Publicado el 8 Septiembre, 2019

Contando los muertos

Pese a que Medicina Legal cuenta con cifras de homicidios año a año en el país, estas cifras muchas veces no coinciden con sistemas como el de información estadística de la Policía Nacional. ¿Existe un conteo serio de homicidios en el país que nos permita, entre otras cosas, formular políticas públicas efectivas?


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Colombia es un país en donde despertar con la noticia de un asesinato no sorprende a nadie, es más, si no es mediático y no está relacionado con alguien considerado importante, o si no está ligado a formas macabras o morbosas parecería que no tiene repercusión en la parrilla noticiosa, y sin embargo ahí están, ahí están los muertos que no se cuentan por decenas, ni por centenas, se cuentan por miles.

Todos hemos tenido algún tipo de relación con la muerte, ya sea de algún familiar, amigo o conocido, sin embargo, hay diferencias entre estas relaciones. La primera y más inmediata es la forma en la que conocemos de esa muerte. Cuando alguien está en una situación en la que eventualmente podría morir, la reacción ante esta muerte es muy distinta a recibir una llamada inesperada o descubrir que quien no estaba contemplado que muriera, fallece. Este es el caso de las personas que son asesinadas: no se espera su muerte, al menos no de forma inmediata. Cuando sucede es impactante, es un golpe certero a todos los sentidos, se siente uno morir con esa persona.

El panorama de asesinatos en Colombia, que en algún momento lideraba la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes, es diferente a esas épocas de violencia extrema. Si bien en los últimos nueve años la tendencia de los homicidios en el país ha disminuido pasando de 17,717 en el año 2009 a 11,373 casos en el 2017, para el año 2018 y según datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INML y CF) se registraron 12,130. Esto quiere decir que después de casi una década de disminución de este fenómeno, para el año 2018 aumentaron los homicidios, concretamente se registraron 757 asesinatos más que en el año 2017.

El panorama no es alentador. De los más de 12,000 homicidios, cerca del 91% correspondió a asesinatos de hombres y el 8.6% a mujeres. Por otra parte, la mayor cantidad de homicidios en el país se da en edades comprendidas entre los 20 y 24 años con cerca de 2,450 casos para el 2018, seguidos de personas con edades entre los 25 y 29 con 2,169 casos. Los mecanismos son reveladores. En un país donde no está permitido el porte y uso de armas de fuego, cerca del 72% de los homicidios registrados se cometieron mediante proyectil de arma de fuego, el 18% con elementos cortopunzantes y los demás tienen una participación marginal, pero entre ellos destacan: agentes y mecanismos explosivos, térmico, tóxico y estrangulamiento, entre otras.

Pero ¿dónde están esos muertos? En este caso, tienen que pasar por el INML y CF todos los asesinatos cometidos en el país y que estén registrados. Entran a esta institución y después de los exámenes de rigor los restos son entregados a sus familiares, es decir, las cifras que lleva el Instituto son al final las cifras de los que pasaron por sus instalaciones. Pero hay otra fuente de cifras de homicidios y es la Policía Nacional, cuyos datos son extraídos del Sistema de Información Estadístico, Delincuencial Contravencional y Operativo de la Policía Nacional – SIEDCO. Para el año 2018 muestran que hubo 12.667 homicidios, es decir, hay una diferencia de 537 personas asesinadas frente a los datos presentados por el INML y CF.

 Entonces, ¿con qué panorama nos encontramos en el país? ¿Contamos con las cifras de unos o de los otros? Hacemos caso de comentarios políticos errados debido a la calidad de los datos que percibimos de las personas asesinadas, o quizá deberíamos hacer un llamado a las instituciones encargadas de generar las estadísticas para que se articulen y logren llegar a un solo dato, actualizado, que genere confianza, y no datos sueltos agregados sin ningún componente que logre realizar un análisis más allá de lo visual o de la descripción de los mismos. Si bien esto es importante como conclusión, no puede quedarse solo en eso: los datos a veces merecen ser tratados de mejor forma, sin desconocer su importancia tanto en la fortaleza de estos para comunicar como en la herramienta para poder realizar análisis con el rigor necesario.

Porque al final es imprescindible no perder de vista los datos relacionados con los homicidios, sorprenderse y no normalizar los miles de muertos que se presentan anualmente en el país, porque es importante que no queden solo en las cifras, como datos fríos y olvidados, sino que sean parte importante del desarrollo de políticas públicas encaminadas a preservar la vida, para darle sentido a la misma y saber, como dice el querido Pablo en su álbum del mismo nombre que “la vida no vale nada / cuando otros se están matando / y yo sigo aquí cantando / cual si no pasara nada”.

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