Publicado el 24 Febrero, 2020

Pobres por vivir lejos, y vivir lejos por ser pobres

¿Pambelé tiene razón? Poblaciones como la del barrio Los Pinos en Soacha se enfrentan a un círculo vicioso: la falta de oportunidades y los altos costos del suelo los obliga a enfrentar largos desplazamientos hasta sus lugares de trabajo, y deben pagar en promedio $1.000 de sobrecosto por cada viaje.


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La movilidad es una de las tantas razones por las que se cumple la máxima de Pambelé: “Es mejor ser rico que pobre”. Gracias a la ayuda de Techo Colombia tuve la oportunidad de visitar el barrio Los Pinos en Soacha, una zona periférica con una importante población por debajo de la línea de pobreza. Sus habitantes no dudan al decir que el transporte es uno de los principales problemas que enfrenta su comunidad (así como problemas medioambientales por aguas negras al aire libre y la falta de cobertura de salud). 

Para esta población la mayoría de los trabajos y oportunidades económicas se encuentran en Bogotá: es decir, los días laborales deben emprender un largo, costoso y desgastante viaje para poder llevar el sustento a sus hogares. No solo pasa en este tipo de barrios de Soacha, en realidad es una tendencia en poblaciones (municipios) que se encuentran cerca de una gran urbe, como lo es la capital de Colombia para Chía, Cota, Mosquera, etc. Se les llaman ciudades dormitorio, y también pasa en países como Estados Unidos.

Alguien podría preguntar, ¿si las oportunidades están en Bogotá, por qué no se mudan? Porque no pueden. Puede parecer una respuesta un tanto simple, o incluso perezona, pero hay evidencia que demuestra que los costos no permiten que está poblaciones se muden fácilmente a la capital. 

David Monroy, director de estudios macro de la Secretaría Distrital de Planeación de Bogotá, explicó en un comentario para el diario La República en 2019 que “la falta de oferta de suelo hace que los precios de la vivienda crezcan muy por encima de los salarios. Por esta razón, Bogotá ha expulsado población de bajos ingresos a municipios de la Sabana, incrementando tiempos de desplazamiento y afectando calidad de vida. Mientras Bogotá creció 2.637 hectáreas entre 2005 y 2016, los 20 municipios cercanos crecieron 19.494 hectáreas”.

Los resultados del Censo de 2018 muestran que esta tendencia es cada vez más fuerte en las zonas aledañas de Bogotá: 17 de los 19 municipios de la Sabana aumentaron el número de residentes de un censo a otro. De hecho, Soacha pasó de tener 398.295 habitantes en el 2005 a registrar 648.205 en el 2018 (aunque el alcalde anterior de Soacha decía que la cifra debía estar cercana al millón por los desplazados colombianos y venezolanos que han llegado en la última década). 

El problema es que para las poblaciones como Los Pinos es más costoso llegar hasta Bogotá para trabajar: la estación más cercana es la de San Mateo en donde deben pagar un pasaje que puede ir desde los $1.650 (si califica y acude a los programas del Sisbén) a los $2.400 (tarifa plena, que subiría $100 en marzo). Sin embargo, el problema no es tanto el pasaje dentro de Transmilenio sino los costos que hay que incurrir para llegar a él.

El Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) no llega al barrio Los Pinos, por lo que sus habitantes deben pagar $1.100 para montarse en un bus (en algunos casos informal) que los baje hasta Transmilenio (que llegó en 2013 a Soacha gracias a la gestión conjunta entre las alcaldías).

Si bien no son los únicos ciudadanos de Bogotá y Soacha que deben tomar más de un transporte por trayecto, sí deben pagar mucho más por ello: el trasbordo de zonal (urbano) a troncal cuesta $200, y de troncal a zonal es gratis.

Esto quiere decir que poblaciones como la de Los Pinos enfrentan un sobrecosto de $900 por el trayecto de ida, y de $1.100 por el de regreso. Es decir, en promedio pagan $1.000 de más por viaje solo por el hecho de que viven en un barrio periférico. 

Se trata de un sobrecosto total en el transporte que puede ir desde el 41 % (frente a los que pagan tarifa plena) a más del 60 % (frente a los que califican y acuden a los subsidios del Sisbén). Analizándolo de otra manera, esos $2.000 diarios de transporte que esta población paga de más equivalen a $40.000 al mes (tomando el caso de una persona que trabaja cinco días a la semana). 

Un sobrecosto significativo para quien se encuentre por debajo de la línea de pobreza, pues según el Dane alguien se encuentra dentro de esta categoría si el ingreso por persona (per cápita) de su hogar (unidad de gasto) es menor que $257.433 al mes. Puede que esos $40.000 no los saque de la pobreza, pero tal vez puedan vivir mejor gastando más en alimento, salud o en otra necesidad. 

De esta manera las poblaciones como la del barrio Los Pinos en Soacha se enfrentan a un círculo vicioso de pobreza: la falta de oportunidades económicas y de los altos costos del suelo los obliga a enfrentar largos y desgastantes viajes en el transporte público, y deben pagar en promedio $1.000 de más por cada viaje que realicen para ir a sus respectivos trabajos. Otro punto para Pambelé. 

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