de gobierno en todas las entidades públicas.

Las condiciones ambientales del país en tiempos de posconflicto, de acuerdo con los últimos informes del IDEAM, reflejan que la deforestación en Colombia está en aumento. Regiones como Antioquia, Chocó, Putumayo, Guaviare, Meta, Norte de Santander y Nariño, que estaban bajo el dominio de las FARC, tienen las tasas de deforestación más altas.

El aumento de las áreas de cultivos ilícitos y la transformación de bosques primarios para ganadería y vías, son una muestra de que se vino el posconflicto ambiental con fuerza y que la señal de preparación para manejar este serio y crítico tema es reducir el presupuesto de la entidad ministerial a cargo. Las conclusiones de los estudios de las entidades ambientales son claros y contundentes, y su resultado es que las cosas no van bien en materia de posconflicto ambiental, así el presidente y su ministro realicen anuncios de programas ambientales (con bombos y platillos) como medidas para manejar esta situación. Sin embargo, las cifras no mienten: el 44% de incremento en la tasa de deforestación entre 2015 y 2016 es el resultado de una mala planeación estratégica ambiental.

Por otra parte, en vez de fortalecer una de las áreas primordiales para el país en tiempos de posconflicto como es el medio ambiente, lo que se anuncia desde el Ministerio de Ambiente es que a las entidades a las que se les recortará el presupuesto, tienen que salir a buscar recursos y presentar proyectos para acceder a los fondos internacionales a los cuales Colombia está adscrito.

En contexto, el anuncio de salir a buscar recursos no corresponde  a un espaldarazo y apoyo del jefe de la cartera ambiental a los trabajadores de las entidades ambientales, porque sin recursos se deberá dejar de contratar profesionales, por tanto, sin profesionales los estudios y las investigaciones quedarán como siempre en el país, a medias.  “El presupuesto no es el único indicador de los recursos del sector ambiental. Se están movilizando recursos como nunca antes”, afirmó el ministro Murillo al diario El Espectador

Habla el ministro del pago de 320 millones de dólares que harán Reino Unido, Noruega y Alemania a Colombia por mantener controladas las tasas de deforestación en la Amazonia. Es contradictorio que hable de esos recursos cuando las tasas de deforestación están en aumento. Ahora bien, ninguno de los países desarrollados se hizo desarrollado y rico a punta de donar millones de dólares, siempre hay una contraprestación a una donación, porque nadie hace pan para vender pan, y como decía un profesor de Economía: “No hay almuerzos gratis”. Entonces, ¿qué tendremos que dar a cambio de esas donaciones?

Los convenios ambientales internacionales que proveen recursos están enmarcados en el cumplimiento de requisitos y mediciones ambientales, pero si hay recorte presupuestal, es claro que no habrá dinero para ejecutar y cumplir esos estándares. Y si no se cumplen esos requerimientos, no habrá recursos internacionales que usar. En la última reforma tributaria, los impuestos verdes fueron aclamados como fuente de financiación para el área ambiental, no obstante, este impuesto brilla por su desinformación, porque hasta la fecha no se ha presentado un informe de lo recaudado por el famoso impuesto verde.

En Colombia nos caracterizamos por ayudar a nuestros compatriotas en tiempos de desastres naturales como el de Mocoa, en la reconstrucción del eje cafetero, en fenómenos de La Niña y El Niño, con las teletones y demás coyunturas que se presentan en este país, y donde se han recaudado considerables e importantes sumas de dinero. Con la falta de financiación del área ambiental, habrá que sacar una totuma y pedir una limosnita para el medio ambiente.

[1] http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/presupuesto-ambiental-para-el-2018-podria-reducirse-mas-de-la-mitad-articulo-704425

 

Por: Óscar Andrés Martínez

Twitter: @oscand_martinez

 

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