Publicado el 16 Enero, 2019

El fenómeno de las criptomonedas: ¿el futuro de los medios de intercambio?

La digitalización de los medios de intercambio parece preocupar a los banqueros centrales debido a su creciente apogeo tras la quiebra de Lehman Brothers en el 2008.


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La crisis financiera provocó una incertidumbre generalizada sobre la capacidad de pago de los bancos comerciales y sobre su eficiencia en el manejo de los depósitos. Las bajas tasas de interés, por su parte, incentivaron la reducción en la oferta de crédito y el endurecimiento de las condiciones de préstamo. Como consecuencia, se ha venido experimentando una demanda creciente por la tenencia de criptomonedas como Bitcoin o Ether, con la finalidad de cubrir los riesgos.

Lo mismo parece suceder en aquellos países con indicadores macroeconómicos deteriorados (inflación alta, desempleo) y con baja eficiencia institucional producto de la crisis soberana, como Venezuela y Argentina. La debilidad de la moneda local parece desincentivar el uso de moneda de papel como medio para transar y, por consiguiente, pone a las criptomonedas como uno de los medios sustitutos. Buenos Aires, por ejemplo, es una de las ciudades capitales con el mayor número de comercios donde es permitido el uso de bitcoins, incluyendo hoteles, bares y restaurantes (Arango, Bernal y Boada, 2018). En el caso de Venezuela, el presidente Maduro propuso la creación del petro, cuyo valor iba a estar anclado al precio internacional del petróleo y cuya oferta iba a estar regulada por el Gobierno central.

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La variedad de preguntas que se puede hacer un banco central y el Gobierno frente al desarrollo de este tipo de monedas puede ser: ¿se deben regular? ¿Existe algún tipo de tecnología que pueda ser de utilidad para el desarrollo de nuevos servicios financieros y que actualmente se use en las criptomonedas? ¿Puede obstaculizar la política monetaria? En últimas, este texto pretende responder, sin mayor profundidad, algunas de las inquietudes mencionadas e informar un poco más acerca de qué son, para qué sirven y los retos que conlleva su regulación.

Lo primero que quisiera entender un primíparo en el tema es qué son y cuáles son sus usos. El surgimiento de este tipo de monedas se dio gracias a la creciente digitalización de los servicios financieros, el desarrollo de la criptografía (encriptación de un lenguaje) y la búsqueda por reducir los costos de transacción asociados a los servicios de intermediación que ofrecen los bancos comerciales. En su definición más básica, una criptomoneda puede ser descrita como un híbrido entre papel moneda y moneda commodity (como lo fue el oro), sin valor intrínseco e independiente de cualquier tipo de regulación gubernamental o de la banca central (Dirk et al, 2017; pág. 1). Por tanto, es una moneda descentralizada que funciona a través de una tecnología denominada Blockchain. En el caso del Bitcoin, miles de computadores verifican una transacción a través de la validación de códigos —denominados llaves privadas— que se hace a través de una billetera digital. Si la verificación arroja que el código es confiable, la transacción queda registrada en una cadena de bloques que es pública. Sus usos, en cambio, pueden ser variados: como (1) activo financiero (motivo de especulación dada la volatilidad de su precio) o (2) medio de intercambio.

Lo segundo es que, dado que las transacciones se realizan de manera anónima, las criptomonedas han generado incentivos perversos en la economía: lavado de activos, financiación del terrorismo, evasión tributaria, acceso a mercados ilícitos en la Deep web (drogas, armas). Por otro lado, dada su falta de regulación y poco respaldo institucional, hay una creciente preocupación por los riesgos asociados a la volatilidad de sus precios y la falta de garantías frente a una estafa o quiebra de algún operador (Arango et al., 2018). En este sentido, se ha buscado regular el mercado de las criptomonedas. El problema está asociado a que aún no hay un consenso claro sobre cuál debe ser el tipo de regulación, no hay información lo suficientemente precisa para saber cómo se pueden rastrear las transacciones de tipo ilegal y, dado que es de carácter global, requiere un esfuerzo de cooperación entre los Estados.

Lo último serían sus proyecciones en el largo plazo. El Bitcoin, por ejemplo, complejiza los códigos de verificación a medida que el uso de este se aumenta. Los mineros, quienes se encargan de registrar las transacciones en una libreta, requieren de mejores procesadores y, por tanto, de mayor uso de energía. En Irlanda el gasto de energía destinado a la minería ha logrado disparar las alarmas en el Gobierno, lo mismo que en California. Esto quiere decir que, frente a las entidades financieras, tienen una desventaja en el largo plazo debido a que los costos se aumentan con las cantidades de transacciones que se realizan. El sistema financiero, por su parte, no incurre en costos adicionales al tener una persona más como cliente y, por tanto, se benefician más a medida que aumentan los servicios de intermediación. El debate que habría que esperar es si los sistemas financieros harían uso del Blockchain como servicio financiero.

 

Referencias

Arango, C., Bernal, J. y Boada, A. (2018). Criptoactivos. Documentos técnicos. Banco de la República, Colombia.

Baur, D. G., Hong, K., y Lee, A. D. (2018). Bitcoin: Medium of exchange or speculative assets? Journal of International Financial Markets, Institutions and Money, 54, 177-189.

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