Una resurrección

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Algunos afirman que la librería Trilce era una especie de Suiza en plena Segunda Guerra Mundial, pues allí se reunían poetas de todas las ideologías y colorines políticos para dialogar sin más armas que sus poemas.

Por: Chejo García

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Trilce es una palabra que tiene varios significados, de los cuales cabe destacar tres: es el nombre del libro más reconocido del poeta peruano César Vallejo, una gran obra vanguardista; es un juego de palabras creado por Vallejo con los adjetivos triste y dulce, de forma que podríamos verlo como el sabor dulce de la tristeza; finalmente, es el nombre de la librería del fallecido poeta, librero y editor Guillermo Martínez González.

El poeta llegó a Bogotá en los ochentas procedente de La Plata, Huila. Bajo el brazo traía su libro Declaración de amor a las ventanas, una bellísima obra compuesta por poemas que logran conmover desde la alegría. Pocos pueden darse ese lujo sin caer en lugares comunes y logrando que la contundencia de sus palabras toque el corazón del otro.

Un ejemplo de lo anterior es el poema Yo solo amo sus sueños de agua:

Yo le canto a María

La lavandera

La que lava la ropa

Entre susurros elementales

Y abalorios de humildad.

Yo estaré siempre a su lado

Porque amo sus sueños de agua

Sus anillitos de alegría

Su pequeño mundo de jabón

Y la ternura

Que riega

En mis camisas.

 

La librería

Guillermo Martínez González fue, además, director del Instituto Huilense de Cultura, profesor de literatura hispanoamericana, traductor, gestor cultural, escribió para un sinfín de revistas especializadas y publicó varios libros más como Mitos del Alto Magdalena o El ermitaño de los lotos verdes.

Estableció su librería pasando por varios lugares en el corazón de Chapinero hasta ubicarse en la calle 65 con carrera 10. Al frente sembró un sauce demostrando así que la poesía está presente en todo. Su lema siempre fue «la cita es frente al sauce», como un verso de Li Po.

Durante muchos años la librería Trilce se consolidó como un espacio para la poesía y la narrativa de Bogotá. Era el punto de encuentro para poetas, narradores, lectores y amantes de la vida literaria de la capital. Algunos afirman que la librería era una especie de Suiza en plena Segunda Guerra Mundial, pues allí se reunían poetas de todas las ideologías y colorines políticos para dialogar sin más armas que sus poemas.

 

El adiós

El 26 de septiembre de 2016 recibimos la noticia del fallecimiento de Guillermo Martínez González. No hubo tiempo de nada, el golpe aturdió a sus amigos y colaboradores. La poesía estaba de luto.

Uno de los más cercanos a él era el poeta y escritor Alejandro Cortés González, quien para esa época dictaba el taller de escritura creativa de Idartes –del cual yo hacía parte– y era miembro de la Fundación Trilce. En algunas ocasiones asistí a los eventos de poesía y narrativa con escritores de la talla de Henry Alexander Gómez, Fadir Delgado, Lasse Söderberg y Olyvier Leroux-Picard, por mencionar algunos.

Antes y después de las lecturas había un ambiente perfumado de jazz y libros de todas las edades. La noche bogotana conservaba el olor a café que ofrecían a los asistentes y a las palabras que alimentaban el alma. Siempre había buenos descuentos en los libros y, más que eso, había libros rarísimos e imposibles de encontrar en otras librerías.

Fue allí donde compré El verano peligroso, un libro que reunía la crónica de Ernest Hemingway sobre la rivalidad entre dos toreros de una gran época en España: Luis Miguel Dominguín y su cuñado, Antonio Ordóñez. Su lectura fue un referente personal a la hora de escribir, así como Muerte en la tarde lo fue para hacerme a una opinión diferente acerca de la tauromaquia.

Un par de noches después del fallecimiento de Guillermo Martínez González nos reunimos con varias personas y colocamos velas frente al sauce. En círculo, afuera de la librería –que estaba a oscuras y sellada por orden judicial, mientras se adelantaba el juicio de sucesión– leímos sus poemas y rotamos una botella de vino para pasar el trago amargo. El poema que escogí para leer fue Una resurrección. Cito textualmente sus últimos versos:

 

Renacer,

Eso pido como cualquier Lázaro

En estos días en que transito

Solo en la sombra

Como una piedra lanzada al vacío.

 

Una resurrección

Trilce no abrió sus puertas en varios meses. Un día de septiembre de este año, en un evento de Lectura bajo los árboles, en el Parque Nacional, me encontré con Alejandro Cortés González quien me dijo «Oye, Sergio. Este martes le vamos a rendir un homenaje a Guillermo. Te invito, va a ser en la librería».

La idea de que la librería abriera me pareció irreal, aún más pensando que por ese tiempo se había dado el cierre de La madriguera del conejo, otra librería que, en su momento, se perfilaba como una de las icónicas de Bogotá por su variada oferta cultural, sus libros y su ubicación. Así pues, me hice a la idea de una reunión frente al sauce, afuera de la librería, claro.

Esperé con ansias el día. Llegué minutos antes de las siete de la noche y no salí de mi asombro. Trilce había vuelto a la vida. Sus luces blancas iluminaban los libros de poesía, narrativa, historia, filosofía y fotografía. Sonaba un vinilo de Miles Davis y, debo admitirlo, el ambiente fue muy familiar.

No me costó entablar conversación con los reunidos en ese instante: amigos de tertulia de Guillermo, libreros y el nuevo dueño de Trilce, Juan Manuel Salas, amigo personal del poeta y quien tomó la heroica decisión de comprar la librería y mantenerla a flote como un barco golpeado que se niega rotundamente a hundir. El lugar se llenó.

De nuevo, como un año atrás, los amigos cercanos a Guillermo Martínez González leyeron sus poemas más alegres y más conmovedores, proyectaron una serie de videos de sus intervenciones en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, algunas notas sobre la librería e incluso una entrevista con Gloria Valencia de Castaño en donde hablaban de su libro Mitos del Alto Magdalena.

 Ahora viene una nueva administración que sin duda establecerá su propio sello y estilo, pero que conservará parte del espíritu de la librería Trilce. Esa noche, podría decirse, Guillermo Martínez González estuvo presente, vigente y más vivo que nunca. Esa noche cumplió la cita frente al sauce.

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