Publicado el 30 Mayo, 2020

¿Y si como estudiantes nos acostumbramos a la virtualidad?

Como estudiante de la Universidad de los Andes (“la mejor universidad del país, según algunos rankings”), destaco la exigencia y excelencia académica, y la acumulación de capital humano derivado. Pero con el creciente COVID-19 y las medidas tomadas por la universidad, nos enfrentamos a la delgada línea entre aumentar nuestra productividad o simplemente estancarnos.


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Por: Juan José Parra Echeverri

La cuarentena nos ha llevado al cierre o modificación de muchas facetas de nuestras vidas. Quizás la más importante para mí es la universitaria. Pero más allá de la vida social derivada de esta, las fiestas y los amigos, se debe resaltar la afección de la situación actual sobre el verdadero propósito de esta etapa: formarnos como profesionales calificados y personas centradas y conscientes del mundo.

Todas las universidades del país han convergido en la cátedra y calificaciones virtuales, y al igual que Los Andes varias instituciones han recurrido a las calificaciones cualitativas. Si bien son medidas acertadas aun cuando se tomaron de manera apresurada, es posible que nuestra formación profesional y productividad de cara al futuro esté siendo vulnerada; y, además, que algunos estudiantes comencemos a dudar sobre si existen los suficientes motivos para seguir educándonos así.

Por un lado, la virtualización lleva al hecho de que nos levantemos a deshora, que no tengamos siquiera que bañarnos ni participar en clase, y en la mayoría de los casos que no nos obliguemos como estudiantes a ser productivos en la educación universitaria. Trabajos que sacábamos en una hora concentrados en un rincón de la universidad, tienden a complejizarse cuando tenemos en el horizonte nuestras camas, televisores, o cualquier otra distracción.

Para tratar de cuantificar este efecto, realicé una encuesta de construcción propia sobre desmotivación y riesgo moral a 45 estudiantes de la Universidad de los Andes. El 75,5% de los estudiantes encuestados se siente más productivo en la universidad, trabajo u otros espacios distintos a sus casas. Además, el 89% no activa su cámara o audio durante clase, el 86,6% afirma que algunas veces no se ha bañado para ir a clase, el 66% ha estudiado o atendido a clase desde sus camas, y un 46% de los mismos ha dormido al menos un par de veces durante clases (o no se ha despertado para las mismas).

No me malinterpreten, los estudiantes tampoco somos perfectos en clases presenciales. Muchas veces nos hemos quedado dormidos, nos distraemos fácilmente, o inclusive, no vamos. Pero de esta manera (presencial) nos obligamos a estar activos, a que no se nos note distraídos, a no faltar a actividades calificables, y como mínimo, bañarnos. De hecho, el 73% de los estudiantes considera que la participación y concentración en clase ha disminuido, y solo el 9% considera que han aumentado al comparar las dinámicas y clases presenciales con las virtuales (el 18% restante considera que se ha mantenido igual en ambos casos.). Lo anterior puede evidenciar la ausencia de motivación que tienen los estudiantes para atender a clase y aprender bajo esta metodología virtual.

Por otra parte, muchos estamos acostumbrados a estudiar constantemente, o al menos a dejar el estudio para el final y clavarnos todo el fin de semana para el parcial del lunes. Esto con la idea de que cualquier tema puede salir y que no podemos tener huecos cognitivos en pro de buenos resultados. Más o menos cargamos nuestro cerebro con imágenes mentales e información de nuestros cuadernos, libros e inclusive Internet. Pero si a la hora de evaluarnos a través de un computador tenemos todos esos recursos a la mano y un 99% de certeza de que hemos de encontrar las soluciones de nuestros quices o parciales, ¿gastaríamos todo el fin de semana para el mismo parcial del lunes?

Además, es un hecho que la constante práctica y el constante repaso genera que nuestros cerebros capten y guarden mejor la información para su uso posterior, pero según la encuesta el 73,4% de los estudiantes cree que tal vez no haya que haber estudiado para los parciales.

Otro punto que puede complicar la situación es la valoración cualitativa (aprobado/reprobado) que implementó la Universidad de los Andes para que el promedio de sus estudiantes no se vea condicionado a su inserción y adaptación a las dinámicas virtuales. Si bien esto es acertado porque después de todo no es un secreto que existe presión, competencia y una leve discriminación entre estudiantes por sus respectivos promedios, estamos tan acostumbrados a que los números nos definan que el hecho de que un tres sea igual a un cinco (en el promedio) puede llevar a que muchos estudiantes reduzcan su constante dedicación y calidad académica.

La encuesta revela que el 57,8% de los estudiantes considera que la medida de aprobar o reprobar (cualitativa) influye negativamente en la calidad de sus trabajos, puesto que no tienen que apuntarle a notas altas sino a pasar. Además, los datos muestran que 30 de 45 estudiantes dejarían de estudiar al aprobar el 90% de la asignatura bajo un sistema de notas cuantitativas (de 0 a 5). Pero bajo un sistema de calificación cualitativo, 39 de 45 estudiantes dejarían de estudiar con un porcentaje incluso menor al 80% de la asignatura aprobada (Ver Gráfica 1).

Gráfica 1. Sistema cuantitativo vs cualitativo, ¿dejaría de estudiar?

Lo anterior es un ejemplo de lo que se conoce como riesgo moral, puesto que los estudiantes toman más riesgos, como es el caso de dejar de estudiar o disminuir la calidad de sus trabajos, sabiendo que no van a percibir las mismas pérdidas que percibirían bajo un sistema de notas entre cero y cinco; en otras palabras, su promedio no se verá afectado con solo pasar la materia.

Finalmente, dadas las facilidades y el detrimento académico que perciben muchos estudiantes, derivado de la virtualización y el sistema cualitativo, es posible que los estudiantes no lleguen a soportar otro semestre bajo esta situación. O tal vez -peor aún-, si nos acostumbramos a aprender y a estudiar de esta forma, es posible que no logremos potenciarnos ni acumular capital humano, estancando el resultado de nuestro potencial productivo en un futuro.

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