Publicado el 1 Septiembre, 2019

Los niños: ¿exentos del debate político?

Ante el poco impacto mediático y las pocas reacciones del lanzamiento de la Encuesta de Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes, en El Mal Economista sí queremos poner el tema sobre la mesa.


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Para algunas discusiones relevantes en Colombia, como los derechos de las parejas LGTBI o el consumo de drogas, los niños han pasado a ser el centro del debate. Algunos sectores apuntan, con propiedad, que les indigna que los infantes vean a dos hombres o mujeres besándose; y, en consecuencia, argumentan que esto tiene efectos devastadores para la sociedad.  Más allá de estos impactos, instrumentalizados o discutibles, vale la pena entender por qué los niños sí deberían ser el eje central del debate público, pero en concreto, de las iniciativas de política pública de desarrollo infantil.

No llamó mi atención ver el poco impacto mediático y las pocas reacciones del lanzamiento de la Encuesta de Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes (EVCNNA), en particular por parte de los sectores que toman de referencia a los niños en cualquier debate político o de política pública. Esta encuesta es vital porque nos da una foto del estado de la violencia en su contra, y esto con claras implicaciones para orientar la toma de decisiones. Cerca del 41% de los menores ha sufrido algún tipo de violencia (física, psicológica o sexual). De entrada, esto nos indica que es importante contemplar todas las formas de violencia. La mayor incidencia se da en la violencia física en hombres (38%) mientras que la violencia psicológica y sexual afecta en su mayoría a las mujeres en un 21% y 15%, respectivamente. Este panorama es absolutamente alarmante, y más cuando los niños que se atreven a contar el hecho violento (más mujeres que hombres), poco buscan servicios de apoyo (menos del 8% para el caso de violencia sexual), o en su defecto, no lo reciben.

Figura 1 : Victimas y reacciones por parte de jóvenes víctimas de violencia antes de los 18 años

Panel A: proporción de víctimas por violencia

Panel B: reporte y acceso a servicios de víctimas



De acuerdo con estudios empíricos, la violencia o la exposición a la violencia es un factor de riesgo para el desarrollo social y emocional de niños, niñas y adolescentes. En Colombia se ha estudiado que tan solo la exposición indirecta a homicidios afecta el funcionamiento emocional de los niños en términos de autorregulación y empatía. Esto es relevante para una sociedad porque desde las edades tempranas se comienzan a forjar los efectos de largo plazo: entereza para adaptarse al colegio, desempeñarse bien en un empleo bajo diferentes ambientes y desarrollar relaciones personales sanas, funcionales y duraderas; lo cual marca de entrada las condiciones de la movilidad social. En contraste, no tener una gestión socioemocional óptima está relacionada con el deterioro cognitivo, trayendo consecuencias sociales sustanciales como la reproducción de las trampas de pobreza generación tras generación, así como todo tipo de desigualdades.

¿Entonces, qué hacer para frenar la violencia en todas sus formas contra niñas, niños y adolescentes? Más allá de hablar de la cadena perpetua para los abusadores sexuales de infantes, en lo que se ha centrado el debate, es necesario discutir sobre intervenciones de política estructurales, amplias. Dentro de estas, el cuidado socioemocional debe estar tan ponderado como las llamativas políticas punitivas. Existen iniciativas interesantes.

La Alianza Nacional contra la Violencia hacia Niñas, Niños y Adolescentes (ANVNNA) es una iniciativa que se lanzó justo a mediados de agosto del presente año. Se plantean cuatro acciones para reducir la tasa de violencia contra infantes en un 14.3% a 2022. La primera es la creación de un grupo intersectorial especializado para disminuir la impunidad. La segunda, la contratación de un estudio sobre las normas sociales que perpetúan la violencia. La tercera le apunta al lanzamiento de programas de acompañamiento familiar para fortalecer habilidades parentales y la cuarta a promover una iniciativa de analítica conjunta para la gestión de datos y optimización de bases de datos de la Policía, la Fiscalía y del ICBF.   

Si bien la ANVNNA le apuesta a retos importantes y amplía el espectro, vale la pena identificar si cumple con las características de política basada en evidencia y si adopta programas exitosos que apoyan a padres y educadores en el desarrollo emocional de los niños. Un ejemplo recomendado por el BID es justamente la iniciativa de la Universidad de Harvard Making Carring Common. En este sentido es absolutamente esencial que el debate sobre los niños se centre en lo concreto: intervenciones de desarrollo infantil, apoyo psicosocial, educación de calidad y ambientes seguros con una apuesta pertinente hacia el cambio cultural atacando la normalización del maltrato infantil.

Ahora, no pueden seguir siendo permitidas en el debate las falacias de algunos sectores que toman a los niños como punto de referencia cuando quieren disfrazar de tiernos, sagrados e intocables sus argumentos. Si vamos a hablar de los niños, hablemos de las políticas públicas exclusivas para ellos. Solo de esta forma evitamos usarlos como un instrumento político y disuasorio.

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