Publicado el 12 Septiembre, 2019

¡Comercios, dar descuentos por pago en efectivo puede ser costoso!

A pesar de la creciente adopción de pagos electrónicos y el boom de las Fintechs en Colombia, el efectivo sigue siendo el principal instrumento de pago en las transacciones de personas a empresas (P2B).


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A pesar de la creciente adopción de pagos electrónicos y el boom de las Fintechs en Colombia, el efectivo sigue siendo el principal instrumento de pago en las transacciones de personas a empresas (P2B). El alto grado de informalidad, la baja educación financiera, las tarifas asociadas al manejo de cuentas (ahorro o crédito), las cargas tributarias (cuatro por mil), entre otros factores, compiten con los esfuerzos del Gobierno por fomentar la bancarización. Adicional a esto, la aceptación de pagos con tarjeta es baja y existe una alta concentración en la red de datáfonos; tan solo el 53% de los municipios tienen cobertura (BTC, 2015). Esto se traduce en un menor recaudo tributario debido a que la escasa trazabilidad del efectivo facilita la evasión de impuestos y el lavado de activos.

Al respecto, países como India, Suecia y Uruguay han introducido políticas para frenar la demanda de efectivo. En India, por ejemplo, el Ministerio de Hacienda promueve los pagos digitales a través de descuentos en el precio de venta del petróleo o el diésel, la fijación de precios máximos para el alquiler de datáfonos y la eliminación de monedas de alta denominación (Rs. 500 y Rs. 1000). En Suecia, por su parte, se impusieron tarifas elevadas por retiros en cajeros automáticos, no se obliga a los comercios a aceptar pagos en efectivo y hasta los indigentes tienen datáfonos para el pago de limosna. Por último, en Uruguay, de acuerdo con la ley de inclusión financiera (2014), se reduce hasta el 2% del IVA por pago en tarjeta o dinero electrónico y hasta la totalidad del IVA por pago con tarjeta débito Uruguay Social.

Colombia no se queda atrás. La creación del Sistema Integrado de Información Financiera (SIIF) en 1996 junto con la creación de las cajas de compensación automáticas, ACH CENIT y ACH Colombia, a finales de los años 90, han potenciado los sistemas de pagos electrónicos. También lo hizo la introducción de pagos seguros en línea (PSE) en 2004, el programa Banca de las Oportunidades en el 2006 y el uso de Daviplata para transferir los subsidios de Más Familias en Acción. Al final, los resultados son positivos frente a la tenencia de tarjetas (débito, crédito o prepagada) pero ligeramente significativos frente a su uso. Y esto tiene que ver, entre muchas cosas, con las preferencias de pago de los comercios.  

Con esto en mente, es pertinente evaluar la política de diferenciación de precios asociada a los instrumentos de pago. En específico, los descuentos por pago en efectivo. Para ello, se ahondará en la investigación realizada por Briglevics y Shy (2014) sobre los cambios en los beneficios de los comercios asociados a este tipo de política. Es válido aclarar, empero, que existen otras dinámicas: fijar un valor mínimo para la transacción con tarjeta, tiempos de entrega distintos, diferencias en la calidad del servicio, etc. 

Mercado de tarjetas y comisiones de adquirencia

Antes de empezar, es necesario caracterizar el mercado de tarjetas que opera en Colombia. En primer lugar, los agentes (consumidor y comercio) interactúan a través de una plataforma intermedia (tarjeta). Por cada transacción con tarjeta, el banco adquiriente le cobra al comercio una comisión (comisión de adquirencia) como porcentaje del valor de la venta. Esta comisión depende del tipo de comercio (capacidad de negociación), el banco adquiriente, el tipo de tarjeta (débito o crédito) y el tipo de franquicia (VISA o MasterCard). Por reglamentación del SIIF, esta información debe publicarse trimestralmente por los operadores de red (Redeban y Credibanco) y expresarse en mínimos, máximos y promedio ponderados.

En segundo lugar, las decisiones de un agente afectan el resultado de otro mediante una externalidad (beneficio no compensado monetariamente). Los tarjetahabientes se benefician entre mayor proporción de comercios acepten pagos con tarjeta y viceversa. Los incentivos de entrada (estructura de los precios), por otro lado, dependen de la elasticidad precio de la demanda de cada agente que participa. Por lo regular, los comercios aceptan pagos sobre múltiples redes, mientras que los consumidores se apegan a una tarjeta a la vez. Esto lleva a que las plataformas compitan más agresivamente por atraer a los consumidores (millas, puntos, etc.) y cobran precios monopólicos sobre los comercios (Bardey, 2012). En respuesta, muchos comercios incentivan a los consumidores a pagar con efectivo o simplemente dejan de aceptar pago con tarjetas.

Descuentos en efectivo

El efectivo es el instrumento de pago con el cual se cierran más rápido las transacciones de bajo valor y, en ausencia de comisiones, tiene los menores costos de transacción (Arango, 2008). Esto es importante porque en la medida en la que el valor promedio de la transacción aumenta, los comercios son menos intensivos en efectivo y mayor será su disposición a adquirir un datáfono. Esta disposición también crece con los volúmenes de ventas, con la educación de los dueños, de la confianza en el sistema financiero, mayor competitividad, el acceso a otros servicios financieros (crédito) y el tamaño del comercio (Arango, 2017). Y aunque aceptar pagos con tarjeta elimina los costos de transporte y almacenamiento del efectivo, reduce pérdidas por fraude y mejora los registros de la actividad comercial, muchos comercios insisten en desincentivar su uso.

El argumento es el siguiente. Suponiendo que el valor de la transacción promedio es de 20 mil pesos y la comisión de adquirencia es del 2%, un descuento del 1% sobre el valor de la venta —por pago en efectivo— beneficia al comercio en 100 pesos por transacción. El cálculo viene de 20.000*0.02, que es lo que se ahorra el comercio por la comisión, menos 20.000*0.01, que es lo que pierde por el descuento. Este cálculo es erróneo por cualquier lado que se mire.

En primera instancia, no tiene en cuenta que el 1% de descuento también aplica sobre todos aquellos consumidores que no pagan con tarjeta en ausencia de cualquier incentivo. Suponiendo que el comercio recibe 150 consumidores que pagan con tarjeta y 150 que pagan con efectivo (cada uno realiza una sola transacción), el comerciante no ganaría por el descuento. 150*0.02, que es lo que se ahorra de la comisión, se netea con los 300*0.01, que pierde por el descuento. Siguiendo esta lógica, Briglevics y Shy (2014) concluyen que los beneficios de esta política decrecen con el número de consumidores que pagan en efectivo, aumenta con el valor promedio de la transacción con tarjeta e incrementa con las comisiones de adquirencia.

En segunda instancia, supone que los consumidores cambian sus preferencias de pago de manera radical. Las plataformas incentivan el uso de tarjetas a través de puntos, millas o la devolución de un porcentaje del valor de la compra. Esto puede llegar a contrarrestar los beneficios asociados a los descuentos en los puntos de venta. Así, disminuye la proporción de consumidores que dejan de pagar con tarjeta para aprovechar el descuento.

Por último, no interioriza los costos administrativos, las pérdidas por fraude y los costos de oportunidad. Eso sin contar que los comercios son exonerados del pago mensual del alquiler del datáfono si cumplen un mínimo de transacciones con tarjeta.  

Referencias

  1. Bardey, D., y Meléndez, M. (2012). La economía de los mercados de dos lados: aplicación al análisis de las tarjetas de pago en Colombia (N.° 010021). Universidad de los Andes-CEDE.
  2. Alliance, B. T. C. (2015). Country diagnostic: Colombia. Bankable Frontier Associates (BFA) bajo la supervisión de Beatriz Marulanda.
  3. Briglevics, T., y Shy, O. (2014). Why don’t most merchants use price discounts to steer consumer payment choice? Review of Industrial Organization44(4), 367-392.
  4. Arango, C., y Taylor, V. (2008). Merchants’ costs of accepting means of payment: Is cash the least costly? Bank of Canada Review2008(Winter), 17-25.
  5. Arango, C. A. A., Solano, H. M. Z., y Ariza, N. F. S. (2017). Tenencia, uso y aceptación de instrumentos de pagos electrónicos en Colombia. Uso del efectivo y la economía subterránea en Colombia, 18.
  6. Ministry of Finance (2016) Package for promotion of digital and cashless economy.
  7. DW (2018). Un mundo sin billetes ni monedas. Recuperado el 20 de febrero del 2019 en: https://www.youtube.com/watch?v=OwIy20e7VlM&t=1122s
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