Publicado el 10 Enero, 2019

Premio Nobel de Economía se sube al SITP de Bogotá

El reconocido economista y profesor de la Universidad Yale, William Nordhaus, fue uno de los ganadores del Premio Nobel de Economía de 2018. Dicho galardón, que es entregado a quienes con sus aportes “confieran el máximo beneficio a la humanidad”, se reputa como el reconocimiento más prestigioso en las ciencias económicas. Por: Juan Pablo Rico Avendaño Twitter: @elmaleconomista Facebook: El Mal Economista  Instagram: @elmaleconomista  El tribunal de selección estimó que las contribuciones de Nordhaus, consistentes en la “integración del cambio climático en […]


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El reconocido economista y profesor de la Universidad Yale, William Nordhaus, fue uno de los ganadores del Premio Nobel de Economía de 2018. Dicho galardón, que es entregado a quienes con sus aportes “confieran el máximo beneficio a la humanidad”, se reputa como el reconocimiento más prestigioso en las ciencias económicas.

Por: Juan Pablo Rico Avendaño

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El tribunal de selección estimó que las contribuciones de Nordhaus, consistentes en la “integración del cambio climático en el análisis macroeconómico de largo plazo”, resultan altamente valiosas para el conocimiento económico y, por tanto, le hacen merecedor del emblemático reconocimiento.

El trabajo de Nordhaus no es algo reciente. De hecho, desde 1990 viene construyendo lo que ha denominado el modelo DICE –siglas en inglés para Modelo Dinámico Integrado de Clima y Economía– que, puesto en términos simples, es una representación matemática que explica el funcionamiento de la economía global, incluyendo las interacciones que se tienen con el medio ambiente. Pese a que puede sonar sencillo, no lo es. El modelo incluye 12 ecuaciones de comportamiento, dos variables a optimizar y diversas identidades matemáticas, las cuales, puestas a correr en un computador, ocuparían en su versión más sencilla más de 240 líneas de código: algo radicalmente complejo.

Una de las finalidades de la economía como ciencia, es justamente hacer lo que Nordhaus plantea con el modelo DICE: lograr representar complejas interacciones humanas a partir de ecuaciones matemáticas sencillas que permitan identificar los problemas verdaderamente relevantes. Aunque tales ecuaciones parezcan abrumadoras al ojo de una persona común, distan mucho de la dificultad que encarnan en la realidad. Es más, al entender la intuición que bien se oculta en ellas, es reveladora la pureza de sus representaciones.

Antes de contar lo que le pasó a Nordhaus cuando se subió a un bus del SITP en Bogotá, es conveniente saber qué es eso tan bueno que se desprende del modelo DICE. Nordhaus dice que en cada momento de su vida, los agentes económicos toman una de dos decisiones: invertir o consumir. Si se consume, el beneficio de hoy es mucho mayor, pero el de mañana se verá perjudicado. En cambio, si se invierte (o se ahorra, en últimas es lo mismo) se reduce el consumo actual, teniendo así un menor beneficio, pero un consumo superior en el futuro. Al abstraer un poco esta disyuntiva a un escenario nacional, la esencia se preserva. De ello se colige que los países deciden en cada momento si es mejor invertir en capital, educación y tecnología, o si es más conveniente consumirlo todo en gasto público. ¿Y el medio ambiente? No está. Tradicionalmente, los modelos neoclásicos han olvidado incluirlo, al punto de que el desarrollo económico se ha mantenido al margen del desarrollo sostenible. Ante semejante error, Nordhaus llama al medio ambiente a unirse a la mesa de una forma bastante particular y muy típica de los economistas: contaminar cuesta dinero. Representando gráficamente lo dicho por el recién galardonado economista, cada vez que un Juan encienda su carro, acelere y emita gases contaminantes, un agente del Escuadrón Anticontaminación de Colombia le cobrará una suma en pesos que se tasará según la cantidad de gases emitidos. En consecuencia, contaminar dejó de ser algo gratuito para convertirse en un asunto que también cuesta dinero. Para fortuna del ambiente, esta idea tomó gran fuerza en los años 90 y se ha mantenido vigente desde entonces. Hoy Colombia tiene un impuesto al carbono que cobra por la contaminación que causen las personas y las empresas.

Debe decirse que esa valorización de la contaminación solo fue una porción del aporte de Nordhaus para hacerle acreedor del premio. Retomando la decisión de los agentes de invertir o consumir, la contribución más importante se presenta en proponer que parte del ingreso nacional sea invertido en el medio ambiente, en vez de ser consumido regularmente. Puesto en otros términos, Nordhaus propone incluir un nuevo rubro para los listados de inversiones que corresponda al medio ambiente, a partir de la misma lógica de antes: si se invierte en el medio ambiente hoy, el consumo actual será menor, pero el de mañana mucho mayor.

Ahora, lo cierto es que Nordhaus no se subió en un SITP en Bogotá. De hecho, no ha venido a Colombia. Sin embargo, si lo hiciera podría dar un par de consejitos a la Administración Distrital sobre su funcionamiento. Un estudio de la Universidad Nacional[1] encontró que entre los buses del SITP y las motos se aporta el 70% del material particulado que contamina el aire de Bogotá. Muchos de estos vehículos de transporte público son verdaderas chimeneas andantes con nefastas consecuencias para el ambiente y la calidad de vida de los bogotanos. Pese a que el problema está altamente estudiado, las medidas para contrarrestar las secuelas de este problema son mínimas.

En la pasada licitación para reemplazar parte de la flota de Transmilenio que circula por la capital, el Distrito no acogió la posibilidad de tener buses eléctricos.  Según adujeron los proponentes, una interpretación errada del Distrito frente a los requerimientos que estos hacían dejó sin posibilidades la alternativa eléctrica, dando paso a los vehículos impulsados por diésel y gas natural[2].

También es común encontrar que muchos de los vehículos de transporte público que circulan por las calles de Bogotá tienen una revisión técnico-mecánica y de gases que no se ajusta a los estándares. De hecho, muchos ciudadanos reconocen que pagando a algunos funcionarios corruptos de los Centros de Diagnóstico Automotriz (CDA) se puede pasar por alto las revisiones y obtener certificaciones ficticias que no sancionen por el mal estado de los vehículos[3].

Un grupo de jóvenes ciclistas en Bogotá, denominados Cazadores de humo, se han puesto en la tarea de perseguir y denunciar los vehículos de transporte público que más contaminan en la ciudad. Hace un par de semanas presentaron una petición ante el Distrito, donde se denunciaba a uno de estos vehículos. La respuesta que entregó la Subdirección de Calidad del Aire, Auditiva y Visual de la Alcaldía de Bogotá, se limitó a plantear que el vehículo ya estaba reportado y que incumplía con las normas. Sin embargo, era necesario un concepto técnico que permitiera decidir si se saca al vehículo de circulación[4].

Las tres situaciones anteriores son solo ejemplos de la deficiente inversión que tiene el Distrito en asuntos de ambiente. Hay un sistema que no tiene prioridades ambientales en la contratación, seguimiento o denuncias que involucren al transporte público con el medio ambiente. Ello es un grave error. En palabras de Nordhaus, hay un inmenso consumo y una mínima inversión futura, por lo menos en este ámbito.

Se busca hacer un llamado a las autoridades ambientales para que la agenda pública se ocupe con mayor intensidad en lo relativo al medio ambiente. Se deben crear reglamentos de contratación estatal que impongan condiciones que obliguen a tener como requisitos habilitantes a proponentes que incluyan medidas ambientales en sus propuestas. Se deben tener mayores controles en las entidades que certifican que los vehículos cumplan con las normas técnicas sobre emisión de gases contaminantes. Y se deben tener canales de acción efectivos para la denuncia de vehículos que causen estragos al aire de las ciudades, con medidas eficaces y rápidas.

En suma, se deben seguir las enseñanzas del último Premio Nobel de Economía, para que una leve reducción del consumo actual reporte enormes beneficios futuros que garanticen la calidad de vida de todos los bogotanos.

 

[1] Motos y el SITP, los que más contaminan el aire. El Espectador. 21 de abril de 2015. Disponible en: https://www.elespectador.com/noticias/bogota/motos-y-el-sitp-los-mas-contaminan-el-aire-articulo-556329

[2] TM le quitó oportunidad a Bogotá de tener mejor aire: empresa de buses eléctricos. Blu Radio. 5 de noviembre de 2018. Disponible en: https://www.bluradio.com/bogota/tm-le-quito-oportunidad-bogota-de-tener-mejor-aire-empresa-de-buses-electricos-195842-ie412

[3] Trampas y mitos alrededor de la revisión técnico-mecánica. El Tiempo. 14 de julio de 2018. Disponible en: https://www.eltiempo.com/bogota/asi-son-las-trampas-en-la-revision-tecnico-mecanica-en-bogota-243442

[4] En Instagram aparecen como “Cazadores de Humo”. En una de sus historias permanentes está el reporte de la petición.

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