Publicado el 5 Mayo, 2019

El efecto Ambuila

Legado: m. Aquello que se deja o transmite a los sucesores, sea cosa material o inmaterial.
El escándalo de corrupción en la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) protagonizado por Omar Ambuila y su familia, llevó a la indignación nacional no solo por la dimensión del delito, sino también por la forma en que la hija del funcionario expuso en redes sociales la extravagante vida de lujo que se daba en los Estados Unidos. Lobo o no, el estilo de vida de estos personajes da cuenta de diferentes aspectos de lo que somos como sociedad.


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El escándalo de corrupción en la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) protagonizado por Omar Ambuila y su familia, llevó a la indignación nacional no solo por la dimensión del delito, sino también por la forma en que la hija del funcionario expuso en redes sociales la extravagante vida de lujo que se daba en los Estados Unidos, lo que finalmente sirvió para la consecuente investigación que hoy los tiene presos.

A Jenny Ambuila la han catalogado de loba, guisa y toda suerte de calificativos gracias a la galería de fotos donde presumía sus autos, las compras que hacía, los restaurantes que frecuentaba y hasta la universidad a la que asistía. Todo en territorio estadounidense. Un ritmo de vida que no era posible para la hija de un funcionario que devengaba aproximadamente seis millones de pesos al mes. Pero el caso de Jenny no es el primero en el que jóvenes se aprovechan de la posición de sus padres para ascender en la escala social, mejorar sus ingresos y hasta posicionarse como empresarios sin hacer mucho mérito para ello.

Puede que esté en nuestra idiosincrasia, porque el afán de protagonismo o la ostentación no respeta estrato, zona y nivel educativo. O sino visiten las redes sociales de Abelardo De la Espriella para que lo confirmen. En fin, lobo o no, el estilo de vida de estos personajes da cuenta de diferentes aspectos de lo que somos como sociedad.

A Jenny, por ejemplo, poco o nada le importaron las constantes preocupaciones de su padre ante la constante exposición en redes de sus comodidades, tal y como se evidencia en grabaciones de llamadas entre los progenitores. Realmente no extraña la actitud reticente de la joven al llamado de mesura hecho por su padre. Como buena heredera a la que no le cuesta esfuerzo alguno conseguir el dinero que despilfarra, se dedicó a dar a conocer al mundo cuán fabulosa puede ser la vida del hijo de un corrupto. Por momentos minúsculos siento pena por don Omar, ya que la insensatez (¿o estupidez?) de su hija echaron por la borda una carrera en la DIAN que venía desde 1992, y la que intuyo no fue sencilla a pesar de lo torcido de sus modos. Luego recuerdo que es parte de una olla de corrupción y vuelvo a sentir felicidad de que su propia sangre haya contribuido a que cayera en manos de la justicia.

Miren, no es que desee la impunidad de gente como los Ambuila, lo que quiero que vean es que, así como le pasó a esta devota familia de emprendedores del crimen, también se ven casos de buenas empresas que hallan el fracaso debido a la ligereza con que las nuevas generaciones manejan su vida personal a costa del patrimonio que heredaron.

Fuera del contexto de la delincuencia, este tipo de hijos despilfarradores abundan en la vida empresarial del país. Quizá por ello es tan difícil que las empresas familiares sobrevivan al relevo generacional. Conozco casos en los que los herederos tratan el legado de sus padres como una alcancía que hay que saquear según el capricho del día, acabando en poco tiempo con todo aquello que a sus predecesores les llevó una vida entera construir.

Es triste para las familias honestas y trabajadoras que hacen empresa tener este tipo de descendientes; al mismo tiempo es bastante ventajoso para las autoridades que existan más
Jenny Ambuila que no resistan las ganas de ostentar, cual novela de traquetos, todas las excentricidades que se pueden permitir. En ambos casos el facilismo impera, así como el arribismo y una total desconexión de la realidad. Y es que, personalmente, de lo más chocante de la situación del servidor de la DIAN y su familia es que todos son oriundos de uno de los lugares más desangrados por la corrupción, problemática que incluso ha afectado directamente a los últimos tres alcaldes del puerto de Buenaventura. No hay mejor muestra de la indolencia que caracteriza al colombiano promedio.

Además de lo perjudicial que son estos legados de riqueza mal habida, se debe evaluar, esto para los honestos, qué tan beneficioso es que un joven heredero pueda gozar tan fácilmente de las comodidades que han creado sus padres sin antes demostrar que puede manejarlas responsablemente, especialmente cuando se trata de empresas.

La perdición de esta gente que de la nada empieza a ganar sumas absurdas de dinero, como le pasó a nuestra influenciadora Ambuila, es que no comprenden el concepto de bajo perfil, por lo que,en su afán de dejar atrás una vida llena de carencias, adoptan toda suerte de costumbres y gustos que transmiten de forma contundente cuánto poseen en su cuenta bancaria. Así de importante es la opinión de los demás para este tipo de personajes, así de frágil es su estructura emocional, y sí, también son así de tontos.

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