Publicado el 17 Marzo, 2019

Una intervención militar en Venezuela es indeseable

Entienda por qué intervenir militarmente en el país vecino puede ser contraproducente. Las buenas ideas pueden ser desastrosas cuando se ponen en práctica, y el costo en términos de vidas humanas y daños materiales podría ser desproporcionado en comparación con el logro alcanzado: retirar a Nicolás Maduro del poder.


Síguenos en: | | |


Desafortunadamente, las viejas ideas tardan en desaparecer, y la idea de que las intervenciones militares son efectivas para derrocar dictadores o enemigos del modelo de democracia de Occidente es una de ellas. Pero este tipo de ideas no solo están enquistadas en las mentes de muchos líderes mundiales, sino que su puesta en práctica ha probado ser desastrosa. La intervención militar más reciente de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Libia, por ejemplo, convirtió a ese país en un Estado fallido, lleno de milicias y movimientos extremistas ante el vacío de poder, económicamente arruinado y con un modelo democrático en el limbo (Kuperman, 2015), sin expectativas de que esto cambie en el mediano plazo. Quienes apoyaron esta intervención desde sus Think Tanks en Washington, sin embargo, no sufrieron ninguna penalización ante este fracaso, y difícilmente habrá alguna (Taleb, 2017).

La reciente crisis política en Venezuela ha puesto en discusión la idea de una intervención militar con el objetivo de restaurar la democracia, pero a pesar de que esta sea una noble intención, no hay razones para pensar que terminará en un final feliz. El resultado sería tan incierto como el futuro de la paz en Medio Oriente, y a continuación explicaré por qué.

  1. La recuperación económica no será automática, sino que se retrasará en caso de un cambio de Gobierno.

Es probable que la inversión extranjera y demás indicadores macroeconómicos de Venezuela se recuperen ante un cambio de Gobierno, pero es algo que tomará años o tal vez décadas. Es totalmente cierto que el país atraviesa una época de hiperinflación y escasez de alimentos, pero el efecto de una guerra civil o de una invasión será multiplicar aún más esta problemática.

  • No es claro cómo se retomará el control del país.

Es completamente ingenuo pensar que un cambio de Gobierno se da simplemente cambiando al presidente de un país. Nicolás Maduro podría ser derrocado militarmente, pero no necesariamente por esa vía se tomará el control de todo el país.

En primer lugar, el Gobierno ha desplegado operativos recurriendo a milicias urbanas –o colectivos– para lanzar operaciones de terror y de arrestos a opositores (The Financial Times, 2019), lo que hace ciertamente difícil tener control territorial debido a que, en caso de una guerra, estos muy probablemente llenarían los vacíos de poder hasta que un nuevo Gobierno se establezca. El Gobierno, además, podría delegar su poder a estos grupos a lo largo de todo el país, haciendo muy difícil derrotar al Gobierno de manera conjunta.

En segundo lugar, debido a que en una eventual guerra es imposible predecir la evolución y comportamientos de los grupos aliados al país que interviene. El resultado podría ser un caos político y social aún peor que el actual. Armar o proveer entrenamiento a  grupos de civiles, incluso con fines bien intencionados, podría incrementar las disputas por el control territorial, dejando de lado el objetivo inicial de una paz duradera. No tiene sentido repetir el error cometido por Estados Unidos en la Guerra Afgano-Soviética, cuando entrenó militarmente a civiles que años después pasaron a formar Al-Qaeda.

  • Los partidos de oposición no tienen apoyo popular suficiente.

En el mejor de los casos, una intervención militar sería exitosa en la medida en que un partido o movimiento de oposición tenga el apoyo decisivo de la gran mayoría de la población en términos de qué líder estaría al mando y qué acciones políticas promoverá, de tal manera que la arquitectura del modelo de gobierno no se afectaría al decidirse el mando del país por vías militares. Un muy alto grado de homogeneidad en las preferencias políticas es requerido para este fin.

Para el autor, los partidos de oposición aún tienen que ganar popularidad para que esta mayoría decisiva se alcance bajo la dirección del presidente interino Juan Guaidó, y hasta que esto no se logre, una solución militar es peligrosa en cuanto no refleja las demandas del pueblo venezolano.

  • No es claro qué efectos sistémicos pueda tener la intervención sobre los países vecinos.

Es altamente problemático pensar solo en términos de acciones y no de interacciones. La cura puede terminar siendo más grave que la enfermedad, y cuando existe opacidad en los resultados esperados de una acción, no tomarla es completamente válido en escenarios de alta incertidumbre. Para el caso de Venezuela, una intervención militar podría tener efectos sistémicos sobre los países vecinos en términos de: (i) la reacción de grupos armados al margen de la ley que reciben financiamiento del Gobierno venezolano. No se sabe cuál será la reacción de estos grupos al perder apoyo económico; (ii) el impacto que pueda tener sobre los procesos electorales de distintos países de América Latina. La indignación por las muertes causadas y los estragos que deje pueden engendrar daños colaterales cuyo costo sea mucho más alto del estimado.

Conclusiones

Los planes bien intencionados pueden generar resultados nocivos cuando se ponen en práctica, y las intervenciones militares son un buen ejemplo de esto. Los efectos secundarios que dejaría podrían llevarnos a los mismos resultados de las reformas impulsadas por economistas ortodoxos en el sector financiero antes de 2008 o los de Grecia tras la crisis de deuda soberana: desastre sistémico.

Es completamente razonable la necesidad de un cambio de régimen político en Venezuela, pero la manera de lograr este cometido debe contemplar qué puede pasar si todo sale mal o qué alternativas pacíficas existen. El diálogo y las vías diplomáticas siempre estarán por encima de aquellas que impliquen muerte y destrucción por más humanitarias que sean o parezcan.

Referencias

Kuperman, A. (2015). Obama’s Libya Debacle. How a Well-Meaning Intervention Ended in Failure. Foreign Affairs, March/April Issue.

Taleb, N. (2017). On Interventionistas and their Mental Defects. Medium. Recuperado de:  https://medium.com/incerto/on-neo-cons-and-their-mental-defects-d12685585b11

The Financial Times, (2019).  Venezuela violence fears as militia and gangs await aid convoy. Recuperado de: https://www.ft.com/content/8149fad0-34c2-11e9-bd3a-8b2a211d90d5.

Comparte este artículo

comments icon 0 comments
bookmark icon

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *