Publicado el 24 Abril, 2019

¿Subdesarrollado o emergente? Desafíos del desarrollo humano colombiano

“El desarrollo humano se centra en la riqueza de las vidas humanas” – Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)


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Un niño no decide dónde nacer, crecer ni formarse, por lo tanto, su futuro está motivado y condicionado por el país donde vive y por lo que este puede ofrecerle. En términos de desarrollo humano, si nace en un país como Noruega tendrá amplias posibilidades, si nace en Colombia estas se reducirán considerablemente.

En algún pasar de oídas nos hemos topado con el típico comentario que alude, en cualquier medida, a Colombia como un país subdesarrollado y que no ha sido capaz de salir de esta condición. Aunque hoy en día se quiera etiquetar al país como emergente, es necesario analizar detenidamente qué tan cierto es. Tal vez haya mucha razón en esas afirmaciones, pero ¿qué significa subdesarrollo? ¿Por qué no hemos sido capaces de salir de dicho estado aun cuando el país ha sido consciente de esto desde hace más de medio siglo? ¿Podría el país romper la barrera del subdesarrollo? Mejor aún, ¿es Colombia actualmente un país emergente? ¿Qué importancia tiene el desarrollo humano si se quiere abandonar la condición subdesarrollada? En este texto quiero dar respuesta a estos interrogantes, bajo un enfoque general, e identificar los retos y desafíos que ha venido afrontando Colombia en términos de desarrollo.

La curiosidad de los economistas por entender y estudiar el desarrollo económico es una cuestión de reciente data. De hecho, la ciencia económica aparece como una herramienta, metodología o estrategia teórica y técnica (o como quiera que los economistas suelan definirla) que busca dar explicaciones a los fenómenos socioeconómicos y apoyar la toma de decisiones de los agentes, principalmente, en lo que respecta a política. Sin embargo, en sus inicios formales no se tenía el desarrollo como un concepto que abordar ni mucho menos una preocupación para los economistas de la época como Adam Smith, David Ricardo, John S. Mill y los demás clásicos, ni siquiera en Keynes, que es mucho más reciente.

La primera vez que se oyó la palabra subdesarrollo fue el 20 de enero de 1949, cuando el trigésimo tercer presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman en su discurso inaugural frente al Congreso mostró su preocupación por las condiciones socioeconómicas de los países más pobres, a los cuales denotó como zonas subdesarrolladas. Algunos autores aseguran que el término ya había sido usado por Wilfred Benson (1942) y Arthur Lewis (1944) (Orellana, 2014; Sachs, 1999). En dicho momento, se estableció a la zona sur (para este caso, América Latina) bajo esta única categoría, término que nos define hasta nuestros días. En otras palabras, de un día para otro generaciones y millones de personas fuimos puestos bajo ese sobrenombre.

Como ya mencioné, los economistas en su curiosidad no fueron ajenos a la aparición del concepto y mostraron arduo interés en estudiarlo a profundidad. Fue hasta ese entonces que se volvió crucial el tema del desarrollo económico y la investigación de la estructura productiva de los países bajo la connotación norte-sur tomó importancia, lo cual motivó a hacer algo que como economistas nos atrae: comparar. Asimismo, fue prudente hacer la diferenciación entre crecimiento y desarrollo, aunque generalmente se analizan conjuntamente. De acuerdo con lo anterior, se reconoce que los estudios del desarrollo iniciaron formalmente en los años 1950s en las principales universidades de Estados Unidos y Europa, y no tardó en propagarse por el resto del mundo.

Organizaciones como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), creada en 1947, dedican gran parte de sus esfuerzos en este tipo de estudios para la región. De allí, Furtado (1979) afirma que el subdesarrollo es un proceso histórico autónomo y no una etapa por la que deban haber pasado, necesariamente, las economías que ya alcanzaron un grado superior de desarrollo. Sin embargo, el caso de Colombia es similar al de sus vecinos, que por diversos factores sociales e históricos, principalmente, fue forjado con el mazo subdesarrollista.

No es lo mismo hablar de países subdesarrollados que de países emergentes. Concretamente, los emergentes evolucionan hacia una senda de crecimiento inclusivo que incentiva el mejoramiento del sector industrial-manufacturero, de la calidad de vida y el bienestar de su población, provocando que emerjan. Dichos países, generalmente parten de un estado de subdesarrollo y persiguen ciertas transformaciones de sus conjuntos económicos, que de por sí son complejos, para llegar a ser una nación desarrollada.

Los subdesarrollados suelen quedarse estancados e incluso en constante declive, caracterizados por su alta dependencia y predominio del sector primario-exportador, bajos niveles de ingreso per cápita (ingreso por persona) y de ahorro, ausencia de tecnología productiva moderna, baja productividad de su mano de obra, bajos niveles de bienestar y desarrollo humano, corrupción, elevada desigualdad social y económica (en términos de distribución del ingreso y riqueza), insuficiente capacidad empresarial y de inversión. Aunque todas estas características describan una triste realidad y generen asombro, la mayoría de los países latinoamericanos las tienen y atraviesan un camino difícil que les impide salir de la trampa del subdesarrollo.

Hablar de desarrollo suele tornarse un tanto complejo al estandarizar, incluso para los estudiosos del tema. Por tal motivo, y con el fin de facilitar los análisis y la comparación entre los países, se creó el Índice de Desarrollo Humano (IDH). El IDH mide el progreso conseguido por un país en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: disfrutar de una vida larga y saludable, acceso a educación y nivel de vida digno (PNUD, 2019). Es medido en un rango de cero a uno, en el que los valores más cercanos a uno significan un mayor desarrollo humano. En la actualidad, los países con el mejor puntaje son Noruega, Suiza y Australia. Cabe señalar que los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 propuestos por la Organización de las Naciones Unidas van alineados con el progreso de los países en diversos frentes, entre los cuales el IDH juega un rol de suma importancia.

De acuerdo con el último informe del PNUD publicado en 2018, Colombia se ubica en la posición 90 dentro de los 189 países analizados con un puntaje de 0,72. Presenta un panorama de leve mejoría frente a años anteriores, aunque hay riesgos de retroceso, sustentados principalmente por su caída en un puesto respecto al 2017 en dicho ranking. Es importante señalar que, aunque la expectativa de vida en el país es alta, se presentan dificultades para asegurar la calidad de vida de los adultos mayores y la calidad de la educación recibida por los niños, debido a la situación de inequidad que atañe a la nación. El informe hace fuerte énfasis en que el conflicto armado supone un riesgo importante para el índice, sin mencionar que se tienen graves problemáticas respecto a la equidad de género y el medio ambiente. Por lo tanto, este índice es solo un referente que permite percibir un escenario reflexivo a la luz del contexto internacional que, aunque no es el peor, tampoco refleja la condición más optimista.

En lo que nos compete, Colombia está y se ha mantenido en las diversas etapas del rezago desarrollista. Aunque nos cueste aceptar la realidad, Colombia es un país de alta dependencia minero-energética anclado a un modelo primario-exportador, esto no es un secreto para nadie y sustenta una de las respuestas al segundo interrogante planteado inicialmente. Es lo que Raúl Prébisch denominó países periféricos (subdesarrollados o en vía de desarrollo) encargados de abastecer con materias primas y recursos naturales a los países de centro (o desarrollados), mostrando la continua tendencia de reprimarización de sus economías. Aclaro, no es un comportamiento propio y único de Colombia, sino que más bien se evidencia en toda América Latina y parece ser un círculo vicioso del cual no será fácil salir.

El país enfrenta innumerables retos y desafíos en esta materia y aunque se ha apresurado en romper la barrera del subdesarrollo, no se ha librado en su totalidad de este. Es decir, abierta e internacionalmente ha mostrado señales de ser una nueva economía emergente, respaldado por hechos como su reciente ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sus Tratados de Libre Comercio, relativa estabilidad política, recepción y crecientes flujos de inversión extranjera, población amplia, joven y en crecimiento, entre otros. Sin embargo, las características estructurales e internas de su economía suscitan el tormento subdesarrollista y sin el ánimo de ser pesimista, parece que nos seguirá afligiendo por muchos años más.

Si el ánimo de pasar al siguiente nivel persiste, la diversificación del núcleo industrial y el aparato productivo es clave, el mejoramiento en materia de desarrollo humano y todo lo que este engloba es indiscutible puesto que, sin bienestar y reducción de la desigualdad, es imposible dar pasos firmes que nos alejen del subdesarrollo. Sintetizando, traigo a colación una descripción apropiada pero desconcertante que, a mi parecer, dice una verdad que nos cuesta reconocer: “Colombia es un país subdesarrollado con ropaje de emergente”. Sin un desarrollo humano satisfactorio, es muy complicado hablar de condiciones propicias que permitan llegar al nivel de lo que conocemos como las potencias desarrolladas. Es importante para el país mostrar avances y alejarse de los síntomas de retroceso, el cual se convierte en su mayor desafío.

Referencias

Furtado, C. (1979). Teoría y política del desarrollo económico. Capítulo 13 y 14.Novena edición. Sao Paulo, Brasil: Siglo XXI Editores.

Orellana, J. (2014). El viejo subdesarrollo está de cumpleaños: 65 años de existencia. Blog América Latina en Movimiento. Consultado el 10 de abril de 2019 en: https://www.alainet.org/es/active/70611

Ríos, F. (2016). ¿Por qué somos un país subdesarrollado? Columna publicada en el diario La República. Mayo 7. Consultado el 10 de abril de 2019 en: https://www.larepublica.co/analisis/felipe-rios-515226/por-que-somos-un-pais-subdesarrollado-2376631

Sachs, W. (1999). Planet Dialectics – Explorations in Environment & Development. Zed Books: London.


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