Publicado el 9 Mayo, 2019

Economía ciberexpuesta

Países como Estados Unidos y Reino Unido aceptan que tan solo el 13% de los ciberdelitos es informado. Algunas empresas han empezado a considerar el delito cibernético como un costo inherente a los negocios. ¿Qué tanta es su magnitud?


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Hasta 600 mil millones de dólares puede ser el costo del delito cibernético en el mundo. Esto, teniendo en cuenta que países como Estados Unidos y Reino Unido aceptan que tan solo el 13% de los ciberdelitos es informado. De hecho, algunas empresas han empezado a considerar el delito cibernético como un costo inherente a los negocios.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), publicó en el año 2018 el estudio The Economic Impact of Cybercrime-No Slowing Down, una investigación en la que se utilizaron variables para estimar los costos del delito informático, tales como la pérdida de la propiedad intelectual o de información privilegiada, la recuperación de las empresas después de un ataque, el reforzamiento de la seguridad informática, el daño reputacional, la pérdida de la confianza, la compensación por daños a terceros y la inactividad, entre otras, a partir de las cuales se determinó que los costos de este tipo de acciones criminales asciende al 0.8% del PIB global, y que en Estados Unidos, uno de los países que más dinero invierte en seguridad informática, los costos pueden ascender hasta el 2% del ingreso nacional.

Una de las modalidades del ciberdelito es el programa maligno de rescate, o Ransomware, mediante el cual se impide a personas y empresas acceder a sus sistemas operativos o a sus archivos personales hasta que no se pague un rescate, que oscila generalmente entre los 150 y los 200 dólares. Si bien podría verse como una cifra no muy escandalosa, el FBI reportó que, en 2016, los pagos de rescate alcanzaron los 209 millones de dólares, de los cuales fueron víctimas aproximadamente 16,6 millones de personas y empresas.

En las grandes empresas, y sobre todo en el sector financiero, los delitos que usan tecnología representan el 95% de las pérdidas anuales, y esto podemos saberlo porque la banca paulatinamente ha reportado con mayor transparencia la información al respecto, contrario a lo que sucede en otros sectores económicos y en pequeñas y medianas empresas. Estas prefieren asumir como costo el delito cibernético para evitar posibles riesgos por responsabilidad civil y daños reputacionales considerables. Aun así, la Cámara de Comercio de Canadá reportó que aproximadamente la mitad de sus pequeñas y medianas empresas son víctimas cotidianas del crimen cibernético.

El área que reporta las pérdidas más significativas a causa del ciberdelito es la propiedad intelectual, con cifras que alcanzan los 12 mil millones de dólares en Estados Unidos, y hasta 60 mil millones a nivel global. Esto principalmente con relación al espionaje militar en el sector público y a robos de diseño de producto en el sector privado.

El delito cibernético parece ser algo incontrolable; se han podido registrar hasta 80 mil millones de escaneos maliciosos diarios, y a pesar de la implementación de fuertes controles, los criminales siguen teniendo éxito, de ahí que cobre mayor importancia la ejecución de una regulación adecuada y unos canales de comunicación eficaces, y sobre todo la cooperación internacional para mitigar los efectos económicos del ciberdelito en las personas y las empresas.

En 2016, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Universidad de Oxford invitaron a los países de América Latina a acelerar sus esfuerzos en ciberseguridad ante la evidente vulnerabilidad que se pudo revelar en el Informe de Seguridad 2016, realizado conjuntamente por estas tres organizaciones; sin embargo, según el reporte del CSIS, la tecnología penetra cada vez más en los países latinoamericanos sin que este aumento sea proporcional a los controles que se establecen. De ahí que, por ejemplo, Brasil sea la segunda fuente de ataques y el tercer lugar más afectado en el mundo.

En Colombia, la madurez en las políticas de cibercriminalidad está en ascenso. No obstante, la brecha existente en comparación con otros países es bastante marcada, por lo cual se hacen preocupantes las repercusiones económicas que tengan que afrontar nuestras empresas con el auge de la Cuarta Revolución Industrial y los grandes retos en seguridad que implican los desarrollos tecnológicos.

El crimen cibernético ocupa el tercer lugar entre los factores más costosos y lesivos para la economía de los países, después de la corrupción y el narcotráfico; por eso, al hablar de la reactivación de la economía es fundamental mencionar algo que es igual de importante: la protección de esta.    
 

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