Publicado el 22 Febrero, 2019

El costo de ser hombre

Aunque los hombres obtengan ciertos privilegios económicos y políticos derivados de su género, esto no significa que no sean perjudicados por esto también.


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Un dolor de cabeza recurrente que afronta el feminismo es que algunos de sus opositores, por deshonestidad intelectual o ignorancia, tienden a caricaturizarlo y tergiversarlo, a desmentir sus propuestas teóricas basados en espejismos.

Tomemos por ejemplo la idea del patriarcado. Podríamos definirlo como una estructura social de supremacía masculina que opera a expensas de las mujeres, sin embargo, hay que resaltar que es un concepto polémico y difuso, y no es aceptado universalmente dentro del feminismo. Algunas teóricas han cuestionado su pertinencia en términos de explicar complejas relaciones de dominación raciales y de clase, por ejemplo.

Para algunos grupos libertarios y neoconservadores, esta idea de una sociedad dominada por hombres es risible cuanto más. Christina Hoff Sommers ha intentado desmentir la idea del privilegio masculino remitiéndose a los siguientes patrones estadísticos en Estados Unidos, que más o menos se ajustan a la tendencia de la mayoría de las sociedades occidentales:

  • La mayoría de la gente en prisión es hombre.
  • La mayoría de población en indigencia es masculina.
  • La mayoría de las víctimas de homicidios son hombres.
  • La mayoría de los suicidas son hombres.
  • La esperanza de vida de los hombres es más baja que la de las mujeres.
  • Las mujeres tienen tasas de escolaridad más alta en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La tesis implícita es que a los hombres también les va mal, por lo que no hay algo esencialmente injusto en la estructura social o en las expectativas que tiene la sociedad sobre cómo y cómo no deben comportarse los hombres y mujeres, no hay necesidad de pensar en cambiar nada. Si los hombres necesitan revisar sus privilegios, las mujeres también, dice la señora Sommers. También se sugiere soterradamente que el feminismo ignora estos problemas o muy convenientemente decide no hablar de ellos.

El argumento ha sido muy exitoso en términos de propaganda, tanto así que ha sido replicado en diferentes instancias, convirtiéndose en un lugar común del discurso de los libertarios de derecha cuando hablan del patriarcado. Alguien lo hizo para el caso de Colombia.

Los roles de género y el patriarcado

Pero el feminismo sí ha tratado estos problemas. Nuestra sociedad está edificada en torno a nociones de cómo se espera que actúen los hombres y las mujeres. Estas expectativas cambian de una estructura social a otra, y se denominan roles de género. En el patriarcado -visto desde el punto de vista más convencional- los roles de género establecen una relación de dominancia dinámica del hombre con respecto a la mujer. En este sistema de organización, la mujer, débil y sumisa, está limitada a ser una extensión del hombre. Este, por otro lado, se proyecta como dominante, duro -incluso si hace falta suprimir sus emociones- y es el encargado de dar el sustento y la protección a la familia.

Es cierto que si comparamos la situación del siglo XX con respecto al siglo XXI las dinámicas familiares y sociales han cambiado en cierta extensión, y es cierto que las mujeres en términos absolutos tienen mejores niveles de independencia y autonomía que en el pasado.

Pero la situación está lejos de ser la ideal. Para Abigail Player, los roles de género tienen un impacto gigantesco en nuestras creencias sobre lo que deben y no deben hacer los hombres y las mujeres, consecuentemente, surgen estereotipos que refuerzan las jerarquías basadas en género: por ejemplo, encuestas y experimentos han mostrado que las mujeres son percibidas como cooperativas y leales, en contraste con los hombres a quienes se les achacan las cualidades de protectores y competentes. No todos asumen estos estereotipos, pero hay evidencia de que las mujeres que no se comportan conforme a estos estereotipos son evaluadas negativamente por sus pares en el trabajo. Además, continúa Player, toda una vida expuesto a estas expectativas de lo que deben ser las mujeres configura y refuerza sesgos inconscientes e invisibles. Como consecuencia de estos sesgos los hombres son vistos como líderes más capaces y son recompensados en mayor medida que las mujeres.

Player ilustra esta situación, usando datos del Reino Unido, en donde las mujeres solo componen el 22% del Parlamento, el 20% de los profesores universitarios y el 6,1% de los cargos ejecutivos en la Bolsa de Valores de Londres. En Colombia, el porcentaje de mujeres en el Congreso es del 21,7%, y según el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario la brecha salarial está en el 25%, y el desempleo está en el 11% con respecto al 5% del hombres.

Hay otros costos asociados a ser mujer, podría decirse que más onerosos –violencia sexual, mansplaining, trabajo doméstico, entre muchos otros– que no trataré porque requeriría extenderme más allá de los horizontes de este escrito. En todo caso, creo que se ha mostrado que hay un privilegio del hombre en la estructura política y económica. No cabe duda de que sobre el tema de la brecha salarial y las diferencias de poder en las estructuras sociales hay mucha tela por donde cortar, e intentaré analizarlos a profundidad en próximos escritos.

Los costos de ser hombre

En el pasado, el término masculinidad tóxica era usado casi exclusivamente en las clases de género en las universidades. De unos años para acá, ha recobrado vida por cuenta de la guerra cultural en torno al feminismo que se vive en Internet. ¿Qué significa exactamente? ¿Cómo explica los costos de ser hombre?

La masculinidad tóxica es un conjunto de prácticas dañinas y destructivas, derivadas principalmente de suprimir las emociones, mantener la apariencia de tipos duros en oposición a ser percibido como femenino y usar la violencia como indicador de poder. Hay que aclarar que no todos los hombres y las masculinidades son tóxicas, hay rasgos que tradicionalmente se han asociado a los hombres como el liderazgo y el coraje, por poner un par de ejemplos, que es positivo incentivar tanto en hombres como en mujeres.

En agosto de 2018 la American Psychological Association (APA) reveló su primera guía especialmente dirigida para el tratamiento de hombres y niños. La guía, dice la APA, fue escrita con base en 40 años de investigación y trabajo terapéutico. En un artículo publicado en el sitio web de la APA, Stephanie Pappas explica las motivaciones detrás de la guía y da luces para entender cómo los roles de género explican los patrones estadísticos que ciertos neoconservadores han usado como caballito de batalla en contra del feminismo. Pappas soporta sus observaciones con literatura científica anexa y pone énfasis en que los terapeutas deben entender también cómo el poder, el privilegio y el sexismo funcionan tanto otorgando beneficios a los hombres como atrapándolos en nociones preconcebidas sobre cómo se espera que sean:

– Los hombres se sienten aislados, son criados con la mentalidad de ser autosuficientes y de ocuparse de los problemas por ellos mismos. Como consecuencia, no buscan ayuda y se aíslan aún más. Por esto mismo, los niños y los hombres corren un riesgo desproporcional en relación con la disciplina y los desafíos académicos. Además, los hombres con nociones más tradicionales de masculinidad son menos propensos a buscar asistencia psicológica que aquellos con nociones de género más flexibles.

– Los machos u hombres con rasgos de masculinidad fuerte -competitivos, dominantes, agresivos y estoicos- tienen la mitad de probabilidades de adquirir salud preventiva que aquellos hombres de criterios de masculinidad más moderada.

– Los machos son más propensos a adoptar comportamientos considerados riesgosos para la salud como alcoholismo, hábitos alimenticios poco saludables, tabaquismo o a poner en riesgo, ellos mismos, su integridad física.

Mi propósito al escribir este artículo es poner una pequeña cuota en lo que espero sea un debate más constructivo y menos tóxico en torno al tema de los roles de género y las relaciones de poder. Por desgracia hoy el debate está viciado por cuenta del sensacionalismo de los medios y los trolls de Internet.

Hay que dejar atrás esa narrativa que sugiere que el feminismo es una cruzada en contra de los hombres, pues en realidad, es una herramienta de emancipación, no solo para las mujeres, sino también para nosotros los hombres, a los que espero lleguen estas palabras. Como dice Chelsea Fagan en una cápsula de YouTube, una de las ideas fundamentales del feminismo es liberarse del aplastante dominio de estos roles de género. Nosotros no deberíamos pagar por lo que la sociedad espera de nosotros por nuestro género. Para mí ha sido un ejercicio liberador interrogarme sobre en qué forma los roles de género han limitado mi libertad y felicidad.

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