Publicado el 31 Marzo, 2019

La trampa emocional del emprendimiento

¿Por qué hay sociedades más idóneas que otras para el emprendimiento? O alternativamente, ¿por qué es más probable que el siguiente Steve Jobs sea estadounidense y no colombiano? Una mirada al emprendimiento desde una perspectiva psicológica puede ayudarnos a entender este interrogante de una manera que no ha sido ampliamente explorada.


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Muchos economistas han enfatizado en una correlación positiva entre el desarrollo de los mercados financieros y el desarrollo del emprendimiento. Cuando el acceso al capital es más fácil, entonces es más probable que alguien pueda crear un nuevo negocio y hacerlo crecer. Pero hay otro tipo de requerimiento de capital que es clave para entender por qué un individuo decide emprender: el requerimiento de cantidades abrumadoras de capital emocional. 

Las experiencias de vida de empresarios muestran que crear un nuevo negocio y hacerlo crecer es una cuestión que puede resultar emocionalmente gravosa. Los emprendedores tienen que enfrentar fuertes experiencias de soledad: la soledad de la incomprensión, de ver una oportunidad allí donde los otros no ven nada, de tomar una decisión de vida que resulta adversa a la mayoría de las personas. El emprendedor también tiene que enfrentar altos niveles de ansiedad: la ansiedad asociada a la incertidumbre de no saber si su negocio prosperará, la ansiedad de desconocer si tantos esfuerzos económicos y emocionales darán resultado o se los llevará el viento. Por otra parte, el emprendimiento puede tener daños irreparables en las relaciones: matrimonios que se acaban o padres que se pierden de la crianza de sus hijos ante los abrumadoras demandas de tiempo y energía al crear un nuevo negocio. Marc Andreessen, el creador de uno de los primeros navegadores gratuitos de Internet en el mercado, lo pone en las palabras precisas: “A start-up puts you on an emotional rollercoaster unlike anything you have ever experienced”.

Así pues, ¿para qué emprender o hacer crecer espectacularmente un negocio si el costo emocional de hacerlo es tan alto? Para el que emprende por necesidad, la respuesta es sencilla: para garantizarse un pan en la mesa. Pero para el emprendedor que crea un negocio, no porque esté en una posición de vulnerabilidad económica, sino porque ha detectado una oportunidad de crear inmenso valor, la respuesta es menos evidente. Pensemos en la siguiente situación: la organización está creciendo y es más difícil de gestionar, hay que conseguir más capital para continuar la expansión, surgen nuevos grupos de interés y cada vez el emprendedor tiene menos tiempo libre. En otras palabras, el emprendedor percibe que cada dólar adicional en ventas requiere de un esfuerzo emocional más grande. Por el contrario, cada dólar adicional que genera la empresa hace menos feliz al emprendedor. Es decir, es víctima de los rendimientos marginales decrecientes del ingreso: la ley económica que postula que, dado cierto nivel de ingresos, la utilidad adicional que un individuo percibe de ganar un poquito más es cada vez menor. Siguiendo este análisis, puede decirse que hacer crecer un negocio tiene costos emocionales crecientes y beneficios marginales decrecientes, lo que hace que muchos individuos decidan no emprender o que decidan mantener su negocio en una escala pequeña o mediana. Esta es la trampa emocional del emprendimiento.

Esta idea me hizo pensar en una hipótesis acerca de por qué hay sociedades más idóneas para el emprendimiento: quizás cierto tipo de comunidades permiten que los individuos sorteen de mejor manera la trampa emocional del emprendimiento. O en otras palabras:  así como hay regiones en que el acceso a capital financiero para nuevos negocios es más fácil, quizás también haya locaciones geográficas en que haya cierto desarrollo cultural e institucional que le permite a los individuos acceder más fácilmente al capital emocional necesario para emprender. En este sentido, la fortaleza de las relaciones y redes sociales en una comunidad, así como los niveles de confianza entre sus individuos, podrían ser características de una sociedad que facilitan que alguien sortee la pesadez emocional del emprendimiento.

De hecho, el sociólogo Martin Ruef—en una investigación publicada en el American Sociological Review—encuentra que existe una correlación positiva entre los niveles de emprendimiento en una comunidad y la fortaleza de las redes sociales de apoyo locales. ¿Por qué? Los investigadores encontraron dos canales causales: en primer lugar, porque en comunidades con mayor capital social—por ejemplo, con relaciones interpersonales fuertes o una alta presencia de organizaciones comunitarias—los emprendedores pueden dar a conocer más fácilmente sus ideas. En segundo lugar, porque en sociedades donde hay más confianza es más fácil forjar la reputación necesaria para que un emprendedor se garantice financiamiento y pueda atraer con facilidad empleados y consumidores. Al fin y al cabo, toda transacción económica está basada en un intercambio de confianza entre las partes. Ahora bien, pienso que podría haber una tercera causal en cuestión: en sociedades donde las redes sociales de apoyo son más fuertes, los emprendedores tienen más herramientas para enfrentarse a las dificultades emocionales de emprender. Por ejemplo, en una comunidad con altos niveles de confianza puede que el emprendedor no se sienta incomprendido, o con lazos interpersonales más fuertes puede que el emprendedor sienta que no está abandonando a sus hijos, pues sus amigos y familiares potencialmente pueden brindar un mayor apoyo en su crianza. Es decir, puede que existan mecanismos sociales que permitan que los emprendedores enfrenten de mejor manera la trampa emocional del emprendimiento.

Independientemente de si estos mecanismos sociales explican las diferencias en los niveles de emprendimiento entre sociedades—cuestión que invito a estudiar—, es importante empoderar a los individuos para enfrentar los costos emocionales del emprendimiento. Los emprendedores pueden crear niveles extraordinarios de valor social y económico, pero lo que he llamado aquí la trampa emocional del emprendimiento puede ser la piedra en el camino para que surjan y prosperen sus empresas. Esto nos invita a pensar en un asunto que podrá sonar crudo para algunos, pero loable para otros: promover una mejor educación emocional no solo es importante para la felicidad y la salud mental de las personas, se trata también de un asunto que puede jugar un rol en el desarrollo económico.

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