Publicado el 8 Marzo, 2019

Si le cansa toda la “carreta inútil” del feminismo, esta nota es para usted

¿No es indignante que los hombres, sólo por ser hombres deban prestar servicio militar y las mujeres no, solo por ser mujeres? Patrones así de indignantes queremos mostrarle en este artículo, por ejemplo, que el salario de las mujeres continúa siendo en promedio menor que el de los hombres con una brecha del del 19%.


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¿No es indignante que los hombres, solo por ser hombres, deban prestar servicio militar y las mujeres, solo por ser mujeres, no deban hacerlo? Patrones así queremos mostrarle en este artículo: por ejemplo, que el salario de las mujeres continúa siendo, en promedio, menor que el de los hombres, con una brecha del 19%.

Pedir empatía por un asunto que concierne a toda la humanidad, que nos afecta y beneficia a todos y todas, podría parecer simple. No obstante, un discurso normal, que pide igualdad de condiciones para su prima, su sobrino, su hijo o su hija, parece ser bastante incómodo para muchos. Y lo entiendo.

Entiendo que debe ser difícil que ataquen eso que hemos creído y hecho a lo largo de toda nuestra existencia, las costumbres que nos heredaron nuestros padres y abuelos. Debe ser doloroso y muy incómodo que nos cuestionen eso que creemos que está bien.

Recientemente se publicó en este medio un artículo titulado El costo de ser hombre, que hablaba básicamente de cómo el feminismo es un asunto que favorece no solo a las mujeres, sino también a los hombres a quienes, por ejemplo, por años se les dijo que eran menos hombres si lloraban, si les gustaba el rosado y todas esas cosas que se resumen, a veces, en un término: masculinidad tóxica. Pero todos ya conocemos de eso. Conocemos bien todos esos estereotipos que te hacen más hombrecomerte muchas viejas, ser musculoso, entre otras cosas que obligan a muchos jóvenes a fingir o hacer cosas que quizá no son para ser hombres.

El autor de El costo de ser hombre compartió la nota en sus redes sociales y un hombre llamado Fernando le cuestionó cuáles eran los privilegios de ser hombre. Unos días después el autor le explica que hay muchos, por ejemplo, el trabajo del hogar que fue relegado a las mujeres y que no tiene pago económico alguno, y afecta las relaciones de poder en el hogar. Fernando señala, al parecer molesto, que el tema le ha generado una “embolia porque tanta carreta inútil de ‘privilegios’ e ‘interseccionalidad’ ya me la pela”. También dice que se tomará en serio artículos como este el día en que realmente le muestren cuáles son los privilegios de ser hombre.

Tratándose de un tema tan importante como la igualdad social, me tomé el trabajo de escribir esta nota para contestar a la pregunta, que no solo es de Fernando, sino que es recurrente entre muchos hombres y mujeres.

Podría empezar explicando anécdotas cotidianas, contándole cómo hace unas semanas un hombre me dijo en la calle que sería “delicioso lamerme las tetas y el gallo”, algo que no es cotidiano para muchos hombres, seguramente, y sí lo es para muchas mujeres. Pero no, vamos a hablar desde otras perspectivas.

Lo primero es entender que cuando se dice que los hombres tienen privilegios, no se les está cuestionando o atacando por tenerlos. Por ejemplo, yo soy una mujer con privilegios: tuve acceso a educación superior, vivo en la capital, en vivienda propia, etc. Aceptar que tenemos privilegios no es algo del otro mundo, no nos hace malas personas, pero sí nos sirve para tener empatía con quienes no los tienen.

Podríamos pensar en el ejemplo que puso el mismo Fernando: el servicio militar. ¿Por qué no hay igualdad de condiciones y deben prestarlo obligatoriamente solo los hombres? Me gusta mucho la indignación que genera esta norma relegada solo a los hombres, y la comparto, porque justamente esa indignación ante la falta de igualdad es la que nos debería unir. No debería suceder eso, como no deberían suceder los siguientes datos o ejemplos, muy similares a este, que quisiera que leyeran atentamente.

Ante Naciones Unidas en Ginebra, una coalición de mujeres (más de 20 organizaciones sociales) presentaron en febrero de este año un informe de derechos humanos. Se trató de una ardua investigación realizada por antropólogas, sociólogas, abogadas, trabajadoras sociales, entre otras personas bastante capacitadas. Algunas de las conclusiones que enumeraré, podrían darnos una luz de por qué se habla de privilegios y desigualdades. Ese tema que se la pela a muchos.

  • El salario de las mujeres continúa siendo en promedio menor que el de los hombres con una brecha del 19% (hablamos de dos personas en igualdad de condiciones, con los mismos estudios, la diferencia: uno es hombre, la otra mujer).
  •  Según el registro de hechos delictivos relacionados con violencia sexual recibidos por la Policía Nacional en el primer semestre de 2018, el 72% de los casos fue contra menores de 14 años y, de ellos, el 85% fue contra niñas.

Lo anterior no desconoce que a los niños y hombres también los violan, sin embargo, las cifras evidencian que las mujeres son las más afectadas y que, vale aclarar, la mayoría de todos los abusos son perpetrados por hombres.

  • En lo relativo a la trata de personas y la prostitución, se conoce que el 72% de las víctimas de trata con fines de explotación sexual son niñas y mujeres en situación de vulnerabilidad.
  • En la participación de las mujeres en la vida política y pública persiste la discriminación. Preocupa que, en la discusión en el Congreso de la República de la reforma política propuesta por el gobierno, en la que las listas cerradas podrían viabilizar la propuesta de alternancia entre los sexos en las listas de los partidos y movimientos políticos para garantizar la paridad, fue eliminada en la última legislatura dicha propuesta.

¿No sería indignante que las mujeres se atornillaran al 90% u 80% de las plazas en la política sin darle oportunidades a los hombres? Lo sería, la equidad es necesaria, igual que en el ejemplo del servicio militar.

  • La tasa de desempleo es del 12% para las mujeres, mientras que para los hombres es de 7,1%, y en jóvenes es de 21,6% para mujeres y 11,9% para hombres.
  • En 2016 fueron asesinadas 138 mujeres y otras 2.161 fueron víctimas de violencia intrafamiliar, solo en el área rural.
  • La violencia sexual es utilizada con frecuencia por parte de los grupos armados al margen de la ley para desarticular liderazgos femeninos y generar terror en las comunidades. De 143 lideresas y defensoras acompañadas por la Defensoría del Pueblo, el 16,78 % fue víctima de violencia sexual.

Ojo, sí hay lideres sociales hombres que son asesinados y esto es deplorable, sin embargo, el anterior dato busca dar cuenta de cómo la violencia sexual es un mecanismo de castigo y amenaza contra las mujeres, vale aclarar, por parte de hombres.

  • En el último periodo se ha destacado la extrema violencia y sevicia contra las defensoras, evidenciada en los cuerpos de algunas mujeres asesinadas, en los que se han encontrado marcas de género que pasan por la violencia sexual y la tortura.
  • Según la investigación, las mujeres, sobre todo las rurales, enfrentan mayores barreras para la restitución de tierras. Es necesario recordar, además, que el acuerdo final de paz prevé políticas específicas para las mujeres, las cuales se encuentran rezagadas en su implementación.

Los anteriores son solo nueve de muchos datos e investigaciones que intentan explicar las brechas de género, responden, además, a la pregunta sobre los privilegios que, recalco, no hacen que los hombres sean villanos.

Sabemos que las mujeres hoy podemos votar, ocupamos cargos gerenciales, entre otras cosas que, de hecho, se han ido ganando gracias a la lucha feminista (que en su momento también fue atacada). No obstante, una vez se logra adquirir igualdad en muchos derechos, hay cosas cotidianas que debemos recordar. Por ejemplo, que la ropa que usamos las mujeres no determina el consentimiento de una agarrada de nalga, entre otras.

Mi llamado a Fernando y todos los que están mamados del feminismo, es a que no se sientan atacados, a que sientan empatía y entiendan las cosas por las que históricamente hemos pasado las mujeres. El hecho de que usted no sea un machista no significa que el machismo no exista. Si usted no es un abusador sexual, no significa que no exista este flagelo.

¿Por qué no es viable unirse en contra de estos males? ¿No estamos de acuerdo en que sería ideal que la igualdad fuera algo tan tangible, que las mujeres no sean vistas como las cuidadoras cuyo lugar es el hogar y, por ende, deban ser tenidas por iguales al momento de prestar servicio militar o conseguir un trabajo?

Amigo, esto es un llamado al apoyo. El feminismo no ha cobrado vidas. Pregúntese por el contrario, cómo el machismo sí lo ha hecho. Por eso es que no son ni serán nunca equivalentes. El feminismo no es una amenaza, no es su enemigo.

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